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La histórica calle de La Boca que renació entre tango, cantinas y secretos de inmigrantes

La histórica calle Necochea de La Boca fue renovada y volvió a poner en valor el corredor del tango, las cantinas y la memoria inmigrante del barrio porteño.

Calle de Necochea
Calle de Necochea Foto: Gobierno CABA
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La Boca tiene algo que no se explica solamente con colores. Se camina, se escucha y se huele. En sus calles todavía parece flotar una mezcla de bandoneón, salsa de tomate, madera húmeda, puerto y memoria. Y, dentro de ese mapa cargado de símbolos, la calle Necochea volvió a quedar en el centro de la escena tras una renovación que puso en valor uno de los corredores más históricos del barrio.

La intervención abarcó unos 340 metros e incluyó veredas continuas y niveladas, ensanche de aceras, nuevo arbolado, iluminación renovada y mejoras en el mobiliario urbano, con el objetivo de mejorar la circulación peatonal y recuperar un sector clave de La Boca.

Necochea, la calle donde La Boca salía de noche

Durante buena parte del siglo XX, Necochea fue mucho más que una calle cercana a Caminito. Fue un pequeño universo boquense, famoso por sus cantinas, su vida nocturna, sus mesas largas, sus artistas y sus músicos.

La esquina de Necochea y Suárez, en el barrio de La Boca. Foto: Wikipedia.

Allí se mezclaban vecinos, marineros, inmigrantes, familias enteras y visitantes que buscaban el pulso más auténtico de Buenos Aires. La zona fue reconocida durante décadas por su ambiente bohemio, gastronómico y tanguero, como complemento natural del circuito de Caminito.

La renovación busca recuperar ese espíritu sin borrar su identidad. No se trata solamente de dejar más linda una calle, sino de devolverle circulación, seguridad, actividad comercial y atractivo turístico a un sector que forma parte de la memoria cultural porteña.

Las obras priorizaron el paso peatonal y la accesibilidad, con superficies más parejas para vecinos y visitantes.

Un barrio nacido del puerto, los genoveses y la supervivencia

Para entender por qué Necochea importa, primero hay que mirar a La Boca. El barrio tomó su nombre por estar ubicado en la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata y su identidad moderna se consolidó hacia fines del siglo XIX, cuando recibió una fuerte llegada de inmigrantes italianos, especialmente genoveses.

De hecho, de allí viene el apodo “xeneizes”, asociado a los oriundos de Génova.

Antiguas cantinas de la calle Necochea Foto: Facebook

Los genoveses comenzaron a instalarse en la zona del Riachuelo desde 1830, con una llegada más masiva desde 1851. Aquellos inmigrantes levantaron conventillos, espacios comunitarios, teatros, mutuales y asociaciones para resolver necesidades de salud, trabajo y vivienda.

Así, La Boca se fue convirtiendo en un barrio con identidad propia. No era solo un punto portuario: era una mezcla de idiomas, oficios, comidas, música y costumbres que terminaron por moldear una de las postales más reconocidas de Buenos Aires.

La Boca también tuvo una “república” propia

Entre las historias más llamativas del barrio aparece una que parece inventada, pero forma parte del mito boquense: la llamada “República de La Boca”.

En 1882, luego de una huelga y en medio de fuertes tensiones sociales, sectores de la comunidad genovesa izaron la bandera de Génova y llegaron a informar al rey Humberto I de Italia que se había constituido una “República Independiente de La Boca”.

La Boca fue el primer barrio de la ciudad donde los italianos se asentaron Foto: pulperiaquilapan

El episodio fue breve, insólito y cargado de simbolismo. Mostraba hasta qué punto la comunidad inmigrante había construido una pertenencia propia, con idioma, costumbres, instituciones y formas de organización.

La Boca no era solo un barrio: era una patria chica hecha de trabajo portuario, conventillos, fogones, música y solidaridad.

Cantinas, tango y mesas que hicieron historia

La fama de Necochea se apoyó también en sus cantinas históricas. En esos salones, el barrio encontró una manera de contar su historia sin necesidad de monumentos.

Platos abundantes, vino, pastas, músicos en vivo y mozos que conocían a los clientes por el nombre fueron parte de una postal que atrajo a generaciones enteras.

Cantina y restaurante “El Pescadito”, de Pedro de Mendoza 1475 en el barrio de la Boca, a fines de los años 50. Foto: Facebook

El corredor fue asociado durante décadas con la noche boquense, el tango y la gastronomía popular, una combinación que todavía despierta nostalgia entre quienes recuerdan su esplendor.

El tango encontró en La Boca uno de sus escenarios más potentes. No nació de una sola esquina, sino de un clima social: patios de conventillos, puertos, inmigración, mezcla de idiomas y sonidos.

Caminito, a pocos metros, terminó de convertir la zona en una postal universal, especialmente luego de que el espacio fuera recuperado como paseo peatonal y museo a cielo abierto en 1959, con el impulso de Benito Quinquela Martín.

Qué cambió con la renovación de Necochea

La puesta en valor incluyó veredas más amplias, sectores nivelados, mejor iluminación, arbolado y mobiliario urbano renovado.

El objetivo oficial fue mejorar la caminabilidad, eliminar obstáculos y hacer más accesible el recorrido para vecinos, comerciantes y turistas. La intervención también alcanzó sectores vinculados con avenida Suárez, Olavarría y Almirante Brown.

El cambio apunta a que quienes visitan La Boca no se queden solamente en la postal de Caminito o en la foto frente a las fachadas de colores.

La idea es extender el circuito cultural hacia una calle que guarda otra dimensión del barrio: la de la noche, las cantinas, el tango vivido en mesa compartida y la memoria barrial.

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