
A finales del siglo XIX, mientras numerosas ciudades argentinas intentaban resolver sus problemas de infraestructura, Córdoba puso en marcha un proyecto monumental: construir un enorme embalse entre las sierras para almacenar agua, controlar las crecidas y ampliar las superficies productivas.
El resultado fue el primer Dique San Roque, una estructura que sorprendió por sus dimensiones y llegó a ser considerada el mayor embalse artificial del mundo. La obra comenzó a acumular agua en 1888 y fue inaugurada oficialmente el 12 de abril de 1890, con la presencia del entonces presidente Miguel Juárez Celman.
Sin embargo, detrás de aquella proeza también hubo rumores, acusaciones y una madrugada de terror. Dos años después de su inauguración, miles de cordobeses abandonaron sus hogares porque creyeron que el paredón estaba a punto de romperse.
El proyecto que buscaba transformar Córdoba
La idea tomó forma durante la década de 1880. La ciudad de Córdoba necesitaba garantizar el suministro de agua potable, controlar las crecidas del río Suquía y disponer de recursos para el riego y la generación de energía.
En 1883, el gobierno provincial convocó a los ingenieros Carlos Cassaffousth y Eugenio Dumesnil para estudiar la construcción de una represa. Los proyectos definitivos fueron presentados en 1884 e incluían el Dique San Roque, el Dique Mal Paso y los canales maestros Norte y Sur.
La ejecución quedó en manos de la empresa de Juan Bialet Massé y Félix Funes, mientras que Cassaffousth asumió la dirección técnica. Para levantar el paredón se utilizaron principalmente piedra, arena y cal hidráulica fabricada en Córdoba.
Más de 3.000 trabajadores y una obra sin precedentes
Sin las maquinarias ni los sistemas de seguridad actuales, la construcción necesitó el esfuerzo de más de 3.000 trabajadores.
El viejo paredón alcanzó cerca de 115 metros de longitud y 37 metros de altura. A su vez, el embalse podía almacenar aproximadamente 250 millones de metros cúbicos de agua, una capacidad extraordinaria para aquella época.

Cuando las compuertas comenzaron a cerrarse, el agua avanzó sobre el valle de Quisquisacate y transformó definitivamente el paisaje serrano. Campos, establecimientos productivos y una antigua capilla quedaron alcanzados por el nuevo lago.
Al momento de su inauguración, el Dique San Roque era considerado el embalse más grande del mundo y una de las principales obras hidráulicas de Sudamérica.
La madrugada en que Córdoba creyó que el dique se rompía
La historia cambió durante la madrugada del 27 de julio de 1892. Un rumor comenzó a recorrer la capital provincial: el paredón había cedido y una enorme masa de agua avanzaba hacia la ciudad.
La Policía recorrió las zonas bajas y ordenó evacuaciones. Numerosas familias abandonaron sus casas al grito de “¡se viene el dique!” y buscaron refugio en sectores elevados. Pero el dique nunca se había roto.
La falsa alarma ocurrió en medio de cuestionamientos por algunas filtraciones y por la poca cantidad de agua acumulada durante el verano anterior. Investigaciones posteriores también indicaron que los residuos producidos durante la construcción del ferrocarril hacia Cosquín habían obstruido uno de los ingresos de agua.
Sus constructores terminaron en prisión
En medio de la controversia, un informe técnico señaló la existencia de fisuras y filtraciones. Aunque esas deficiencias no representaban necesariamente un peligro inmediato de derrumbe, Cassaffousth y Bialet Massé fueron detenidos en octubre de 1892.
Ambos permanecieron alrededor de 13 meses en prisión, acusados de fraude y de haber construido una obra defectuosa.
Finalmente, el 10 de noviembre de 1893, fueron absueltos. La Justicia determinó que las acusaciones no tenían pruebas suficientes. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: Bialet Massé quedó económicamente arruinado y Cassaffousth murió en 1900 después de atravesar graves dificultades financieras.
Qué pasó con el primer Dique San Roque
Décadas después, el crecimiento de la población impulsó la construcción de una nueva estructura. El dique actual fue levantado entre 1939 y 1944, aguas abajo del paredón original y con técnicas más modernas.
Una parte de la primera construcción quedó sumergida. Cuando el nivel del lago desciende, algunos sectores del antiguo murallón vuelven a aparecer como testimonio de aquella obra que marcó la historia de Córdoba.
Más de 130 años después, el viejo Dique San Roque conserva una historia extraordinaria: fue el embalse más grande del mundo, provocó una evacuación por una noticia falsa, llevó a sus constructores a prisión y terminó parcialmente oculto bajo las aguas.


















