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La “maldición” de Sarmiento: el árbol que trajo a Buenos Aires y aún hace estornudar a los porteños

Llegó como símbolo de modernidad, conquistó las calles porteñas y terminó convirtiéndose en una pesadilla cada primavera. La historia del árbol impulsado por Domingo Faustino Sarmiento que, más de 150 años después, sigue provocando alergias.

Llegó como símbolo de modernidad, conquistó las calles porteñas y terminó convirtiéndose en una pesadilla cada primavera
Llegó como símbolo de modernidad, conquistó las calles porteñas y terminó convirtiéndose en una pesadilla cada primavera Foto: Canal 26
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Cada primavera, una escena se repite en la Ciudad de Buenos Aires: estornudos, picazón en la garganta, ojos irritados y una molesta pelusa que vuela entre edificios, automóviles y veredas. Aunque muchos creen que se trata solamente de polvo, detrás del fenómeno existe una historia que se remonta al siglo XIX.

El protagonista es el plátano de sombra, una especie que no tiene relación con la banana y que fue elegida para transformar el paisaje urbano. Su rápido crecimiento, su resistencia y su enorme copa lo convirtieron en el árbol perfecto para una ciudad que buscaba parecerse a las grandes capitales del mundo.

La tradición histórica relaciona su expansión en la Argentina con Domingo Faustino Sarmiento, quien promovió la forestación y soñó con construir una ciudad moderna. Aquella decisión dejó una huella verde que sobrevivió durante generaciones, pero también originó un problema que todavía se siente en el aire.

Sarmiento y su proyecto para modernizar Buenos Aires

Antes de convertirse en presidente, Sarmiento recorrió países de Europa y América del Norte. Durante esos viajes observó sistemas educativos, métodos de producción y modelos urbanos que luego intentó trasladar a la Argentina.

Para el sanjuanino, plantar árboles no era solamente una cuestión estética. También significaba ordenar el espacio público, mejorar la calidad de vida y acercar al país a las ciudades consideradas modernas.

Plátanos en Buenos Aires
El árbol que llenó Buenos Aires de sombra y hoy hace estornudar a los porteños Foto: Billiken

Durante su presidencia, entre 1868 y 1874, promovió la forestación y participó en el desarrollo del Parque Tres de Febrero, inaugurado en tierras que habían pertenecido a Juan Manuel de Rosas.

El plátano reunía todas las características necesarias para aquel ambicioso proyecto: crecía rápidamente, toleraba el suelo urbano, soportaba la contaminación y ofrecía abundante sombra durante el verano.

De esta manera, la especie comenzó a multiplicarse por calles, avenidas, parques y plazas. Con el paso del tiempo, se transformó en una de las imágenes más reconocibles de Buenos Aires.

El arbolado porteño comenzó antes de Sarmiento

La relación de Buenos Aires con los árboles es anterior al proyecto sarmientino. Durante la época colonial, algunas familias plantaban naranjos y limoneros en patios y terrenos particulares.

A fines del siglo XVIII surgió uno de los primeros paseos arbolados de la ciudad: La Alameda, ubicada aproximadamente sobre la actual avenida Leandro N. Alem. Allí se colocaron ombúes y naranjos, aunque todavía no existía un programa integral de forestación.

Platano Foto: Wikipedia.

Décadas más tarde, la apertura de la Avenida de Mayo y el trabajo del paisajista francés Carlos Thays terminaron de modificar el paisaje porteño. Thays, designado director de Parques y Paseos en 1891, promovió especies como tipas, jacarandás y lapachos, que todavía forman parte de la identidad de la capital.

Por qué los plátanos provocan alergias

El problema aparece principalmente durante la primavera. En esa época, los plátanos liberan una gran cantidad de polen, capaz de desplazarse por el aire y desencadenar reacciones en personas sensibles.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la rinitis, la congestión nasal, la irritación ocular, los estornudos y las molestias respiratorias. Los días secos y ventosos facilitan todavía más la dispersión de las partículas.

Plátanos en Buenos Aires
El árbol impulsado por Domingo Faustino Sarmiento que, más de 150 años después, sigue provocando alergias Foto: Wikipedia

Sin embargo, no todas las molestias tienen el mismo origen. Mientras que el polen puede provocar una verdadera reacción alérgica, la conocida “pelusa” del plátano posee pequeños filamentos que pueden irritar mecánicamente los ojos, la nariz y la garganta.

Por este motivo, incluso una persona sin alergia diagnosticada puede experimentar molestias después de caminar por una cuadra con varios ejemplares.

Miles de ejemplares repartidos por la ciudad

Las estimaciones realizadas durante los últimos años indican que en Buenos Aires existen decenas de miles de plátanos. La cifra puede variar según el relevamiento y de acuerdo con la inclusión de ejemplares ubicados en parques, plazas o veredas.

El "Mapa de Plátanos de CABA" que creó Luciana Staiano, integrante de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Foto: argentina.gob.ar

Su presencia es especialmente visible en barrios como Palermo, Flores, Villa del Parque y Villa Santa Rita, donde algunas calles concentran numerosos árboles de esta especie.

Esa gran cantidad explica por qué el fenómeno se vuelve tan notorio en determinados momentos del año. Cuando llega la floración, millones de partículas quedan suspendidas en el aire y pueden recorrer varias cuadras.

¿Por qué no se retiran todos los plátanos?

Eliminar los ejemplares podría parecer una solución inmediata, pero el problema es más complejo. Los plátanos adultos proporcionan sombra, reducen la temperatura de las calles, absorben agua de lluvia y ayudan a disminuir el efecto de isla de calor.

Árbol de plátano; plátano de sombra; plátano de paseo; platanus Foto: Unsplash

Retirar miles de árboles al mismo tiempo también implicaría perder parte del patrimonio natural y visual de Buenos Aires. Por eso, los especialistas suelen destacar la importancia de realizar un reemplazo gradual cuando los ejemplares llegan al final de su vida útil.

La alternativa consiste en diversificar el arbolado y elegir especies apropiadas para cada barrio. Así se evitaría que la floración de un solo tipo de árbol afecte simultáneamente a una enorme cantidad de personas.

La herencia que todavía flota en el aire

Sarmiento difícilmente podría haber imaginado las consecuencias de aquella elección. En el siglo XIX, el plátano representaba progreso, higiene urbana, sombra y modernidad.

Más de 150 años después, el mismo árbol continúa cumpliendo esas funciones, pero también se convirtió en el enemigo de quienes sufren alergias durante la primavera.

La denominada “maldición de Sarmiento” encierra una de las grandes paradojas porteñas: el árbol que refresca las calles en verano es también el que complica la llegada de los días más cálidos.

Cada septiembre, cuando el viento vuelve a levantar la pelusa y el polen se mezcla con el aire, Buenos Aires recuerda aquella decisión histórica. Un proyecto pensado para embellecer la ciudad que, un siglo y medio después, todavía consigue hacerla estornudar.

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