
En el noreste de Alemania, rodeada de paisajes verdes y atravesada por el río Peene, se encuentra Anklam, una pequeña ciudad cuya tranquilidad actual contrasta con un pasado estremecedor.
Durante la Segunda Guerra Mundial, una sucesión de ataques aéreos destruyó viviendas, fábricas, iglesias y edificios históricos. La devastación fue tan profunda que Anklam estuvo cerca de perder por completo la identidad urbana que había construido durante más de siete siglos.
Anklam, una antigua ciudad de comerciantes
Anklam se encuentra en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, cerca de la isla de Usedom y del mar Báltico. Su ubicación junto al río Peene favoreció desde tiempos antiguos el comercio y la navegación.
La ciudad apareció mencionada por primera vez en un documento de 1243, aunque el territorio ya había sido habitado siglos antes. Excavaciones realizadas en la región encontraron rastros de artesanos y comerciantes escandinavos de los siglos VIII y IX.

Durante la Edad Media, Anklam se incorporó a la Liga Hanseática, una poderosa red de ciudades que dominó buena parte del comercio del norte de Europa. Sus mercaderes transportaban productos por el Báltico y mantenían conexiones con puertos de Alemania, Polonia y Escandinavia.
Pero su ubicación estratégica también la convirtió en un territorio disputado. Anklam sufrió ocupaciones, incendios y diferentes conflictos armados antes de quedar bajo dominio prusiano.
Por qué se convirtió en un objetivo militar
El destino de la ciudad cambió durante la década de 1930. En 1936, el régimen nazi instaló una guarnición y un aeródromo de la Luftwaffe. Al año siguiente comenzó a funcionar una planta de Arado Flugzeugwerke, una compañía clave para la producción aeronáutica alemana.
En sus instalaciones se fabricaban alas y componentes para aviones militares como el Focke-Wulf Fw 190, el Junkers Ju 88, el Messerschmitt Bf 109 y el Heinkel He 111. De esta manera, Anklam pasó de ser una pequeña localidad histórica a convertirse en un importante centro industrial y militar.
El bombardeo que cambió la ciudad para siempre
El ataque más recordado ocurrió el 9 de octubre de 1943. Ese día, la Octava Fuerza Aérea de Estados Unidos envió 115 bombarderos hacia Anklam como parte de una gran operación contra la industria militar alemana. Más de un centenar consiguió alcanzar la zona del objetivo.
La población no esperaba una ofensiva de semejante magnitud. Por su reducido tamaño, Anklam era considerada más segura que Berlín, Hamburgo o Stettin. Incluso había recibido niños evacuados desde lugares supuestamente más peligrosos.

Cuando las sirenas comenzaron a sonar cerca de las 11.30, muchos habitantes pensaron que los aviones continuarían hacia otra ciudad. Sin embargo, las bombas cayeron sobre la fábrica, la estación ferroviaria y numerosos barrios residenciales.
Los incendios avanzaron rápidamente entre las calles estrechas y las construcciones antiguas. Un nuevo ataque estadounidense en agosto de 1944 profundizó los daños. En total, los bombardeos sufridos entre 1943 y 1945 provocaron más de 800 muertes y modificaron definitivamente el aspecto de la ciudad.
El insólito ataque de la propia Alemania nazi
El episodio más sorprendente ocurrió el 29 de abril de 1945, cuando la derrota alemana ya era inminente. Las tropas soviéticas habían ingresado en Anklam y la propia Luftwaffe bombardeó sectores urbanos para intentar frenar su avance.
Así, una ciudad que ya había sido golpeada por los aviones estadounidenses volvió a quedar bajo las bombas, esta vez lanzadas por la fuerza aérea de la Alemania nazi. Fue un caso excepcional durante los últimos días de la guerra.
La reconstrucción y el recuerdo de Otto Lilienthal
Después del conflicto, Anklam quedó dentro de la zona de ocupación soviética y luego pasó a integrar la República Democrática Alemana. Algunos monumentos fueron restaurados, pero buena parte del trazado medieval nunca pudo recuperarse.
La ciudad también es reconocida por ser el lugar de nacimiento de Otto Lilienthal, uno de los mayores pioneros de la aviación. Entre 1891 y 1896 realizó vuelos controlados con planeadores y desarrolló investigaciones que influyeron en los hermanos Wright.
Actualmente, el Museo Otto Lilienthal conserva reconstrucciones de sus aparatos, documentos y experimentos. Anklam, conocida como la“ciudad de Lilienthal”, convirtió así una parte fundamental de su pasado en patrimonio cultural.
La localidad estuvo cerca de desaparecer bajo las bombas, pero sobrevivió. Sus edificios restaurados, sus iglesias y las marcas visibles de la guerra recuerdan una historia de destrucción, resistencia y reconstrucción.


















