
En medio del movimiento de la calle Florida, entre turistas, oficinistas y edificios históricos, sobrevive una confitería capaz de transportar a sus visitantes al Buenos Aires de otra época. Se trata de La Piedad, un comercio fundado en 1944 que mantiene viva una parte fundamental de la identidad gastronómica porteña.
El establecimiento se hizo conocido por sus productos artesanales, pero también por haber contado entre sus clientes a Jorge Mario Bergoglio. Antes de convertirse en el papa Francisco, el religioso pasaba por el local para comprar facturas y sándwiches de miga destinados a encuentros realizados en la cercana Catedral Metropolitana.
La confitería de 1944 que nació del sueño de un inmigrante
La historia de La Piedad comenzó con Miguel Sabatella, un inmigrante italiano procedente de Cosenza que llegó a la Argentina con conocimientos de panadería y el deseo de construir un negocio propio.
En 1944 encontró el lugar indicado en Florida 31, a pocos metros de Plaza de Mayo. El nombre del comercio remite a la devoción religiosa de su fundador y a la célebre escultura de Miguel Ángel que se conserva en la Basílica de San Pedro.

Con el paso del tiempo, aquella referencia religiosa quedó unida de manera inesperada al primer papa argentino. Más de ocho décadas después de su inauguración, la confitería continúa vinculada a la familia Sabatella y conserva una premisa central: elaborar sus productos diariamente para que lleguen frescos al mostrador.
La continuidad del negocio resulta especialmente valiosa en una zona que atravesó grandes transformaciones comerciales, diferentes crisis económicas y el impacto que tuvo la pandemia sobre el Microcentro porteño.
Cuál era el sándwich favorito de Jorge Bergoglio
A pesar de la variedad disponible, Bergoglio elegía una combinación clásica: jamón y queso. Una preferencia sencilla que coincidía con el perfil austero que mantuvo tanto como arzobispo de Buenos Aires como durante su pontificado.
Según la historia transmitida por la familia, el entonces cardenal concurría personalmente al establecimiento. Allí compraba sándwiches y facturas que luego compartía durante reuniones en la Catedral Metropolitana.

La cercanía facilitaba sus visitas, ya que La Piedad está ubicada a pocas cuadras del templo donde Bergoglio desarrolló gran parte de su actividad pastoral antes de viajar a Roma para el cónclave de 2013.
El secreto de los sándwiches no depende únicamente de la cantidad de relleno. El pan debe ser fino, flexible y mantener la humedad necesaria, mientras que los ingredientes tienen que conservarse frescos para alcanzar la textura característica del producto.
Los sabores que se sumaron al clásico de jamón y queso
La carta combina preparaciones tradicionales con variedades más innovadoras. Junto a los conocidos sándwiches de jamón y queso aparecen alternativas de atún con huevo, queso con pesto, mortadela con pistachos, vitel toné y milanesa completa.

También pueden encontrarse combinaciones de roquefort con peras confitadas y nueces, pastrón con pepinos agridulces, salmón y tomates secos con palta.
Estas incorporaciones demuestran que el tradicional sándwich de miga puede adaptarse a los nuevos gustos sin perder su esencia: pan delgado, relleno abundante y elaboración artesanal.
El curioso origen del sándwich de miga
Aunque actualmente es considerado un símbolo de la gastronomía argentina, su origen reúne diferentes influencias europeas. Una teoría lo relaciona con los pequeños sándwiches sin corteza que se servían durante la hora del té británico.
Otra versión señala como antecedente directo al tramezzino italiano, un bocadillo triangular que se popularizó en Turín durante la década de 1920. Los inmigrantes europeos llevaron esas costumbres al Río de la Plata, donde las confiterías comenzaron a elaborar un pan especial, compacto y flexible, capaz de cortarse en capas muy finas.

Con los años, el sándwich de miga dejó de ser un producto exclusivo de los establecimientos elegantes. Llegó a las panaderías barriales y se convirtió en un protagonista de cumpleaños, casamientos, reuniones laborales y celebraciones familiares.
Confitería La Piedad: historia, tradición y sabor en la Peatonal Florida
Fundada en 1944, la Confitería La Piedad es un ícono gastronómico y un testigo privilegiado de la transformación del centro de Buenos Aires. En sus inicios, la emblemática calle Florida aún permitía el tránsito vehicular, décadas antes de transformarse en 1971 en la famosa arteria peatonal que conocemos hoy.
Desde su mostrador, este clásico porteño presenció el auge de las galerías comerciales, la evolución del Microcentro y la llegada constante de turistas de todo el mundo.
Ubicación estratégica en el circuito histórico porteño
Ubicada en Florida 31, a pocos pasos de la Avenida Rivadavia, Diagonal Norte, la Plaza de Mayo y la Catedral Metropolitana, la confitería se posiciona como una parada imperdible en el mapa turístico y cultural de la ciudad.
Un legado de inmigrantes y la huella del Papa Francisco
Más allá de su famosa repostería y sus tradicionales sándwiches (fruto del oficio de una familia de inmigrantes), La Piedad alberga un valor histórico singular: fue un refugio habitual para Jorge Bergoglio antes de convertirse en el Papa Francisco.
Su verdadero valor diferencial va más allá de la comida: cada visita ofrece una porción viva de la memoria colectiva de Buenos Aires.



















