
En abril de 1902, cuando los límites entre Argentina y Chile todavía podían provocar un conflicto armado, una comisión internacional llegó hasta un remoto valle de la cordillera patagónica. Allí no había salones diplomáticos, edificios imponentes ni urnas electorales. El encuentro se realizó en una pequeña escuela construida con cañas y barro.
Los habitantes del Valle 16 de Octubre, en la actual provincia de Chubut, debían expresar bajo qué soberanía querían permanecer. La mayoría manifestó su voluntad de continuar en la Argentina.
El episodio pasó a la historia como el Plebiscito de 1902 y fue considerado durante el arbitraje británico que ayudó a definir parte de la frontera patagónica.
El valle que podía cambiar de país
La historia había comenzado en 1865, cuando inmigrantes provenientes de Gales llegaron a las costas de Chubut a bordo del velero Mimosa. Buscaban un territorio donde pudieran conservar su idioma, su religión y sus costumbres.
Años después, algunas familias avanzaron hacia el oeste en busca de tierras productivas. Allí encontraron un valle fértil, atravesado por cursos de agua y rodeado de montañas. Los colonos lo llamaron Cwm Hyfryd, expresión que puede traducirse como “Valle Hermoso”.

Sin embargo, existía un problema. El Tratado de Límites de 1881 había establecido como referencia las altas cumbres que dividían las aguas. En esa región, las mayores elevaciones y la divisoria hidrográfica no coincidían con claridad.
Algunos ríos nacidos al este de los Andes desembocaban en el océano Pacífico. Esa particularidad permitió que Argentina y Chile sostuvieran interpretaciones diferentes.
El valle podía quedar de un lado o del otro sin que sus habitantes se trasladaran un solo metro.
Una escuela convertida en escenario diplomático
Ante el aumento de las tensiones, ambos países aceptaron someter la controversia al arbitraje británico. En 1902 llegó una comisión encabezada por el militar y geógrafo inglés Thomas Holdich.
También participaron representantes de las dos naciones, entre ellos el perito argentino Francisco Pascasio Moreno y el geógrafo Hans Steffen, defensor de la posición chilena.
El encuentro central se desarrolló en la Escuela Nacional N.º 18, cerca del río Corintos. El establecimiento era una de las expresiones más visibles de la presencia institucional argentina en el valle.
Los habitantes recibieron a la delegación con té, música y una reunión comunitaria. Frente a los funcionarios, manifestaron su intención de seguir perteneciendo a la nación que había establecido escuelas, autoridades e instituciones en el territorio.
No fue una elección como las actuales, con padrón, cuarto oscuro y escrutinio. Se trató de una consulta y una expresión colectiva ante los árbitros internacionales.
Por qué eligieron permanecer en la Argentina
La decisión no respondió únicamente a una cuestión patriótica. Los pobladores mantenían relaciones administrativas, económicas y sociales con las autoridades argentinas. También esperaban resolver la situación fronteriza para avanzar con los títulos de propiedad de las tierras que trabajaban.
La comunidad había construido una identidad particular. Los descendientes de los inmigrantes galeses conservaban su lengua y sus tradiciones, pero estaban integrados al territorio nacional.

Además, la población del valle incluía a criollos, pueblos originarios y habitantes procedentes de Chile. No era una colonia completamente aislada, sino una sociedad diversa vinculada por el trabajo rural y la vida en la cordillera.
La manifestación ofreció un argumento contundente: el valle no era solamente una superficie dibujada en los mapas, sino una comunidad organizada que reconocía la soberanía argentina.
El laudo que definió el futuro del valle
En noviembre de 1902 se conoció el laudo británico. La resolución utilizó distintos criterios para dividir los territorios en disputa y el Valle 16 de Octubre quedó definitivamente bajo soberanía argentina.

La voluntad de los habitantes no fue el único elemento analizado, pero adquirió un enorme valor histórico y simbólico.
Con el tiempo, en esa región se desarrolló Trevelin, nombre de origen galés asociado con la expresión “pueblo del molino”. La actividad triguera impulsó la economía local y el Molino Andes se convirtió en uno de los símbolos de la comunidad.
Una decisión que todavía marca la frontera
Cada 30 de abril, Trevelin y los parajes cercanos recuerdan aquella jornada en la histórica Escuela N.º 18. El edificio permanece como testimonio de un momento en el que la opinión de una pequeña comunidad rural contribuyó a definir una frontera internacional.
No hubo ejércitos avanzando sobre el valle ni una batalla inmortalizada en los manuales. Hubo familias reunidas, una mesa compartida y una pregunta capaz de modificar el futuro de toda la región.
A 124 años de aquel episodio, la historia demuestra que el mapa argentino no se construyó únicamente en despachos lejanos. También se definió en una escuela de barro, entre montañas y frente a pobladores que eligieron el país al que querían pertenecer.



















