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Se crió en Once, fue amigo de Gardel y Borges, y hoy se lo recuerda como el gran poeta del lunfardo argentino

Carlos de la Púa convirtió el lenguaje de las calles porteñas en poesía. Periodista, guionista y protagonista de la bohemia, retrató como pocos a los personajes de una Buenos Aires marcada por el tango, los conventillos y las noches interminables.

Carlos de la Púa se crió en Once
Carlos de la Púa se crió en Once Foto: Wikipedia
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Buenos Aires también puede contarse desde sus márgenes. Desde una mesa de café ocupada hasta la madrugada, una redacción llena de humo o una calle adoquinada donde el tango todavía no era una postal turística. En ese territorio construyó su leyenda Carlos de la Púa, el poeta que hizo del lunfardo algo más que una jerga popular: lo convirtió en una herramienta literaria capaz de narrar el pulso más profundo de la ciudad.

Aunque nació en La Plata el 14 de enero de 1898, se crió en el barrio porteño de Once, entre comercios, estaciones, hoteles y una mezcla cultural que terminaría influyendo en toda su obra.

Su verdadero nombre fue Carlos Raúl Muñoz y Pérez, pero pasó a la historia como Carlos de la Púa. Murió el 9 de mayo de 1950, a los 52 años, después de haber compartido cafés, redacciones y madrugadas con Carlos Gardel, Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Aníbal Troilo y los hermanos González Tuñón, entre otras personalidades.

Quién fue Carlos de la Púa y su impacto en la poesía argentina

Carlos de la Púa fue poeta, periodista, autor de tangos y hombre de cine. Desde 1925 trabajó en el diario Crítica, dirigido por Natalio Botana, donde sobresalió por sus textos cargados de humor, ironía y agudeza.

Su obra más importante fue La crencha engrasada, publicada en 1928 con el subtítulo Poemas bajos. Allí reunió versos escritos en lunfardo y protagonizados por obreros, compadritos, delincuentes, mujeres de la noche y habitantes de los suburbios.

Carlos de la Púa
Carlos de la Púa convirtió el lenguaje de las calles porteñas en poesía Foto: Wikipedia

El escritor no empleaba el lunfardo como una curiosidad. Lo transformaba en un lenguaje poético capaz de transmitir frustraciones, deseos, injusticias y pequeños gestos de dignidad.

Entre sus poemas más recordados aparecen Barrio Once, Hermano chorro, La canción de la mugre, Langalay, Línea Nº 9, Packard y Sor Bacana.

Sus múltiples apodos: con qué nombres firmaba sus obras

La identidad del poeta estuvo rodeada de apodos. Además de su nombre verdadero, se presentaba como Carlos Muñoz del Solar y era conocido como el Malevo Muñoz. En la redacción de Crítica, debido a su gran contextura física, también lo habrían llamado “el Cachalote”.

Sin embargo, fue el seudónimo Carlos de la Púa el que quedó definitivamente asociado con su producción literaria y periodística.

Sus diferentes nombres acompañaban a un personaje imponente, pero también profundamente vinculado con la amistad, las tertulias y la vida bohemia de Buenos Aires.

La profunda amistad entre Carlos de la Púa y Carlos Gardel

Carlos de la Púa y Carlos Gardel mantuvieron una estrecha amistad. Ambos compartieron los códigos de una ciudad en la que el tango comenzaba a convertirse en uno de los grandes símbolos de la cultura argentina.

Carlos de la Púa
Carlos de la Púa, el poeta del lunfardo Foto: Wikipedia

No era una simple relación entre dos artistas reconocidos. Se movían por los mismos escenarios: cafés, teatros, redacciones y reuniones nocturnas donde se cruzaban músicos, escritores, actores y periodistas.

Gardel cantaba sobre la nostalgia, el barrio y los amores perdidos. De la Púa llevaba esas mismas emociones al papel mediante las voces de la calle. El poeta también escribió letras de tango y estuvo relacionado con obras como Luces de París, Coraje y Fuego.

El vínculo literario con Jorge Luis Borges y la noche porteña

Jorge Luis Borges también integró el círculo literario de Carlos de la Púa. En la dedicatoria de La crencha engrasada, el autor mencionó a Borges, Nicolás Olivari y Raúl González Tuñón como sus “rivales” en el cariño por Buenos Aires.

Cada uno representaba la ciudad a su manera. Borges construía una Buenos Aires de patios, cuchilleros y orillas convertidas en símbolos. De la Púa, en cambio, registraba el barro, los tranvías, los bares y el lenguaje concreto de quienes sobrevivían en los márgenes.

Día del Lunfardo
Lunfardo Foto: Turismo Buenos Aires

La noche porteña funcionaba como un enorme punto de encuentro. De la Púa no observaba ese universo desde la distancia: lo caminaba, lo escuchaba y luego lo transformaba en poesía.

También participó en el cine. Fue guionista de ¡Tango!, estrenada en 1933, y más adelante dirigió Galería de esperanzas y codirigió Internado.

Por qué se lo recuerda como el gran poeta del lunfardo argentino

Carlos de la Púa permanece vigente porque logró llevar a la literatura palabras que durante mucho tiempo fueron consideradas vulgares o marginales.

Su obra recuperó la voz de una parte de Buenos Aires que casi nunca aparecía en los libros. Años después, figuras como Héctor Alterio, Juan “Tata” Cedrón y Edmundo Rivero volvieron a acercar sus poemas al público.

Carlos de la Púa escuchó la música de la ciudad antes de escribirla. Encontró poesía en una línea de tranvía, una esquina oscura y el diálogo de un trabajador. Por eso, sus versos todavía conservan el humor, la crudeza y la respiración inconfundible de la vieja Buenos Aires.

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