
En una de las esquinas más distinguidas de Buenos Aires se levanta un palacio que parece trasladado directamente desde París. Su fachada monumental, su cúpula y sus salones decorados con mobiliario europeo guardan más de un siglo de secretos.
Se trata del Palacio Fernández Anchorena, actual sede de la Nunciatura Apostólica y residencia elegida para hospedar al papa León XIV durante su visita a la Argentina.
El pontífice permanecerá en el país entre el 8 y el 11 de noviembre de 2026. Durante su recorrido visitará Buenos Aires, Córdoba y Luján, pero tendrá como base una propiedad que fue residencia presidencial, escenario de encuentros diplomáticos y alojamiento de otro Papa.
Dónde se hospedará el papa León XIV durante su estadía
Durante sus días en la Ciudad de Buenos Aires, León XIV se hospedará en la Nunciatura Apostólica, ubicada sobre la avenida Alvear al 1600, en el barrio porteño de Recoleta.

El organismo funciona como la representación diplomática de la Santa Sede ante el Estado argentino y también actúa como vínculo entre el Vaticano y la Iglesia local.
La residencia elegida es una de las pocas mansiones de la antigua aristocracia porteña que aún sobreviven sobre la avenida Alvear. Además, León XIV no será el primer pontífice que se aloje allí: Juan Pablo II permaneció en el edificio durante sus visitas a la Argentina de 1982 y 1987.
Cómo es por dentro la Nunciatura Apostólica elegida para el pontífice
El Palacio Fernández Anchorena posee tres plantas, un gran vestíbulo central, amplios salones, escaleras ornamentales, un comedor principal, un salón de baile y un jardín de invierno.
En sus ambientes se destacan las lámparas de araña, las molduras, los grandes espejos, las columnas y las boiseries. Muchos de sus muebles y elementos decorativos fueron adquiridos en París por los primeros propietarios.
La construcción también posee una loggia de acceso y una imponente cúpula, dos rasgos característicos de la arquitectura francesa que dominó las residencias de la elite porteña a comienzos del siglo XX.
Uno de los datos más curiosos es que la mansión permaneció prácticamente vacía durante sus primeros años. El personal doméstico se encargaba de mantener cada habitación y cada objeto en perfecto estado, aunque los dueños nunca llegaron a vivir en ella.
Quién fue el arquitecto que diseñó la emblemática propiedad
El palacio fue encargado en 1907 al arquitecto francés Édouard Le Monnier, nacido en París en 1873 y formado en la Escuela Nacional de Artes Decorativas.
Le Monnier llegó a Buenos Aires en 1896 y desarrolló gran parte de su carrera profesional en la Argentina. En una ciudad que buscaba parecerse a las principales capitales europeas, se convirtió en uno de los arquitectos preferidos de las familias más poderosas.

El proyecto había sido solicitado por Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena, quienes vivían en París junto con sus hijos. La obra terminó en 1909, pero el matrimonio nunca regresó para instalarse.
Según los registros históricos, Juan Antonio Fernández sufrió un problema de salud que habría impedido el viaje. Incluso cuando sus hijos visitaban Buenos Aires, elegían hospedarse en el Hotel Plaza en lugar de ocupar la enorme residencia familiar.
La historia de la mujer que decidió donar la residencia al Vaticano
Antes de convertirse en propiedad de la Santa Sede, el palacio tuvo un huésped de enorme peso político. En 1922 fue alquilado por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear, quien vivió allí junto con su esposa, la cantante lírica Regina Pacini.
Tiempo después apareció una figura decisiva: Adelia Harilaos de Olmos, viuda del comerciante y terrateniente Ambrosio Olmos y considerada una de las mujeres más ricas de la Argentina de su época.

Adelia comenzó alquilando la propiedad y finalmente la compró en 1942. Profundamente católica, tuvo un papel central en la organización del Congreso Eucarístico Internacional de 1934, uno de los acontecimientos religiosos más multitudinarios registrados en el país.
Durante aquella celebración recibió al cardenal Eugenio Pacelli, quien años después se convertiría en el papa Pío XII. Su colaboración con la Iglesia le permitió obtener el título de marquesa pontificia.
En su testamento, firmado el 13 de noviembre de 1947, Adelia dispuso que el palacio y su contenido fueran donados a la Santa Sede con una condición: la propiedad debía transformarse en la Nunciatura Apostólica de la Argentina.
Por qué este inmueble histórico se convirtió en la sede diplomática del Vaticano
Adelia Harilaos de Olmos murió el 15 de septiembre de 1949. Su voluntad se cumplió pocos años después y, desde abril de 1952, el Palacio Fernández Anchorena funciona oficialmente como sede diplomática del Vaticano y residencia del nuncio apostólico.
La decisión también permitió conservar una construcción que podría haber desaparecido, como ocurrió con numerosos palacios porteños durante el avance inmobiliario del siglo XX.
Por su importancia arquitectónica, diplomática y religiosa, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2002.
Cuando León XIV atraviese su histórica entrada, no llegará solamente al lugar donde pasará sus noches en Buenos Aires. Ingresará a una residencia construida para una familia que nunca la habitó, utilizada por un presidente, donada por una marquesa y elegida anteriormente para alojar a Juan Pablo II.

















