
En pleno Casco Histórico, a pocos metros de la Plaza de Mayo, Buenos Aires comenzó a revelar una parte de su pasado que permanecía escondida bajo tierra. Las excavaciones realizadas en la Casa Blaquier, ubicada en Defensa 163, permitieron identificar cinco estructuras correspondientes a diferentes etapas de ocupación.
Entre los descubrimientos más importantes aparecen dos macuquinas fechadas en 1743 y 1749, monedas utilizadas durante el período colonial, y un llamativo peón de ajedrez tallado en hueso.
Los especialistas también recuperaron más de 4.000 fragmentos de mayólica, porcelana, cerámica y vidrio, además de pipas de caolín, canicas, cuentas, botones y restos óseos de aves y peces.
Cada una de estas piezas ayuda a reconstruir cómo comían, jugaban, comerciaban y organizaban su vida cotidiana quienes habitaron el terreno durante los últimos siglos.
Las monedas que sobrevivieron a la Buenos Aires colonial
Las macuquinas eran monedas fabricadas de manera artesanal mediante golpes de martillo. Por ese motivo, sus bordes eran irregulares y ninguna pieza resultaba exactamente igual a otra.

Los ejemplares encontrados fueron fechados en 1743 y 1749, casi tres décadas antes de la creación del Virreinato del Río de la Plata, en 1776. Su aparición ofrece una pista sobre la circulación monetaria en una Buenos Aires que todavía dependía administrativamente del Virreinato del Perú.
Las monedas pudieron perderse durante una transacción, caer accidentalmente o terminar dentro de alguno de los espacios utilizados para descartar objetos domésticos.
El curioso peón de ajedrez tallado en hueso
Otro de los hallazgos que despertó el interés de los investigadores fue un peón de ajedrez confeccionado en hueso.

Antes de la fabricación industrial de juguetes, las piezas podían elaborarse artesanalmente con madera, piedra, marfil o huesos de animales. El objeto encontrado demuestra que, entre las obligaciones diarias, también existía tiempo para el juego y el entretenimiento.
Aunque pequeño, el peón permite acercarse a una dimensión íntima de la historia. Es una evidencia de ocio que devuelve identidad y humanidad a quienes vivieron en el lugar.
Una letrina de seis metros y una cisterna sin explorar
Las excavaciones permitieron identificar cinco estructuras arqueológicas, entre ellas una antigua letrina, un sumidero, pozos de descarte y una cisterna que todavía no pudo ser examinada.
La letrina mide aproximadamente 1,82 metros de largo por un metro de ancho y fue construida con ladrillos unidos con barro. La excavación ya alcanzó los seis metros de profundidad, aunque los investigadores consideran que podría continuar.

Estos espacios son verdaderos archivos para la arqueología urbana. Allí solían terminar vajillas rotas, botellas, restos de alimentos y objetos que habían dejado de utilizarse. Al quedar sellados, esos depósitos conservaron durante siglos numerosos testimonios domésticos.

También apareció un sumidero de aguas servidas construido con hileras de ladrillos y cubierto por una bóveda. La estructura recibía el agua proveniente de la cocina.
A pocos metros se encuentra una cisterna que todavía conserva agua en su interior. Su excavación presenta dificultades debido a las construcciones posteriores levantadas sobre ella.
Un terreno vinculado con la fundación de Buenos Aires
La historia del predio se remonta a la segunda fundación de Buenos Aires, encabezada por Juan de Garay en 1580. Fue uno de los primeros solares otorgados a los pobladores de la ciudad.
Uno de sus habitantes iniciales habría sido Alonso Escobar, integrante de la expedición fundadora y designado regidor. En el terreno existieron construcciones precarias de adobe, madera y paja.

Con el paso del tiempo, la propiedad quedó vinculada con la Compañía de Jesús y pasó por distintos propietarios. Durante el siglo XIX, el lugar combinó viviendas con actividades comerciales, entre ellas una sastrería y un almacén mayorista.
En 1925, José Blaquier reorganizó el edificio como una vivienda colectiva con habitaciones independientes y patios compartidos. En 1954 fue adquirido por la Municipalidad y posteriormente tuvo diferentes usos.
Más de cuatro siglos escondidos bajo los pisos
La Casa Blaquier permaneció ocupada de manera irregular durante aproximadamente cuatro décadas y fue recuperada por el Gobierno porteño en julio de 2025. Después comenzaron las tareas de limpieza y relevamiento, mientras que las excavaciones se iniciaron en marzo de 2026.
Las cerámicas permiten conocer qué vajilla se utilizaba; los restos óseos revelan hábitos alimentarios; las pipas hablan de prácticas sociales, y las monedas ayudan a reconstruir los antiguos circuitos económicos.
Todavía quedan sectores por investigar y una cisterna que podría guardar nuevos descubrimientos. Bajo los pisos de la Casa Blaquier no apareció solamente un conjunto de objetos antiguos, sino la memoria cotidiana de distintas generaciones que construyeron y transformaron Buenos Aires.

















