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Las estancias centenarias que fueron símbolo de poder, recibieron a Sarmiento y Mitre y hoy abren sus tranqueras al turismo

En la provincia de Buenos Aires existen estancias centenarias que conservan cascos históricos, jardines europeos, viejas galerías, muebles de época y relatos de frontera, gauchos, inmigrantes y familias que marcaron la vida rural argentina.

Estancias históricas
Estancias históricas Foto: Wikipedia
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Hay lugares donde el silencio no está vacío: cuenta cosas. En la provincia de Buenos Aires, algunas estancias centenarias todavía conservan ese poder extraño de detener el tiempo. Sus galerías, aljibes, palomares, paredes gruesas y parques añosos no son simples postales rurales, sino fragmentos vivos de la Argentina profunda, esa que se formó entre fortines, caminos de tierra, producción ganadera, inmigración europea y vida de frontera.

Lejos del ruido de la ciudad, estas casonas permiten hacer algo más que descansar: invitan a mirar el pasado de cerca. Muchas nacieron durante los siglos XVIII y XIX, cuando el campo bonaerense era un territorio estratégico para la expansión productiva, la defensa militar y la organización de pueblos enteros. Algunas fueron postas, otras fortines, otras centros ganaderos o residencias de familias influyentes. Hoy, abren sus tranqueras para quienes buscan dormir entre muebles antiguos, caminar bajo árboles centenarios y probar una experiencia campera con historia.

La Alameda, Chascomús: un casco junto a la laguna que nació en tierra de frontera

En Chascomús, la Estancia La Alameda guarda una de las historias más antiguas de esta ruta rural. La zona fue fundada formalmente el 30 de mayo de 1779, cuando el capitán de Blandengues Pedro Nicolás Escribano levantó el Fuerte San Juan Bautista, en plena línea defensiva bonaerense.

La Alameda, Chascomús
Estancias históricas Foto: Wikipedia

Aquella región era considerada una frontera viva, con fortines, familias protegidas alrededor de las empalizadas y una población inicial formada por milicianos, blandengues, gauchos, esclavizados e inmigrantes.

En ese contexto aparece la historia de Juan Gregorio Girado, sargento mayor del Cuerpo de Blandengues, a quien se le otorgaron tierras cerca de la laguna. Allí, junto a Hilaria Ávalos y Rivera, levantó el origen de lo que más tarde se convertiría en La Alameda.

Con el paso de las generaciones, el rancho inicial se transformó en una casa amplia, con patio, aljibe, muros y detalles que recordaban a los fortines. Durante el siglo XIX, la estancia se orientó a la cría de ganado Shorthorn y ovejas Merino, dos razas vinculadas al impulso productivo pampeano.

Hoy, el casco conserva ese aire de refugio histórico. Fue declarado patrimonio histórico y cultural en 1970 y más tarde reacondicionado como hotel boutique. Además, el lugar sumó una curiosidad cinematográfica: allí se filmaron escenas de Zama, la película de Lucrecia Martel basada en la novela de Antonio Di Benedetto.

La Rica, Chivilcoy: la estancia que fue posta, fortín y memoria viva del campo bonaerense

La Estancia La Rica, también conocida como Estancia Vieja de López, es una de las joyas históricas de Chivilcoy. Sus orígenes se remontan a 1838, cuando Manuel López, alcalde y jefe militar de la Guardia de Luján y uno de los fundadores de Chivilcoy, recibió tierras en enfiteusis.

Con el tiempo, el establecimiento llegó a reunir unas 17.000 hectáreas y se convirtió en un punto pionero de la zona, vinculado principalmente a la explotación ovina.

La Rica
Estancias históricas Foto: Wikipedia

El casco fue reconstruido en 1878 por Manuel Eustaquio López y todavía conserva una arquitectura funcional, de líneas italianizantes, pensada para unir residencia, administración y trabajo rural. Su avenida de acceso, con acacias y paraísos, organiza el conjunto como si fuera una pequeña aldea pampeana.

La propiedad también fue posta y correo, lo que la transforma en un testimonio de aquellos tiempos en los que las distancias se medían en caballos, carretas y paciencia.

La Rica recibió visitas ilustres como Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre, y su parque se asocia al legado de Carlos Thays, el célebre paisajista francés que dejó una marca decisiva en la Argentina.

Thays fue creador, remodelador o ampliador de decenas de plazas y paseos, además de haber trabajado en parques públicos, jardines privados y estancias. Por eso, caminar por La Rica no es solo visitar una estancia: es entrar en una escena donde conviven política, campo, arquitectura y memoria nacional.

La Oriental, Junín: el haras que brilló entre cisnes, orquestas y pura sangre

A diez kilómetros de Junín, La Oriental parece salida de una novela de época. La zona donde se levanta tuvo relación con Manuel Dorrego y Federico Rauch, dos figuras centrales del turbulento siglo XIX argentino.

Tras la muerte de ambos, las tierras pasaron a la provincia de Buenos Aires y luego fueron adquiridas por Justo Saavedra, familiar de Cornelio Saavedra, figura clave de la Primera Junta.

La Oriental
Estancias históricas Foto: Wikipedia

El casco original fue construido a fines del siglo XIX y la estancia se convirtió en un haras de prestigio. Sus potrillos corrían en Palermo con los colores rosa y blanco, mientras la casa recibía visitantes de la elite social y política.

Los relatos hablan de un lago con cisnes, muebles traídos de Europa, grandes fiestas, orquestas tocando en el living e instalaciones de tiro importadas de Noruega. Ese universo de abundancia todavía se percibe en sus salones, chimeneas y habitaciones señoriales.

El parque, con más de 30 hectáreas de monte centenario, reúne robles, eucaliptus, plátanos, araucarias y otras especies, ideales para caminatas, cabalgatas y avistaje de aves cerca de la laguna del Carpincho y el río Salado.

Visitar La Oriental es acercarse a una postal de la Argentina agroexportadora, cuando el campo se convirtió en símbolo de riqueza, poder social y estilo de vida.

El Ombú de Areco: tradición gaucha en la tierra donde la pampa se volvió símbolo

San Antonio de Areco es uno de los grandes santuarios de la cultura gauchesca bonaerense, y El Ombú de Areco encaja perfecto en ese paisaje.

Su casco data de 1880 y fue construido por orden del general Pablo Riccheri, militar argentino recordado por su rol como ministro de Guerra durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca y por impulsar la ley de servicio militar obligatorio en 1901.

El Ombú de Areco
Estancias históricas Foto: Wikipedia

La arquitectura de la estancia refleja el gusto de fines del siglo XIX, con influencias italianas, materiales importados y una casa pensada tanto para la vida familiar como para la administración rural.

En sus 300 hectáreas conviven cultivos, ganado Aberdeen Angus, caballos y actividades tradicionales que acercan al visitante al universo gaucho: cabalgatas, paseos en carruaje, demostraciones ecuestres, guitarreadas y fogones.

Más que una estancia turística, El Ombú funciona como una puerta de entrada a una identidad: la del campo bonaerense convertido en mito cultural.

La Fortuna, Salto: un palacio francés en medio de la pampa

La Estancia La Fortuna, en Salto, rompe con la imagen clásica de la estancia criolla. Fundada en 1873, perteneció originalmente a la familia Estrugamou y su casa principal fue terminada en 1902 con una impronta francesa imponente.

Mármol, herrajes, cúpula, biblioteca, escalinatas y un observatorio componen un escenario que parece trasladado desde la Belle Époque al corazón de la llanura bonaerense.

Estancia La Fortuna
Estancias históricas Foto: Wikipedia

Sus jardines fueron diseñados por Otto Becker y la propiedad fue restaurada en el siglo XXI para conservar su carácter palaciego. Hoy ofrece estadías exclusivas, paseos en carruajes antiguos, cabalgatas, experiencias gastronómicas y visitas a una pulpería cercana en Berdier.

Es conocida como el “Palacio de las Pampas”, una definición que resume su atractivo: lujo europeo, paisaje rural y memoria argentina en un mismo lugar.

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