
La pandemia llevó a muchas personas a cuestionar sus rutinas y prioridades. Para Carina Gómez Lauga, una marplatense de 52 años, ese proceso de reflexión terminó convirtiéndose en una transformación radical. Lo que comenzó como una inquietud durante los meses de encierro derivó en una decisión que cambiaría por completo su vida: vender su casa en Mar del Plata, abandonar la comodidad urbana y mudarse a las sierras de Córdoba para empezar de cero.
A los 52 años: la historia de Carina y su decisión de construir su propio refugio
Hasta entonces, Carina vivía en pleno centro marplatense, a pocas cuadras del mar. Sin embargo, la experiencia de la pandemia le hizo comprender que buscaba algo diferente. Naturaleza, silencio y una vida más simple aparecieron como prioridades imposibles de ignorar.
Convencida de dar el paso, vendió su vivienda en apenas quince días, cargó sus pertenencias en una camioneta y emprendió viaje hacia el valle de Traslasierra sin un plan rígido, pero con una certeza inquebrantable: quería reencontrarse con una forma de vida más conectada con el entorno.

Su destino fue un terreno cercano a San Javier, uno de los rincones más valorados de las sierras cordobesas. Allí comenzó a materializar un proyecto que había imaginado durante meses. Inspirada por el movimiento de las tiny houses y las filosofías de vida minimalista, diseñó una vivienda compacta que hoy se convirtió en el escenario de una nueva etapa personal.
Detrás de esta decisión también hay una historia de resiliencia. Tras atravesar una fuerte depresión luego de su divorcio y enfrentar posteriormente un cáncer de mama, Carina inició una profunda búsqueda de bienestar y transformación interior. Esa experiencia terminó impulsándola a construir un refugio que reflejara sus nuevas prioridades.
Estilo Tiny House: las ventajas de habitabilidad y funcionalidad en espacios reducidos
La vivienda tiene apenas 21 metros cuadrados, distribuidos en una estructura de tres metros de ancho por siete de largo. Sin embargo, cada rincón fue pensado para maximizar la funcionalidad y garantizar comodidad.
Antes de comenzar la obra, Carina dedicó meses a investigar diseños de casas rodantes, soluciones de almacenamiento inteligente y propuestas de arquitectura minimalista. Luego trabajó junto a un albañil de la zona para llevar el proyecto a la realidad, supervisando personalmente cada etapa durante siete meses.

El resultado es una tiny house completamente equipada, con espacios optimizados para vivir, trabajar y recibir visitas. La organización interior demuestra que una superficie reducida no necesariamente implica resignar confort, sino repensar el uso eficiente de cada metro cuadrado.
La madera como material principal: beneficios térmicos y estéticos de la construcción
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la utilización de la madera como elemento predominante en la construcción. Además de integrarse visualmente con el paisaje serrano, este material aporta importantes ventajas en términos de aislamiento térmico y confort ambiental.
La madera ayuda a mantener temperaturas agradables durante gran parte del año, una característica especialmente valorada en zonas donde las amplitudes térmicas pueden ser significativas entre el día y la noche. A esto se suma una estética cálida y natural que refuerza la sensación de armonía entre la vivienda y el entorno.
Para Carina, la casa fue concebida como un espacio de conexión con la naturaleza. La presencia de materiales nobles y el contacto permanente con el paisaje forman parte esencial de ese concepto.

Sustentabilidad e independencia energética: el rol clave de los paneles solares
“Diseñé mi casa como un templo para estar conectada con la naturaleza”, explicó al describir la filosofía detrás de su proyecto. La sustentabilidad ocupa un lugar central en esa visión. Aunque el tendido eléctrico llega hasta el ingreso de su propiedad, decidió apostar por un esquema de autonomía energética basado en energías renovables.
Para ello instaló un sistema compuesto por cuatro paneles solares y dos baterías de gel, capaz de abastecer las necesidades diarias de la vivienda. Gracias a esta infraestructura, dispone de electricidad de manera constante sin depender exclusivamente de la red convencional.
La propuesta se complementa con luminarias LED de bajo consumo y focos solares distribuidos en el exterior, lo que permite reducir significativamente el gasto energético y la huella ambiental.
Confort en la naturaleza: la incorporación del jacuzzi en la vivienda
Si bien el proyecto nació bajo los principios del minimalismo y la sustentabilidad, Carina también incorporó elementos orientados al bienestar y al disfrute cotidiano. Entre ellos se destaca un jacuzzi que le permite aprovechar plenamente el entorno natural privilegiado donde reside.

La integración de este tipo de comodidades refleja una tendencia cada vez más frecuente en las nuevas viviendas compactas: combinar eficiencia, diseño y calidad de vida sin necesidad de grandes superficies construidas.
Actualmente, gracias a la conectividad a internet, Carina trabaja de manera remota como coach, dicta clases universitarias y realiza consultas holísticas desde su hogar en Traslasierra. Su pequeña vivienda funciona al mismo tiempo como residencia, oficina y espacio de encuentro familiar.
Hoy, aquella tiny house de 21 metros cuadrados es mucho más que una casa. Es el resultado de una transformación personal profunda y el símbolo de una elección de vida que prioriza la autonomía, la sustentabilidad y el contacto diario con la naturaleza.






















