
Entre los edificios modernos y el tránsito de Buenos Aires, un pequeño bar mantiene viva la memoria de una ciudad recorrida por carros y caballos. Se trata de El Boliche de Roberto, ubicado en Bulnes 331, frente a la Plaza Almagro.
Su historia comenzó en 1893, cuando el inmigrante asturiano Francisco Pérez abrió un almacén de ramos generales con despacho de bebidas. El comercio acompañó el crecimiento de una zona marcada por el movimiento del cercano Mercado del Abasto.
El almacén de Almagro que tenía un palenque para los caballos
El establecimiento fue bautizado originalmente como “Casaquinta”. Frente a la entrada contaba con un palenque donde los carreros podían sujetar sus caballos mientras descansaban, compraban provisiones o tomaban alguna bebida.

Durante aquellos años, los alrededores del Abasto eran transitados por vendedores, changarines, puesteros y trabajadores que transportaban mercadería por distintos puntos de la ciudad. El almacén funcionaba como comercio, lugar de descanso y punto de reunión para los vecinos.
Con el paso del tiempo, los carros desaparecieron de las calles, pero el local continuó abierto y comenzó a consolidarse como uno de los bares más particulares de Almagro.
Por qué comenzó a llamarse El Boliche de Roberto
En 1929, el establecimiento adoptó oficialmente el nombre “12 de Octubre”, la misma denominación que recibió temporalmente la plaza ubicada enfrente. Aunque el espacio público recuperó años después su nombre original, el comercio mantuvo aquel título.
Sin embargo, los clientes empezaron a conocerlo de otra manera. Tras la muerte de Francisco Pérez, el local quedó vinculado con su hijo, Roberto Pérez, quien impulsó encuentros artísticos junto con el poeta Roberto Medina.

Las reuniones se hicieron conocidas como la Peña de Roberto o la Peña de los Jueves. La costumbre popular terminó imponiéndose y el lugar pasó a ser llamado definitivamente El Boliche de Roberto.
Las noches de tango que hicieron famoso al bar
Por sus mesas pasaron músicos y cantores vinculados con la cultura porteña. Entre los nombres más recordados aparecen Osvaldo Pugliese, Osvaldo Peredo, Ernesto Baffa, María Graña y Ariel Ardit.
También se transmite la leyenda de que Carlos Gardel habría visitado el establecimiento debido a su cercanía con el Abasto. Aunque no existen pruebas concluyentes, la historia se integró a la tradición oral del bar y reforzó su vínculo con el universo del tango.

Su interior mantiene una estética sencilla: barra de madera, estanterías antiguas, botellas y un salón de dimensiones reducidas. La cercanía entre músicos y espectadores convirtió al lugar en un refugio para artistas consagrados y nuevos intérpretes.
El bar de Almagro que mantiene viva su historia
Reconocido como Bar Notable de la Ciudad de Buenos Aires, El Boliche de Roberto logró sobrevivir a las transformaciones urbanas y al paso de distintas generaciones.
Ya no quedan caballos amarrados frente a la puerta ni carreros rumbo al Abasto. Sin embargo, todavía permanecen la barra, las canciones y las historias de una Buenos Aires que se resiste a desaparecer.
El antiguo almacén fundado en 1893 continúa siendo un espacio pequeño, íntimo y profundamente porteño. Más que un bar, es una puerta abierta hacia el pasado de Almagro y uno de los rincones donde el tango todavía se vive a pocos metros de distancia.





















