La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, convirtió su participación en la 81.ª Asamblea General de Naciones Unidas en la principal presentación internacional de la nueva etapa política venezolana, con un discurso centrado en la transformación institucional y la reconciliación interna y una intensa agenda de reuniones con Estados Unidos, Naciones Unidas, organismos financieros internacionales y gobiernos de América Latina, el Caribe y Europa.
La presencia de Rodríguez en Nueva York supone además el regreso de un jefe de Estado venezolano a la Asamblea General por primera vez desde 2018 y su primer viaje a Estados Unidos desde que asumió la Presidencia encargada en enero.
Más allá de su intervención ante el pleno, la relevancia política del viaje quedó reflejada en el nivel y la diversidad de sus interlocutores. En apenas unos días, Rodríguez se reunió con el presidente estadounidense, Donald Trump; con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres; con los máximos responsables del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo; y con dirigentes de Trinidad y Tobago, Países Bajos y Chile. También mantuvo un breve intercambio con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
La agenda ofrece una fotografía muy distinta de la posición internacional de Venezuela respecto a la de los últimos años: Caracas vuelve a mantener conversaciones de alto nivel simultáneamente con Washington, organismos multilaterales, instituciones financieras y gobiernos con posiciones políticas diversas.
Reforma política, elecciones y reconciliación
Ante la Asamblea General, Rodríguez presentó esa reapertura exterior como parte de una transformación más amplia dentro de Venezuela.
“Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su Renacer”, afirmó, al describir una hoja de ruta “ordenada, institucional y verificable” destinada, según explicó, a construir un país “más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo”.
Rodríguez anunció reformas estructurales en los ámbitos político, económico e institucional y dedicó una parte central de su intervención a la necesidad de superar años de polarización.
En uno de los principales anuncios de su discurso, aseguró que habrá elecciones en Venezuela y confirmó que su Gobierno ha iniciado conversaciones con sectores de la oposición con el objetivo de acordar condiciones de participación para las distintas fuerzas políticas.
“La democracia no se mide por la existencia de elecciones. La democracia se mide por la calidad de la competencia que precede esas elecciones”, afirmó Rodríguez antes de asegurar que las instituciones venezolanas deberán garantizar un proceso “inclusivo y transparente”.
La mandataria vinculó esos cambios a una reforma institucional más amplia que, según explicó, incluye la revisión del sistema de justicia y el fortalecimiento de la seguridad jurídica tanto para los ciudadanos como para los inversores.
El encuentro con Trump, símbolo del giro bilateral
El momento de mayor trascendencia diplomática de la visita se produjo el martes, cuando Rodríguez mantuvo su primer encuentro presencial con Trump en el Lotte New York Palace, al margen de la Semana de Alto Nivel de Naciones Unidas.
La reunión se celebró a puerta cerrada y contó también, por parte estadounidense, con el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y el subjefe de gabinete Stephen Miller.
El encuentro representa el contacto presidencial de mayor nivel entre ambos países en más de una década, después de años de ruptura y confrontación. Barack Obama y Nicolás Maduro habían mantenido un breve encuentro durante la Cumbre de las Américas de Panamá en 2015.
Rodríguez afirmó posteriormente que durante la conversación con Trump ambos abordaron el fortalecimiento de las relaciones bilaterales y una agenda de cooperación en energía, minería, seguridad y otros ámbitos de interés común.
El encuentro se produce después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Washington y Caracas y de la firma de un amplio acuerdo energético bilateral. En su discurso ante Naciones Unidas, Rodríguez presentó ese convenio como uno de los mayores acuerdos energéticos suscritos entre ambos países y sostuvo que puede contribuir a la estabilidad del suministro y al equilibrio energético hemisférico.
El resultado concreto de la visita es, por tanto, una ampliación significativa de la interlocución internacional de Caracas y la consolidación de Rodríguez como contraparte venezolana para gobiernos e instituciones que hasta hace pocos meses mantenían escasos o inexistentes contactos de alto nivel con el país.
ONU, FMI, Banco Mundial y BID
La agenda desarrollada durante la visita reforzó también el componente multilateral y económico del viaje.
Rodríguez mantuvo una reunión con el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en la sede de la organización. El propio sistema de Naciones Unidas registró oficialmente el encuentro celebrado el 21 de septiembre.
También sostuvo encuentros con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva; el presidente del Grupo Banco Mundial, Ajay Banga, y el presidente del BID, Ilan Goldfajn.
La coincidencia de esas reuniones durante una misma visita adquiere especial relevancia en momentos en que Venezuela busca financiación e inversión para la recuperación económica y para la reconstrucción posterior al doble terremoto del pasado 24 de junio.
Rodríguez dedicó precisamente parte de su intervención ante la Asamblea a agradecer la asistencia recibida de países de América, Europa, Asia, África y Oriente Medio, así como del sistema de Naciones Unidas, tras la catástrofe.
La mandataria hizo además un llamado a los venezolanos que han emigrado, especialmente a los jóvenes, a participar en la reconstrucción y en la nueva etapa económica del país.
Reapertura también hacia Europa, América Latina y el Caribe
La agenda bilateral de Rodríguez se extendió asimismo a países con los que Venezuela está reconstruyendo o redefiniendo sus relaciones.
Con la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, abordó una relación especialmente relevante por los intereses compartidos en proyectos gasíferos, seguridad marítima y flujos migratorios en el Caribe.
La presidenta venezolana se reunió también con el primer ministro de Países Bajos, Rob Jetten. Según la información difundida tras el encuentro, ambas delegaciones abordaron la reactivación de los canales diplomáticos y las posibilidades de cooperación económica y energética, además de la estabilidad en el Caribe.
En el ámbito regional, Rodríguez sostuvo asimismo un encuentro con el presidente chileno, José Antonio Kast, el primero desde el restablecimiento de las relaciones consulares entre ambos países. La agenda incluyó reconstrucción, cooperación y cuestiones migratorias y consulares. Kast afirmó después que Chile respaldaba el proceso de reconstrucción venezolano.
Rodríguez tuvo además un breve encuentro con Pedro Sánchez en el hemiciclo de Naciones Unidas. Fuentes españolas señalaron que ambos acordaron mantener abierto el canal de comunicación sobre Venezuela, en continuidad con los contactos telefónicos sostenidos durante este año.
Guyana, sanciones e inteligencia artificial
La presidenta venezolana aprovechó también el principal foro diplomático mundial para fijar posición sobre varios asuntos internacionales.
Sobre la controversia del Esequibo, exhortó a Guyana a retomar las negociaciones bilaterales bajo el Acuerdo de Ginebra de 1966 y defendió que una solución negociada entre ambos países constituye la vía para alcanzar un acuerdo duradero.
Rodríguez volvió asimismo a cuestionar las restricciones financieras unilaterales, que vinculó con obstáculos al desarrollo y al funcionamiento de las economías emergentes, y defendió un acceso más equilibrado a las nuevas tecnologías.
En ese contexto, pidió que el desarrollo de la inteligencia artificial reduzca, en lugar de ampliar, las brechas entre países y poblaciones, e incorporó a su discurso la defensa de los derechos de la naturaleza y de modelos de transición energética que tengan en cuenta las necesidades de desarrollo de los países productores.
Una nueva imagen internacional de Venezuela
La participación en la 81.ª Asamblea General deja así dos mensajes paralelos.
Hacia dentro, Rodríguez presentó por primera vez ante el principal foro multilateral una hoja de ruta de reformas políticas e institucionales, diálogo con la oposición y futuros procesos electorales.
Hacia fuera, la sucesión de encuentros con Estados Unidos, Naciones Unidas, instituciones financieras internacionales y gobiernos de distintas orientaciones políticas muestra una ampliación sustancial de los canales diplomáticos venezolanos.
La propia Rodríguez resumió ambos planos al cerrar su intervención:
“A mi pueblo le digo: este no es el final de un discurso, es el comienzo de un compromiso. A la comunidad internacional le digo: Venezuela está lista para caminar de la mano de quienes crean en el relacionamiento internacional respetuoso, sin intromisiones ni prejuzgamientos”.
La semana de Nueva York marca un cambio verificable en la posición exterior del país: después de años de aislamiento y confrontación, Venezuela vuelve a mantener interlocución directa con algunos de los principales centros políticos, multilaterales y financieros internacionales.











