
A poco más de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Ranchos vuelve a prepararse para una de sus celebraciones más esperadas: la 7° Fiesta Regional del Choripán. Pero detrás del aroma irresistible de las parrillas, la música folklórica y la postal familiar frente a la laguna, se esconde una historia mucho más antigua, marcada por fortines, caminos de frontera, gauchos, pueblos originarios y una identidad rural que todavía late fuerte en cada rincón.
La fiesta se realizará el lunes 12 de octubre, desde las 12, en la Isla Central de la Laguna de Ranchos, en el partido bonaerense de General Paz, con shows en vivo, danza, folklore, artesanos y propuestas gastronómicas al aire libre. El evento es organizado por el Ballet Folklórico General Paz y tendrá como cierre especial al violinista Juanjo Abregú.
Ranchos: el pueblo que nació como defensa y hoy celebra sus tradiciones
Antes de convertirse en destino turístico de escapadas, Ranchos fue un punto clave en la antigua frontera bonaerense. Su origen se remonta al 15 de enero de 1781, cuando se levantó el Fuerte Nuestra Señora del Pilar de los Ranchos, construido a orillas de la entonces Laguna del Taqueño, en una zona estratégica para el avance de la línea defensiva colonial.

En aquel tiempo, el actual territorio de General Paz formaba parte de una geografía de frontera. Allí convivían tensiones, intercambios y disputas entre los pobladores criollos y los pueblos originarios que habitaban la llanura pampeana desde miles de años antes. Investigaciones locales señalan evidencias de ocupación humana en la zona del arroyo El Siasgo y el río Salado desde hace aproximadamente 3.500 años, lo que muestra que la historia local es mucho más profunda que la fundación del fuerte.
El fuerte que dio origen al pueblo bonaerense
El Fortín Nuestra Señora del Pilar de los Ranchos fue construido como parte de una línea de defensa destinada a custodiar los límites coloniales. La obra estuvo vinculada a la creación de la 6ª Compañía de Blandengues, bajo el mando del capitán Vicente Cortes, y a la necesidad de proteger la zona cercana al río Salado, que funcionaba como una frontera natural en la campaña bonaerense.

Con el paso del tiempo, alrededor del fuerte comenzaron a instalarse familias y pobladores que encontraban allí una forma de resguardo. De ese núcleo inicial surgió el pueblo. De hecho, el nombre “Ranchos” está vinculado a las construcciones sencillas de adobe y paja que existían en la zona y que le dieron identidad al lugar desde sus primeros años.
Hoy, la réplica del fortín es uno de los grandes atractivos históricos de la localidad. Caminar por ese espacio permite imaginar cómo era la vida en la campaña bonaerense de fines del siglo XVIII: guardias, caballos, familias recién llegadas, noches cerradas sobre la llanura y una laguna que ya entonces marcaba el pulso del paisaje.
La Laguna de Ranchos, el escenario natural de la fiesta
La Laguna de Ranchos no es simplemente el fondo pintoresco donde se realiza la Fiesta Regional del Choripán. Es parte esencial de la identidad del pueblo. Se encuentra al este del partido de General Paz y al noroeste de la ciudad de Ranchos, y su historia natural también guarda particularidades: se trata de una cuenca cerrada y arreica, es decir, sin afluentes ni emisarios naturales.

Su alimentación depende principalmente del escurrimiento superficial y del aporte de agua subterránea. Además, la laguna sufrió modificaciones importantes desde mediados de la década de 1980, cuando se realizaron obras que alteraron su régimen hídrico.
Aun así, el lugar conserva un enorme valor turístico y ambiental. Su entorno combina vegetación, aves, isletas y espacios ideales para pasar el día, tomar mate, caminar, pescar o simplemente disfrutar de una postal tranquila. Por eso, no sorprende que la fiesta se realice en la Isla Central, un punto perfecto para unir naturaleza, gastronomía y tradición.
De fortín a pueblo turístico: una historia que sigue viva
Ranchos dependió en sus primeros años de la jurisdicción de Magdalena y luego de San Vicente. Recién en el siglo XIX fue consolidando su autonomía administrativa: en 1821 adquirió reconocimiento con la designación del primer juez de paz y, en 1855, se constituyó su primera municipalidad.
El crecimiento del pueblo estuvo muy ligado a la vida rural, las estancias, los caminos de la campaña y las costumbres criollas. Uno de los establecimientos más antiguos de la zona es la estancia Negrete, fundada en 1779, cuyo casco actual data de 1863. Allí, según distintas referencias históricas locales, se habría disputado en 1875 uno de los primeros partidos de polo en la Argentina.
Ese pasado rural todavía se percibe en la calma de las calles, en las fachadas antiguas, en el Museo Histórico “Marta Inés Martínez” y en las celebraciones populares que mantienen vigente una forma de vida ligada a la tierra, al caballo, al asado y al encuentro comunitario.






















