
A menos de dos horas de CABA se encuentra un destino donde el pasado todavía se hace presente en sus calles, edificios y tradiciones. San Miguel del Monte, uno de los pueblos más antiguos de la provincia de Buenos Aires, reúne una inmensa laguna, construcciones centenarias y un valioso patrimonio relacionado con los primeros fortines bonaerenses.
Ubicada a aproximadamente 110 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, la localidad es una excelente alternativa para cambiar el ruido urbano por caminatas junto al agua, paseos en bicicleta y platos típicos. El recorrido en auto demanda entre una hora y media y dos horas, dependiendo del tránsito.
Sin embargo, Monte es mucho más que un lugar para descansar. Antes de transformarse en destino turístico, fue un puesto estratégico de la frontera colonial, atravesado por milicianos, pobladores rurales, pueblos originarios y caminos que se internaban en la llanura.
San Miguel del Monte: el pueblo que nació alrededor de un fortín
Los antecedentes de la localidad se remontan al siglo XVIII. La región ya aparecía mencionada como zona de vigilancia desde 1745 y, años después, el Cabildo impulsó una línea permanente de fortines cerca del río Salado. Uno de ellos fue conocido como Guardia del Monte o Fuerte de La Matanza.
Uno de los episodios más dramáticos tuvo lugar durante la noche del 24 de diciembre de 1778, cuando el precario fortín sufrió un ataque que dejó nueve víctimas confirmadas. La construcción tenía el foso deteriorado y no contaba con defensas adecuadas. Después del hecho, las autoridades ordenaron reconstruir y fortalecer el asentamiento.

La fundación está vinculada con Juan José de Sardén, comandante general de la frontera. En noviembre de 1779, Sebastián de la Calle informó al virrey Juan José de Vértiz sobre el avance de las obras y la construcción de una capilla. Por eso, la tradición local considera al 18 de noviembre de 1779 como fecha fundacional.
En mayo de 1780 llegaron ocho familias, integradas por 42 personas. Alrededor del fortín, la capilla y la laguna comenzó a crecer la comunidad que daría origen al actual San Miguel del Monte.
Su conexión con José de San Martín y la Independencia
La Guardia del Monte funcionó como un importante centro militar custodiado por los Blandengues. Durante el proceso revolucionario, sus habitantes colaboraron con la causa independentista mediante la donación de caballos al regimiento del general José de San Martín. En 1822 fue creado formalmente el partido de Guardia del Monte.
Parte de este pasado puede conocerse en el Museo Municipal Guardia del Monte, cuyas salas reconstruyen la historia de los pueblos originarios, el fortín, la Independencia, la llegada de los inmigrantes y el crecimiento de las instituciones locales.
El increíble Rancho de Rosas que fue trasladado sin desarmar
Uno de los mayores tesoros del destino es el Rancho de Juan Manuel de Rosas. En 1820, Rosas y otros socios compraron la estancia Los Cerrillos, donde levantaron una vivienda rural con adobe, barro, paja, troncos de palmera y caña tacuara.
Desde ese establecimiento, Rosas impulsó tareas productivas y organizó a Los Colorados del Monte, un cuerpo de caballería integrado por unos 600 hombres. Durante este período también se trazaron planos, se repartieron chacras y se promovió el desarrollo agrícola.

La historia más sorprendente ocurrió en 1987. Tras ser declarado reliquia histórica, el rancho fue donado al municipio y se decidió trasladarlo entero, sin desarmarlo.
La construcción, de alrededor de 140 toneladas, fue reforzada con vigas, levantada mediante gatos hidráulicos y colocada sobre un carretón especial. Así recorrió unos 60 kilómetros hasta llegar al casco urbano, donde actualmente puede visitarse.
Una laguna de más de 720 hectáreas
El otro gran atractivo es la Laguna de San Miguel del Monte, un espejo de agua de más de 720 hectáreas, rodeado por una pintoresca costanera arbolada.
Allí se puede caminar, andar en bicicleta, organizar un picnic o contemplar el atardecer. También se practican kayak, windsurf, vela, canotaje y pesca deportiva de pejerrey. En la costa funcionan restaurantes, confiterías y paradores con vistas al agua.

La escapada se completa con asados a la estaca, empanadas criollas, fiambres regionales y alfajores artesanales. Además, algunas estancias ofrecen jornadas de campo y paseos a caballo.
Qué visitar en San Miguel del Monte
Además del Rancho de Rosas y el museo, se destaca la Parroquia San Miguel Arcángel, construida en 1867. El templo posee un antiguo reloj inglés de cuatro caras y conserva obras de artistas como Raúl Soldi, Héctor Basaldúa y Horacio Butler.
También vale la pena recorrer la Plaza San Martín, observar las fachadas antiguas y buscar las huellas de las primeras construcciones levantadas cerca del fortín.
Cómo llegar desde la Ciudad de Buenos Aires
El camino más utilizado comienza por la Autopista Riccheri, continúa por la Autopista Ezeiza-Cañuelas y sigue por la Ruta Nacional 205.
Por su cercanía, San Miguel del Monte resulta ideal para una visita de un día o una escapada de fin de semana. Su combinación de laguna, tradición rural y episodios poco conocidos de la historia argentina lo convierte en uno de los destinos más interesantes de la provincia de Buenos Aires.




















