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Eugenia, la brillante nieta de Sarmiento: vivió bajo su sombra, pintó su retrato más famoso y terminó haciendo historia

Eugenia Belín Sarmiento fue mucho más que la nieta del expresidente argentino. Pintora, retratista y viajera, logró abrirse camino en una actividad dominada por hombres y dejó algunas de las imágenes más reconocidas de su abuelo.

Eugenia en su taller
Eugenia en su taller Foto: Museo Sarmiento
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Eugenia Belín Sarmiento fue mucho más que la nieta del expresidente argentino. Pintora, retratista y viajera, logró abrirse camino en una actividad dominada por hombres y dejó una de las imágenes más reconocidas de su célebre abuelo.

La figura de Domingo Faustino Sarmiento quedó grabada en la memoria de generaciones de argentinos: mirada firme, gesto serio y una presencia imposible de ignorar. Sin embargo, detrás de uno de sus retratos más famosos existe una historia tan sorprendente como poco conocida.

La autora fue su propia nieta, Eugenia Belín Sarmiento, una mujer que desarrolló una importante carrera artística cuando pocas podían acceder a academias, exposiciones y espacios de reconocimiento.

Durante años, su nombre quedó asociado casi exclusivamente al vínculo familiar. Pero Eugenia no solo pintó al llamado Padre del Aula. También realizó retratos, miniaturas, naturalezas muertas, paisajes, collages y trabajos escultóricos.

Una infancia marcada por la educación y el arte

Eugenia Belín Sarmiento nació el 29 de diciembre de 1860. Era hija de Faustina Sarmiento y del impresor francés Augusto Julio Belín.

Tras la muerte de su padre, pasó parte de su infancia en la casa de la familia Sarmiento. Más tarde asistió a la Escuela Superior de Niñas de San Juan, dirigida por su madre, donde creció entre libros y una profunda valoración del conocimiento.

Nacida en San Juan, es mejor recordada por el célebre retrato que hizo de su abuelo Foto: Museo Sarmiento

Una figura decisiva fue Procesa Sarmiento de Lenoir, hermana del expresidente y precursora de la pintura argentina. Ella le enseñó las primeras herramientas del dibujo y la pintura.

En ese ambiente, Eugenia encontró algo más que una afición: descubrió el oficio que le permitiría dejar atrás el lugar de “la nieta de” y construir una identidad propia.

Sarmiento descubrió rápidamente su talento

Domingo Faustino Sarmiento comprendió que la dedicación de su nieta no era un simple pasatiempo. En 1883 escribió que realizaba progresos admirables y que podía alcanzar fama y obtener ingresos gracias a su pincel.

También destacó algunos de sus retratos y celebró los elogios que recibía. El abuelo célebre no solo posó para ella, sino que se convirtió en uno de los primeros promotores de su talento.

Realizó muchas otras obras, desde retratos hasta pinturas de flores, paisajes y aves Foto: Museo Sarmiento

En 1884, Eugenia viajó a Buenos Aires para continuar su formación y relacionarse con los círculos culturales de la ciudad. Aunque su apellido pudo abrirle algunas puertas, permanecer en esos espacios dependió de su capacidad, disciplina y calidad artística.

El retrato que convirtió a Sarmiento en un símbolo

Los retratos de Domingo Faustino Sarmiento son la parte más difundida de su producción. Eugenia no pintó solamente a un familiar, sino a una de las figuras más influyentes y discutidas de la historia argentina.

La cercanía le permitió observar detalles que otros artistas posiblemente no percibían. Conocía sus gestos, sus silencios, su carácter y el rostro envejecido de su abuelo.

Eugenia, la nieta brillante de Sarmiento Foto: museo sarmiento

Esa intimidad quedó plasmada en una imagen solemne que, con el tiempo, se reprodujo en museos, publicaciones, libros y espacios educativos. Sin embargo, reducir su legado a ese retrato sería repetir la injusticia que durante décadas la mantuvo relegada.

Eugenia fue una artista versátil, interesada en diferentes técnicas, materiales y formas de expresión.

Europa y una artista que buscó perfeccionarse

Cuando su hermano Augusto Belín Sarmiento fue nombrado cónsul en Amberes, Eugenia lo acompañó y aprovechó su estadía en Europa para profundizar su formación.

Pasó temporadas en Bélgica, Holanda, Italia y Francia, donde visitó museos, galerías y conoció nuevas corrientes artísticas. Aquella experiencia le permitió estudiar directamente las grandes colecciones europeas y enriquecer su producción.

Su carrera quedó registrada en importantes exhibiciones. Participó del Salón de Pintura de San Juan de 1884, presentó obras en el Club del Progreso y el Segundo Salón del Ateneo, y recibió reconocimiento en la Exposición del Centenario de 1910.

En 1912 alcanzó un hito: se convirtió en la primera artista sanjuanina en exponer en el Salón Nacional. El logro adquiere todavía más importancia al considerar que numerosas pintoras de la época eran excluidas de academias, jurados y circuitos comerciales.

Una de sus obras apareció abandonada en un volquete

El olvido que afectó parte de su producción quedó reflejado en un episodio ocurrido en 1988. La artista Fabiana Barreda encontró un retrato abandonado en un volquete del barrio porteño de Palermo.

Después de un proceso de investigación y restauración, se determinó que era el “Retrato de María Amelia Sánchez”, pintado por Eugenia en 1891.

Que una de sus obras terminara entre residuos demuestra la fragilidad del legado de muchas artistas argentinas. Numerosas pinturas realizadas por mujeres fueron olvidadas, atribuidas a otros autores o descartadas por desconocimiento.

La mujer que consiguió salir de la sombra de su abuelo

Eugenia Belín Sarmiento murió en Buenos Aires el 2 de agosto de 1952, a los 91 años. Algunas de sus obras se conservan en el Museo Histórico Sarmiento y el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, además de colecciones particulares.

Su apellido fue una ventaja, pero también una carga. Le permitió acercarse a importantes ambientes intelectuales, aunque provocó que su producción fuera observada como una extensión de la vida de Sarmiento.

Hoy, su figura puede recuperarse desde otra perspectiva: Eugenia no fue simplemente una nieta que pintaba, sino una destacada pintora que además era nieta de uno de los personajes más influyentes de la Argentina.

Su pincel ayudó a inmortalizar el rostro de su abuelo. Su verdadera conquista fue lograr que, detrás de aquella imagen famosa, también comenzara a verse su propia firma.

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