La guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa una nueva etapa marcada por una creciente amenaza aérea sobre las principales ciudades ucranianas. Mientras Kiev consiguió golpear instalaciones petroleras, centros logísticos y otros objetivos dentro de territorio ruso, Moscú profundizó sus ataques de largo alcance y aprovechó una de las mayores vulnerabilidades de las defensas ucranianas: la escasez de interceptores capaces de derribar misiles balísticos.
En una de las ofensivas más recientes, más de una veintena de misiles balísticos y antibuque fueron lanzados contra la región de Kiev. Según las autoridades ucranianas, los proyectiles lograron atravesar las defensas y provocaron al menos 17 muertos y decenas de heridos.
Los ataques rusos combinan diferentes tipos de armas. En una ofensiva realizada durante la noche del 30 de junio, Rusia lanzó cuatro misiles antibuque, nueve balísticos, 61 misiles de crucero y cerca de 300 drones contra distintos objetivos en Ucrania.
Por qué preocupan los misiles balísticos
Los misiles balísticos representan un desafío particular debido a su velocidad y trayectoria. A diferencia de los misiles de crucero, que pueden desplazarse a baja altura y modificar su recorrido, los balísticos ascienden siguiendo un arco y luego descienden hacia su objetivo a velocidades extremadamente elevadas.
Uno de los principales sistemas utilizados por Rusia es el Iskander, un misil balístico de corto alcance que puede alcanzar velocidades de entre seis y siete veces la velocidad del sonido y transportar una carga explosiva de hasta 700 kilogramos.
Ucrania también denunció el uso de misiles norcoreanos KN-23, similares al Iskander ruso. Según funcionarios ucranianos, Moscú estaría utilizando estos proyectiles para reforzar su arsenal y mantener el ritmo de sus ataques.
Drones y misiles de crucero
La ofensiva rusa también incluye miles de drones de ataque, entre ellos versiones del Shahed, fabricadas y modificadas por Rusia. Estos aparatos son más lentos y económicos que los misiles, pero su utilización masiva permite saturar las defensas aéreas.
Los misiles de crucero constituyen otra amenaza. Equipados con motores a reacción, pueden volar a baja altura para dificultar su detección y transportar cargas explosivas superiores a las de muchos drones.
En las zonas cercanas al frente, además, Rusia utiliza drones FPV contra vehículos y objetivos civiles, mientras que los ataques contra ciudades combinan diferentes armas para aumentar la dificultad de interceptación.
Ucrania reclama más misiles Patriot
Ante esta situación, Kiev busca incrementar sus reservas de interceptores Patriot, uno de los pocos sistemas occidentales capaces de enfrentar determinados misiles balísticos.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, reclamó nuevos suministros y advirtió que los retrasos en la entrega de interceptores pueden traducirse directamente en más víctimas civiles.
La situación se volvió todavía más compleja por la presión sobre los arsenales estadounidenses, que también fueron utilizados durante la guerra con Irán. Washington evalúa alternativas para mantener sus propias capacidades defensivas mientras Ucrania intenta obtener más interceptores.
El desafío para Kiev no se limita a conseguir nuevos sistemas: también necesita desarrollar alternativas que permitan proteger sus ciudades ante una campaña rusa que combina velocidad, volumen y diferentes tipos de amenazas aéreas. Mientras Moscú continúa aumentando la presión, el tiempo disponible para reaccionar ante los ataques balísticos puede ser de apenas unos minutos.

















