
En los relatos tradicionales sobre la Independencia argentina suelen aparecer generales a caballo, grandes batallas y decisiones tomadas en salones reservados. Sin embargo, detrás de muchos próceres existieron familiares que tuvieron una participación decisiva y que, durante décadas, quedaron relegados a un segundo plano.
Una de esas figuras fue María Magdalena Dámasa Güemes de Tejada, conocida popularmente como Macacha Güemes. Hermana de Martín Miguel de Güemes, no se limitó a acompañar al héroe salteño: organizó redes de información, colaboró con las milicias gauchas e intervino en complejas negociaciones políticas.
Su momento más importante llegó en 1816, cuando ayudó a evitar un enfrentamiento entre fuerzas patriotas. Cinco años después, estuvo cerca de su hermano durante el ataque realista que terminó provocándole la muerte.
Quién fue Macacha Güemes
Macacha Güemes nació en Salta el 11 de diciembre de 1787, dos años después que Martín Miguel. Era hija de Gabriel de Güemes Montero, tesorero de la Real Hacienda, y de María Magdalena Goyechea y de la Corte.
Aunque pertenecía a una familia acomodada de la sociedad colonial, construyó una relación cercana con gauchos, trabajadores rurales y sectores populares. Esa conexión sería fundamental durante la lucha contra los ejércitos realistas.

Su formación también fue particular para una mujer de finales del siglo XVIII. Aprendió a leer aproximadamente a los cinco años, bajo la enseñanza de su padre, y estudió piano y flauta.
A los 16 años se casó con Román Tejada, capitán del Regimiento de Patricios de Salta. Su capacidad de negociación quedó demostrada cuando su marido fue castigado y enviado a Famatina, en La Rioja. Macacha realizó diferentes gestiones hasta conseguir que regresara a Salta y recuperara su puesto.
La red secreta que ayudó a los gauchos de Güemes
Después de la Revolución de Mayo de 1810, Macacha se incorporó activamente a la causa independentista. Su casa se transformó en un espacio donde se confeccionaba ropa para los soldados y se organizaban tareas de apoyo para las fuerzas comandadas por su hermano.
También participó en una extensa red de espionaje e información. Su posición dentro de la sociedad salteña le permitía ingresar a reuniones, escuchar conversaciones y relacionarse con personas a las que los combatientes no podían acercarse.

De esta manera, obtenía información sobre los movimientos realistas y la transmitía a las tropas patriotas. Su principal arma no era el sable, sino la palabra, la inteligencia y la confianza que generaba entre distintos sectores sociales.
Su opinión llegó a ser tan respetada que algunas memorias de la época aseguraban que hablar con Macacha era prácticamente lo mismo que hablar con el propio Güemes.
La negociación que evitó una guerra entre patriotas
El episodio más importante de su trayectoria ocurrió entre finales de 1815 y comienzos de 1816. El general José Rondeau, jefe del Ejército del Norte, regresaba después de la derrota de Sipe Sipe y mantenía un profundo enfrentamiento político con Martín Miguel de Güemes.
Ambos se disputaban el control territorial, las armas y la autoridad militar. La tensión creció hasta el punto de que dos fuerzas patriotas estuvieron cerca de enfrentarse mientras los realistas permanecían en la frontera.

Una guerra interna podía dejar desprotegido el norte, facilitar una nueva invasión española y perjudicar el proyecto continental de José de San Martín, quien preparaba el cruce de los Andes.
En ese contexto, Macacha actuó como mediadora. Utilizó sus contactos y su capacidad política para facilitar las conversaciones entre Güemes y Rondeau. El acercamiento culminó con el Pacto de los Cerrillos, firmado el 22 de marzo de 1816.
El acuerdo terminó con el conflicto y reconoció a Güemes como gobernador de Salta y responsable de la defensa fronteriza. Meses más tarde, el 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán declaró la Independencia.
Cinco años después, el ataque que cambió su vida
Durante los años siguientes, Martín Miguel de Güemes continuó defendiendo el norte mediante tácticas de guerrilla. Sus hombres, conocidos como Los Infernales, impedían que las fuerzas españolas avanzaran desde el Alto Perú hacia el resto del territorio.
Sin embargo, durante la noche del 7 de junio de 1821, una partida realista logró ingresar en la ciudad de Salta y sorprender al gobernador. Güemes recibió un disparo mientras escapaba a caballo.

Macacha se encontraba cerca de su hermano cuando se produjo el ataque. El militar logró llegar hasta la Cañada de la Horqueta, donde permaneció acompañado por sus gauchos. Murió diez días después, el 17 de junio, a los 36 años.
A pesar de la pérdida, Macacha continuó participando en la vida política de Salta y trabajó para mantener vigente el proyecto de su hermano.
El legado de una mujer que la historia tardó en reconocer
Macacha Güemes murió el 7 de junio de 1866, exactamente 45 años después del ataque que había herido mortalmente a Martín Miguel. Tenía 78 años y había atravesado la Revolución, la Guerra de Independencia y los enfrentamientos internos que marcaron la organización del país.
Durante mucho tiempo fue recordada solamente como “la hermana de Güemes”. No obstante, su historia revela una trayectoria propia: fue espía, negociadora, organizadora, mediadora y dirigente política.
Su intervención en el Pacto de los Cerrillos demuestra que la Independencia no se decidió únicamente en los campos de batalla. También se construyó mediante acuerdos, mensajes secretos y redes de confianza. En 1816, Macacha Güemes contribuyó a evitar una guerra interna. Cinco años después, presenció la caída del prócer al que había ayudado a sostener.





















