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Pidió no volver jamás a Buenos Aires, pero hoy su tumba está en plena vía pública: la historia del presidente argentino que murió en el exilio

Murió lejos de la Argentina y dejó una última voluntad tan contundente como paradójica: no quería que sus restos fueran llevados a Buenos Aires ni a Montevideo. Sin embargo, terminó sepultado en el corazón de Once.

Plaza Miserere
Plaza Miserere Foto: Facebook /maríoell
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En medio del tránsito, los vendedores y la multitud que circula por Plaza Miserere, una enorme estructura de granito domina el paisaje. Muchos creen que es solamente un monumento histórico, pero en realidad se trata de una tumba.

Allí descansan los restos de Bernardino Rivadavia, primer presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Su sepulcro es un caso excepcional: está ubicado en un espacio completamente civil, fuera de iglesias y cementerios.

El presidente que terminó enfrentado con Buenos Aires

Rivadavia nació el 20 de mayo de 1780 en Buenos Aires. Estudió en el Real Colegio de San Carlos, participó en las Invasiones Inglesas y comenzó a ganar poder durante los años posteriores a la Revolución de Mayo.

También fue secretario del Primer Triunvirato y cumplió una misión diplomática en Europa junto a Manuel Belgrano. Más tarde, como ministro durante la gobernación bonaerense de Martín Rodríguez, promovió importantes reformas administrativas, educativas y culturales.

Mausoleo en Plaza Miserere
Mausoleo en Plaza Miserere

Su nombre quedó relacionado con la creación de la Universidad de Buenos Aires, pero también con el empréstito de la banca Baring Brothers y con un proyecto centralista que provocó una fuerte resistencia en el interior del país.

En febrero de 1826 fue designado presidente. Su gobierno estuvo atravesado por la guerra contra el Imperio del Brasil, la sanción de la Constitución unitaria de 1826 y el rechazo de las provincias. Finalmente, renunció el 27 de junio de 1827.

¿Rivadavia realmente odiaba a Buenos Aires?

No existe una prueba definitiva de que Rivadavia sintiera odio por su ciudad natal. Sin embargo, su prolongado destierro, el rechazo político y la imposibilidad de regresar dejaron una profunda marca en sus últimos años.

En 1834 intentó volver a Buenos Aires, pero el gobierno de Juan José Viamonte no le permitió permanecer en la ciudad. Después pasó por Uruguay y Brasil, hasta establecerse definitivamente en España.

Bernardino Rivadavia
Bernardino Rivadavia

Durante su estadía en Uruguay vivió en Colonia del Sacramento y Mercedes. Allí incluso se dedicó a la apicultura, introduciendo colmenas para producir miel y cera. Más tarde se trasladó a Río de Janeiro, donde murió su esposa, Juana del Pino.

Cada vez más aislado de la vida pública, finalmente se instaló en Cádiz.

La última voluntad que nunca fue respetada

Bernardino Rivadavia murió en esa ciudad española el 2 de septiembre de 1845, a los 65 años. En su testamento pidió expresamente que sus restos no fueran enterrados ni en Buenos Aires ni en Montevideo.

Pero su deseo fue ignorado.

En 1857, el gobierno del Estado de Buenos Aires decidió repatriar sus restos. Una vez trasladados desde España, fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta, donde permanecieron durante varias décadas.

Así comenzó una de las mayores paradojas de la historia argentina: el expresidente que había pedido mantenerse lejos de Buenos Aires no solamente regresó, sino que terminó enterrado en una de las plazas más transitadas de la capital.

Una tumba monumental en el corazón de Once

El mausoleo definitivo fue diseñado por el reconocido escultor argentino Rogelio Yrurtia. La obra se inauguró el 3 de septiembre de 1932 en el centro de Plaza Miserere.

El monumento mide aproximadamente 15 metros de ancho, 24 metros y medio de largo y más de nueve metros de altura. Para construirlo se utilizaron más de 1.600 bloques de granito provenientes de Alemania.

Mausoleo de Rivadavia
Mausoleo de Rivadavia

En sus laterales aparecen dos gigantescas figuras de bronce. Una representa a Moisés, asociado con la ley y la sabiduría. La otra muestra a un hombre joven que simboliza la acción, la energía y la República.

En el interior del monumento se encuentra la cámara funeraria que conserva los restos de Rivadavia.

Una inauguración con aviones y 2.000 palomas

El traslado definitivo fue organizado como un enorme acontecimiento nacional. La urna salió del Cementerio de la Recoleta sobre una cureña y recorrió las calles porteñas acompañada por autoridades, diplomáticos y delegaciones escolares.

Cerca de 50.000 estudiantes participaron de la ceremonia. Además, 21 aviones militares sobrevolaron la ciudad y, cuando el presidente Agustín P. Justo descubrió el monumento, fueron liberadas unas 2.000 palomas.

El acto buscó convertir al antiguo mandatario en una figura central del relato nacional, aunque su legado todavía genera discusiones entre historiadores.

El único sepulcro de su tipo en la Argentina

La verdadera rareza del mausoleo consiste en que funciona como una tumba en plena plaza pública. A diferencia de otros sepulcros históricos, no está dentro de un cementerio ni pertenece al terreno de una iglesia.

Por eso es considerado el único monumento funerario argentino emplazado en un espacio completamente civil.

La ironía permanece intacta: Rivadavia quiso descansar lejos de Buenos Aires, pero la capital lo colocó en uno de sus lugares más concurridos. Hoy, miles de personas pasan diariamente junto a sus restos sin saber que, debajo de aquella enorme estructura de granito, está enterrado el presidente que pidió no volver jamás a Buenos Aires.

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