
Buenos Aires puede recorrerse a través de sus monumentos, cafés y avenidas, pero también desde sus cocinas. Detrás de una milanesa, un pastel de papas o un guiso existen historias de inmigrantes, noches de tango, reuniones políticas y recetas familiares.
Algunas de las personalidades más importantes del país tuvieron gustos gastronómicos sencillos y profundamente populares. Evita prefería la milanesa a caballo, Juan Domingo Perón disfrutaba el pastel de papas y Carlos Gardel tenía debilidad por el puchero de gallina.
Evita y su plato favorito: milanesa a caballo con papas fritas
Lejos de los menús sofisticados, el plato atribuido como favorito de Eva Duarte de Perón era la milanesa a caballo con papas fritas. La preparación reúne una milanesa crocante, dos huevos fritos montados encima y una generosa porción de papas.
La expresión “a caballo” no estaría relacionada literalmente con un jinete. La explicación más difundida sostiene que los huevos se sirven “montados” sobre la carne o las papas. Incluso existe una expresión similar en la gastronomía francesa: à cheval.
En CABA, uno de los lugares donde se puede probar este clásico es La Capitana, un bodegón situado sobre Guardia Vieja, en Almagro. Allí, la milanesa a caballo es presentada como un homenaje a Evita.
El restaurante completa la experiencia con fotografías, vitrales, música y objetos vinculados con el peronismo. Su ambientación recrea el espíritu de las décadas de 1940 y 1950, mientras sus porciones mantienen una regla fundamental del bodegón porteño: deben ser abundantes.

Otra alternativa es La Buena Medida, ubicada en avenida Suárez 101, en La Boca. Su carta incluye milanesa a caballo, pastel de papas, empanadas, canelones, albóndigas con puré, polenta y guisos tradicionales.
El pastel de papas que recuerda a Juan Domingo Perón
En La Capitana, el homenaje gastronómico también alcanza a Juan Domingo Perón, a quien se vincula con el pastel de papas. La versión del restaurante combina carne vacuna braseada, puré y una cubierta de queso gratinado.

El pastel de papas representa una característica central de la cocina argentina: la adaptación de recetas europeas a los productos y costumbres locales. Carne, cebolla, papa y horno son suficientes para crear uno de los platos más asociados con la mesa familiar.
En este bodegón de Almagro, comerlo implica mucho más que pedir un plato. La decoración, la música y la vajilla convierten el almuerzo o la cena en una pequeña reconstrucción histórica.
Carlos Gardel y el famoso puchero de gallina
Si existe una preparación capaz de reunir gastronomía, tango e historia porteña, es el puchero de gallina. El plato fue señalado como uno de los favoritos de Carlos Gardel y alcanzó gran popularidad en El Tropezón, un restaurante fundado en 1896.

El puchero podía incluir gallina, carne vacuna, cerdo, papas, batatas, zanahorias, repollo, zapallo, choclo y chorizos. El resultado era una comida completa, servida muy caliente y pensada para compartir durante una larga sobremesa.
La fama del plato quedó inmortalizada en el tango “Pucherito de gallina”, de Roberto Medina, cuya historia quedó ligada a El Tropezón. Por las mesas del restaurante también pasaron políticos, músicos y escritores, como Hipólito Yrigoyen, Aníbal Troilo y Enrique Santos Discépolo.
Dónde comer un puchero histórico en Buenos Aires
Uno de los bodegones porteños más reconocidos para probar este plato es El Globo, ubicado en avenida Hipólito Yrigoyen 1199, en Monserrat. Abierto en 1908, se hizo famoso por su puchero de tres carnes: gallina, vaca y cerdo. Durante sus primeros años, esa preparación habría sido el único plato de la casa.

Su carta también ofrece matambre casero, cochinillo, revuelto Gramajo y canelones. Las porciones generosas y el salón tradicional mantienen vivo el espíritu de los antiguos restaurantes porteños.
Los gustos inesperados de otras figuras argentinas
Evita y Gardel no fueron los únicos personajes históricos con preferencias llamativas. Domingo Faustino Sarmiento tenía afición por el pepino, mientras que Bernardino Rivadavia se interesaba por la miel de abeja. José de San Martín y Juan Martín de Pueyrredón compartían el gusto por el café.
Otro dato sorprendente es la relación de Jorge Luis Borges con el sushi, una curiosidad que rompe con la imagen solemne del escritor. Por su parte, Cornelio Saavedra también habría elegido al puchero entre sus comidas predilectas.
Los bodegones, guardianes de la memoria porteña
Los bodegones son mucho más que restaurantes con porciones grandes. Son espacios donde sobreviven recetas familiares, costumbres de inmigrantes y capítulos fundamentales de la cultura argentina.
Pedir una milanesa a caballo, un pastel de papas o un puchero significa recuperar sabores que acompañaron noches de tango, conversaciones políticas y sobremesas interminables.
En Buenos Aires, la historia no siempre se encuentra dentro de un museo. A veces llega en una fuente caliente, acompañada por papas fritas y servida por un mozo que sabe que la porción alcanza para compartir.




















