
La disputa por la soberanía de las Islas Malvinas volvió a generar repercusiones dentro del propio Reino Unido. Esta vez, la voz que cuestionó la posición de Londres no surgió de la diplomacia argentina, sino de Simon Jenkins, un influyente periodista británico que investigó en profundidad la guerra de 1982.
En una columna publicada en el diario The Guardian, Jenkins sostuvo que la soberanía británica sobre el archipiélago representa una “absurda resaca imperial” que debería llegar a su fin. También afirmó que el sentido común exige avanzar hacia un acuerdo negociado entre la Argentina y Gran Bretaña.
Sus palabras adquirieron especial relevancia por su extensa trayectoria. Jenkins fue editor de The Times y del Evening Standard, además de coautor de un libro dedicado al conflicto del Atlántico Sur.
La fórmula que pudo cambiar el futuro de las Malvinas
Uno de los datos históricos más llamativos recordados por Jenkins es que, antes de la guerra, los dos países analizaron alternativas para resolver la disputa.
Entre ellas apareció el llamado leaseback, una fórmula que contemplaba el reconocimiento de la soberanía argentina y, posteriormente, el arrendamiento de las islas al Reino Unido durante un período prolongado.

En la década de 1970, algunos funcionarios británicos evaluaron la posibilidad de establecer un acuerdo de hasta 99 años. Sin embargo, la resistencia de sectores políticos de Londres y el rechazo de los habitantes de las islas impidieron que las conversaciones prosperaran.
Durante esos años también se registró un importante acercamiento. El Acuerdo de Comunicaciones de 1971 facilitó las conexiones aéreas, el comercio, el turismo y la atención médica. Algunos jóvenes isleños incluso viajaron al continente para estudiar.
Ese proceso quedó interrumpido por los cambios políticos y, finalmente, por la decisión de la dictadura argentina de desembarcar en el archipiélago el 2 de abril de 1982.
La historia de Malvinas comenzó mucho antes de la guerra
La disputa no nació en 1982. Durante el período colonial, Francia, España y Gran Bretaña establecieron asentamientos o reclamaron derechos sobre las islas.
En 1767, España tomó posesión del establecimiento francés de Puerto Luis y lo denominó Puerto Soledad. Tras la Revolución de Mayo, las Provincias Unidas consideraron que habían heredado los territorios que dependían de la Corona española.

El 6 de noviembre de 1820, David Jewett realizó un acto formal de toma de posesión en nombre del gobierno de Buenos Aires. Nueve años después, Luis Vernet fue designado comandante político y militar de las Islas Malvinas.
El momento decisivo ocurrió el 3 de enero de 1833, cuando fuerzas británicas ocuparon el territorio y desplazaron a las autoridades argentinas. Desde entonces, la Argentina mantiene de manera ininterrumpida su reclamo de soberanía.
La resolución de la ONU que reconoció la disputa
La Resolución 2065, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1965, reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido.
El documento invitó a los dos gobiernos a encontrar una solución pacífica y negociada, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes del archipiélago.
El Reino Unido sostiene que los isleños deben decidir su futuro mediante el principio de libre determinación. La posición argentina, en cambio, señala que no corresponde aplicar ese criterio porque la población existente en las islas fue desplazada después de la ocupación de 1833.
Esta diferencia jurídica continúa siendo uno de los principales obstáculos para reanudar el diálogo bilateral.
Malvinas: una guerra de 74 días que dejó profundas heridas
La guerra comenzó el 2 de abril de 1982 y finalizó el 14 de junio. El conflicto duró 74 días y dejó 649 argentinos, 255 militares británicos y tres civiles isleños muertos.
Más de 23.000 combatientes argentinos participaron de las operaciones. Muchos eran jóvenes conscriptos de 19 y 20 años que cumplían el servicio militar obligatorio.

Uno de los episodios más dolorosos fue el hundimiento del crucero ARA General Belgrano, ocurrido el 2 de mayo de 1982. En el ataque murieron 323 tripulantes argentinos, casi la mitad del total de bajas nacionales durante la guerra.
La derrota aceleró la caída de la dictadura y dejó consecuencias sociales que continuaron mucho después del conflicto. Durante años, numerosos veteranos tuvieron que enfrentar el silencio, la falta de reconocimiento y graves secuelas físicas y psicológicas.
El argumento económico que incomoda a Londres
Jenkins también puso el foco en el elevado costo de mantener la presencia británica en el Atlántico Sur.
Según las cifras citadas por el periodista, la guerra le costó al Reino Unido alrededor de 2.800 millones de libras de la época. Además, la defensa permanente del archipiélago demanda decenas de millones de libras anuales.
Para el especialista, mantener una estructura militar a miles de kilómetros de Londres no representa una solución definitiva. Por ese motivo, propuso recuperar una fórmula de negociación que reconozca el reclamo argentino y, al mismo tiempo, proteja el modo de vida de los isleños.
Una declaración que reabre el debate sobre Malvinas
Las palabras de Simon Jenkins no cambian la posición oficial del Reino Unido, pero demuestran que el debate sobre las Malvinas tampoco está cerrado dentro de la sociedad británica.
Su argumento combina historia, política, economía y diplomacia. La victoria militar británica de 1982 no resolvió la disputa de soberanía, sino que dejó congelado un conflicto que las Naciones Unidas continúa considerando pendiente.

















