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El hijo de Rosas que la historia borró: dejó a su padre en el exilio y su sangre llegó a dos gobernadores bonaerenses

Fue el hijo menos conocido de Juan Manuel de Rosas y quedó atrapado entre dos gobernadores bonaerenses. Viajó al exilio, regresó a Buenos Aires y protagonizó una ruptura familiar que marcó los últimos años del Restaurador.

Juan Manuel de Rosas, Encarnación Ezcurra y su hijo Juan Bautista. Cuadro que data de 1828
Juan Manuel de Rosas, Encarnación Ezcurra y su hijo Juan Bautista. Cuadro que data de 1828 Foto: Archivo
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La historia argentina convirtió a Juan Manuel de Rosas en una figura imposible de ignorar. Gobernó la provincia de Buenos Aires entre 1829 y 1832, regresó al poder en 1835 y permaneció al frente del territorio hasta su derrota en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852.

A su alrededor quedaron guerras civiles, enfrentamientos, exilios y una controversia que todavía divide a los historiadores. Pero también quedó una familia atravesada por el poder.

Mientras Manuelita Rosas fue recordada por acompañar a su padre y ocupar un lugar visible dentro del rosismo, el hijo varón del Restaurador desapareció casi por completo de los relatos populares.

Su nombre era Juan Bautista de Rosas. No fue caudillo, gobernador ni jefe militar. Sin embargo, quedó situado entre dos mandatarios bonaerenses: fue hijo de Juan Manuel de Rosas y padre de Juan Manuel Ortiz de Rosas, quien también alcanzó la Gobernación de Buenos Aires.

El hijo varón de Rosas y Encarnación Ezcurra

Juan Bautista de Rosas nació el 29 de junio de 1814. Fue hijo de Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, una mujer fundamental para la consolidación del poder político de su marido durante la década de 1830. El matrimonio también tuvo a María, fallecida muy pequeña, y a Manuela Robustiana, la célebre Manuelita.

Hijo olvidado de Rosas
Juan Bautista Rosas, imagen mejorada con IA Foto: Archivo

La familia además crió a Pedro Pablo Rosas y Belgrano, hijo biológico de Manuel Belgrano y María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación. El hogar de los Rosas reunió así a dos de los apellidos más importantes de la historia argentina.

Sin embargo, Juan Bautista llevó una vida mucho más reservada. Su figura quedó opacada por la autoridad de su padre y por la notoriedad que alcanzó su hermana como acompañante y confidente del Restaurador.

Caseros, la caída y el viaje a Inglaterra

La batalla de Caseros cambió definitivamente el destino de la familia. El 3 de febrero de 1852, las fuerzas de Justo José de Urquiza derrotaron al ejército rosista. Ese mismo día, Rosas renunció, se refugió en la legación británica y comenzó a preparar su salida de la Argentina.

Manuelita lo acompañó durante las horas más dramáticas. Poco después, Juan Bautista se reunió con su padre junto con su propia familia y también viajó a Gran Bretaña. Por eso, no es exacto afirmar que nunca lo acompañó al exilio. Sí lo hizo, aunque más tarde tomó una decisión que los separó para siempre.

Batalla de Casero el 3 de febrero de 1852
Batalla de Casero el 3 de febrero de 1852

En 1855, Juan Bautista decidió regresar a Buenos Aires. La elección habría provocado un profundo enojo en Rosas, quien ni siquiera fue a despedirlo. El antiguo gobernador también le reprochó no haberlo ayudado económicamente después de todo lo que, según él, había recibido.

El hijo varón del Restaurador volvía así a la tierra donde su padre había perdido el poder, mientras Rosas permanecía en Inglaterra sin imaginar que nunca regresaría.

La soledad de Rosas en Inglaterra

Lejos de Buenos Aires, el mundo de Rosas se volvió cada vez más pequeño. Se instaló cerca de Southampton y alquiló una propiedad conocida como Burgess Farm, donde intentó reproducir algunas costumbres de la vida rural bonaerense.

Trabajaba la tierra, montaba a caballo, tomaba mate y sobrevivía con recursos limitados. El hombre que había concentrado un enorme poder político terminó viviendo de lo que producía en una granja inglesa.

Casa de Rosas durante el exilio en Southampton
Casa de Rosas durante el exilio en Southampton

Manuelita, casada con Máximo Terrero, vivía en Londres y lo visitaba algunas veces al año. Juan Bautista, en cambio, había regresado definitivamente a la Argentina. La distancia, los reproches y las dificultades económicas marcaron los últimos años de la familia.

Rosas murió en Southampton el 14 de marzo de 1877, a los 83 años. Habían pasado 25 años desde su derrota en Caseros y su salida de Buenos Aires. Su hijo no estuvo junto a él en aquel final.

La sangre de Rosas regresó a la Gobernación

La historia familiar todavía reservaba un giro inesperado. Juan Bautista y Mercedes Fuentes fueron padres de Juan Manuel León Ortiz de Rozas, nacido en Buenos Aires en 1839.

El nieto del Restaurador fue diplomático, diputado, senador provincial, ministro de Hacienda y presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires. También combatió en la Guerra de la Triple Alianza, donde sufrió heridas de importancia.

Juan Manuel León Ortiz de Rozas y su mujer Malvina Bond Foto: revisionistas

En 1913 llegó finalmente a la Gobernación de Buenos Aires. Su mandato fue muy breve: asumió el 2 de julio y murió el 1 de septiembre del mismo año mientras todavía ejercía el cargo.

Sesenta y un años después de Caseros, un descendiente directo de Rosas volvía a ocupar el principal sillón político de la provincia.

El hombre olvidado entre dos gobernadores

Juan Bautista nunca alcanzó la notoriedad de su padre ni desarrolló la carrera institucional de su hijo. Fue el eslabón silencioso entre dos gobernadores de Buenos Aires, separados por más de medio siglo y por realidades políticas completamente diferentes.

De un lado estuvo Juan Manuel de Rosas, caudillo federal y protagonista central de las guerras civiles. Del otro, Juan Manuel Ortiz de Rosas, dirigente del orden conservador que gobernó fugazmente la provincia en los comienzos del siglo XX.

En el medio quedó Juan Bautista, el hijo casi borrado de la historia que conoció el poder del rosismo, sufrió su caída, acompañó inicialmente a su padre al exilio y luego eligió regresar a Buenos Aires.

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