
La verdadera identidad de Teófilo Iwanowsky continúa rodeada de misterio. Algunas reconstrucciones sostienen que nació en 1827, en Posnania, territorio que entonces pertenecía al Reino de Prusia y actualmente forma parte de Polonia. Su nombre original habría sido Karl Reichert, aunque también fue conocido como Enrique Reich.
Más allá de esas dudas, su vida quedó marcada por la guerra. El enigmático europeo atravesó el océano, combatió en Brasil y desarrolló una extensa carrera en la Argentina, donde pasó de soldado raso a general de la Nación.
Los primeros años y la llegada del soldado polaco a la Argentina
Una de las versiones más difundidas señala que Iwanowsky participó en la revuelta polaca de 1848 contra el dominio prusiano. Tras el fracaso del levantamiento, habría tenido que escapar de Europa para evitar represalias.
En 1851, se incorporó en Hamburgo al ejército del Imperio del Brasil utilizando el nombre de Enrique Reich. Sin embargo, otro relato afirma que era alemán y que adoptó en la Argentina la identidad de un soldado desertor llamado Teófilo Iwanowsky.

Su llegada coincidió con una etapa decisiva para el país. Como integrante del Ejército Grande de Justo José de Urquiza, participó en la batalla de Caseros, librada el 3 de febrero de 1852. Aquel enfrentamiento terminó con el gobierno de Juan Manuel de Rosas y se convirtió en su bautismo de fuego en estas tierras.
Del rango más bajo al alto mando: el camino de soldado raso a general
Iwanowsky comenzó su carrera como soldado raso, sin privilegios ni conexiones políticas. Después de Caseros se incorporó al Batallón San Martín y luego pasó al Regimiento 3 de Infantería.
Su disciplina le permitió progresar rápidamente. En 1854 fue ascendido a subteniente y destinado a distintos puntos de la frontera. Posteriormente combatió en las batallas de Cepeda, en 1859, y Pavón, en 1861, dos episodios fundamentales de la organización nacional.

También intervino en las campañas contra las montoneras federales y estuvo relacionado con las fuerzas que persiguieron al caudillo riojano Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza.
Su carrera recibió un impulso definitivo durante la Guerra de la Triple Alianza. Iwanowsky participó en combates como Estero Bellaco, Tuyutí y Boquerón. En este último resultó herido y debió regresar a Buenos Aires, pero volvió del frente con el grado de teniente coronel.
El desempeño y patriotismo del militar polaco en el Ejército Argentino
En 1868, Iwanowsky asumió la conducción del Regimiento 3 de Infantería y fue destinado a la frontera sur de Córdoba, donde reorganizó la línea de fortines.
El momento más importante llegó en 1873, cuando el presidente Domingo Faustino Sarmiento le encomendó controlar un levantamiento. En lugar de provocar una batalla, el coronel convenció a los rebeldes de que se encontraban en inferioridad de condiciones y evitó un derramamiento de sangre.

Después informó que la revolución había sido vencida. Sarmiento creyó que Iwanowsky había obtenido una victoria militar y, el 8 de octubre de 1873, lo ascendió a general de la Nación.
En poco más de veinte años, el extranjero había recorrido toda la escala militar. Su vida sintetizaba buena parte de los conflictos argentinos del siglo XIX: Caseros, Cepeda, Pavón, las guerras civiles, la frontera y Paraguay.
Su lealtad al Gobierno nacional, sin embargo, terminaría costándole la vida.
“¡No me rindo!”: el dramático y heroico final en el campo de batalla
En 1874, los seguidores de Bartolomé Mitre desconocieron el triunfo presidencial de Nicolás Avellaneda y organizaron una revolución. El general José Miguel Arredondo encabezó el levantamiento en el oeste del país y avanzó sobre Villa Mercedes, en San Luis.
Iwanowsky, que se encontraba al mando de la guarnición local, se negó a sumarse a los revolucionarios y permaneció fiel a Sarmiento. Por ese motivo, una partida recibió la orden de arrestarlo.
El 24 de septiembre de 1874, el teniente Crisólogo Frías ingresó en su vivienda y le exigió que se entregara. El general se abalanzó sobre él, le arrebató el revólver y abrió fuego. Al escuchar los disparos, los soldados que aguardaban afuera irrumpieron en la habitación y descargaron sus armas.
Herido de muerte, Iwanowsky continuó resistiendo mientras repetía: “¡No me rindo, no me rindo!”. Aquella frase quedó asociada para siempre con su trágico final.
Fue sepultado en Villa Mercedes. Sobre su tumba se colocó una placa con una frase breve: “Al general Ivanowsky, la República agradecida”.
Quizás nunca se sepa con certeza si aquel hombre era Teófilo Iwanowsky, Karl Reichert o Enrique Reich. Lo indiscutible es que huyó de Europa, combatió bajo diferentes banderas y llegó desde el último escalón del Ejército hasta el grado de general, antes de morir defendiendo su lealtad al país que lo había recibido.





















