
La Patagonia vuelve a mirar con atención el avance de una especie que, pese a ser nativa de la región, puede convertirse en una verdadera amenaza para los pastizales y la producción agropecuaria cuando se producen explosiones poblacionales.
Se trata de la tucura sapo (Bufonacris claraziana), un insecto parecido a un saltamontes que no tiene alas y se desplaza caminando o mediante saltos. Su particular comportamiento alimentario le valió, además, un llamativo apodo: “el bicho caníbal”.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) informó el 25 de septiembre de 2026 que comenzó la temporada de nacimientos de la especie en la Patagonia y recomendó intensificar el monitoreo para detectar los primeros focos y actuar de manera temprana.
La presencia de la tucura sapo vuelve a preocupar en la Patagonia
Los primeros nacimientos se producen hacia el final del invierno y el comienzo de la primavera. Los huevos permanecen en el suelo durante los meses fríos y las ninfas comienzan a emerger cuando las condiciones ambientales son favorables. La especie tiene una generación anual.
Por ese motivo, octubre y los meses siguientes resultan claves para detectar nuevos focos, especialmente en aquellos lugares donde ya se habían registrado posturas o presencia del insecto durante temporadas anteriores.
La especie está presente principalmente en Río Negro, Chubut y Santa Cruz, dentro de la estepa patagónica. Aunque es parte del ecosistema nativo, cuando su población crece de manera extraordinaria pasa a comportarse como una plaga agrícola y ganadera.

Qué es la tucura sapo y cómo reconocerla
La tucura sapo es un insecto perteneciente al orden de los ortópteros, el mismo grupo que incluye a langostas y saltamontes. Sin embargo, tiene una diferencia muy característica: no posee alas.
Por eso no vuela, sino que se desplaza caminando o saltando. Los ejemplares adultos pueden alcanzar alrededor de cinco centímetros de longitud y presentan un cuerpo robusto.
Su nombre científico es Bufonacris claraziana y es una especie endémica de la Patagonia argentina. Es decir, no se trata de una especie exótica que haya llegado recientemente desde otro territorio.
El problema aparece cuando se producen las llamadas explosiones poblacionales. Según información difundida por el SENASA y el INTA, la especie puede pasar de formar parte del ecosistema a convertirse en plaga cuando alcanza densidades superiores a unos 10 o 15 ejemplares por metro cuadrado. En determinados brotes registrados en la Patagonia se llegaron a contabilizar densidades mucho mayores.

En noviembre de 2025, por ejemplo, se detectaron entre 20 y 30 tucuras por metro cuadrado en sectores del sur de Río Negro, mientras que en distintos focos de Chubut se registraron entre 70 y 80 individuos por metro cuadrado. En algunos brotes, las invasiones pueden superar los 150 ejemplares por metro cuadrado.
El “bicho caníbal” que puede quedarse sin alimento
Uno de los aspectos más llamativos de la tucura sapo es su comportamiento alimentario. En condiciones normales es un insecto herbívoro, polífago y muy voraz: consume distintos tipos de vegetación, desde pastos tiernos hasta especies más duras de la estepa patagónica y, ocasionalmente, ramas bajas de algunos arbustos.
Pero cuando el alimento escasea aparece el comportamiento que le dio su particular apodo. La tucura sapo puede alimentarse de ejemplares muertos de su misma especie, un mecanismo que le permite aprovechar recursos disponibles en situaciones de escasez. De allí surge la denominación popular de “bicho caníbal”.
Esto no significa que sea un insecto que ataque habitualmente a otros animales o a las personas: su alimentación es principalmente vegetal y no representa un peligro directo para los seres humanos.
Puede consumir una cantidad de vegetación equivalente a su propio peso
El impacto de la tucura sapo no se explica solamente por la cantidad de ejemplares que pueden aparecer durante un brote. Un estudio científico publicado en 2025 analizó por primera vez las tasas de consumo de ejemplares adultos de Bufonacris claraziana y encontró resultados llamativos.

Las hembras pre-reproductivas registraron un consumo promedio de 690,4 miligramos de materia vegetal por día, mientras que los machos pre-reproductivos consumieron unos 582 miligramos diarios. En ambos casos, la cantidad representó aproximadamente el equivalente al peso corporal del insecto.
El estudio analizó el consumo de Festuca arundinacea en condiciones controladas y señaló que las tasas disminuyeron alrededor de un 50% cuando los ejemplares pasaron de la etapa pre-reproductiva a la reproductiva. Los investigadores destacaron que estos datos permiten comenzar a estimar con mayor precisión el potencial daño de la especie durante los brotes.
En otras palabras, cuando se juntan miles o millones de ejemplares en una misma zona, la presión sobre la vegetación puede ser considerable.
Por qué la tucura sapo preocupa a los productores patagónicos
El principal problema no está en las personas sino en el recurso forrajero. La tucura sapo puede consumir pastizales naturales, pasturas y cultivos. Cuando la vegetación disminuye, también se reduce la cantidad de alimento disponible para el ganado, especialmente en sistemas de producción ovina característicos de la Patagonia.
El impacto puede ser especialmente importante para pequeños productores y comunidades rurales, que dependen directamente de la disponibilidad de pastos.
Los antecedentes muestran que las explosiones poblacionales no son nuevas. Un trabajo científico publicado en 2025 señala que se registraron brotes en diferentes áreas de Santa Cruz, Chubut y Río Negro entre 2016 y 2024.

Además, los organismos que trabajan sobre la problemática señalan que los brotes pueden presentar una periodicidad aproximada de tres años, aunque existe incertidumbre sobre el momento exacto de eclosión de los huevos porque estos pueden permanecer en el suelo durante una o más temporadas.
Una plaga nativa que no se busca eliminar
Aunque pueda parecer contradictorio, el objetivo de las autoridades no es eliminar por completo a la tucura sapo. Al tratarse de una especie nativa de la Patagonia, forma parte del ecosistema. El problema aparece cuando sus poblaciones alcanzan niveles capaces de generar perjuicios sobre la vegetación y la producción.
Por eso, el enfoque recomendado es el manejo integrado de la plaga, con monitoreo, detección temprana y controles localizados cuando sean necesarios.
La Mesa Interinstitucional para el Manejo de Tucuras en la Patagonia Argentina reúne al SENASA, organismos científicos, gobiernos provinciales, representantes del sector productivo y otras instituciones para compartir información y coordinar acciones de prevención y control.

Para anotar: qué hacer si aparece una tucura sapo
El SENASA recomienda prestar especial atención a los lugares donde ya se detectaron posturas o ejemplares en temporadas anteriores. Ante la sospecha de presencia de tucura sapo, se debe dar aviso al organismo sanitario para facilitar la vigilancia y el seguimiento de los focos.
El organismo informó como canal de contacto el correo acridios@senasa.gob.ar. La detección temprana es clave porque permite intervenir antes de que las poblaciones alcancen densidades elevadas y evitar que un pequeño foco termine transformándose en un brote de grandes dimensiones.




















