
Un fósil de dinosaurio de 115 millones de años, descubierto en Brasil en 2008 y que sobrevivió al incendio del Museo Nacional de Río de Janeiro en 2018, volvió a sorprender a la comunidad científica. Un equipo internacional de investigadores identificó estructuras compatibles con glóbulos rojos y restos químicos relacionados con la sangre en sus huesos.
El hallazgo fue publicado este lunes en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y podría aportar información sobre la biología de animales extinguidos hace millones de años.
El dinosaurio que sobrevivió a un incendio y conservó un secreto durante 115 millones de años
Los restos pertenecen al Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio carnívoro que vivió en el actual territorio brasileño durante el período Cretácico. Según los investigadores, el ejemplar tenía aproximadamente 3,1 metros de largo, pesaba 34 kilos y murió cuando tenía alrededor de cuatro años.
El fósil fue descubierto en 2008 en una mina de yeso del estado de Ceará, en el noreste de Brasil. Posteriormente, fue trasladado a distintas instituciones científicas para su preparación y análisis, hasta llegar en 2016 al Museo Nacional de Río de Janeiro.
Su historia estuvo cerca de tener un desenlace diferente. El 2 de septiembre de 2018, un incendio destruyó gran parte del museo y sus colecciones. Sin embargo, el sector donde se encontraba el Aratasaurus no fue alcanzado por las llamas, según informó la propia institución, por lo que sus restos permanecieron intactos.
Ocho años después del incendio, el fósil volvió a convertirse en protagonista de una investigación que podría ampliar los conocimientos sobre la conservación de material biológico prehistórico.
Cómo descubrieron posibles restos de sangre de dinosaurio después de 115 millones de años
La investigación estuvo encabezada por Kliti Grice, científica de la Universidad Curtin de Australia, junto con especialistas de instituciones de Brasil, Japón y Estados Unidos.
Mediante microscopía electrónica y análisis químicos, los investigadores examinaron huesos de las extremidades del dinosaurio y encontraron pequeñas estructuras ovaladas dentro de canales que originalmente transportaban sangre.

Además, detectaron hemo, una molécula que forma parte de la hemoglobina, responsable del transporte de oxígeno en la sangre. La combinación de estos indicios representa una de las evidencias más sólidas obtenidas hasta ahora sobre posibles restos sanguíneos en dinosaurios.
Los especialistas consideran que la conservación pudo haber sido favorecida por condiciones ambientales particulares, como la presencia de microorganismos, la escasez de oxígeno y la acción de minerales como la hausmannita, que contribuyeron a estabilizar las estructuras durante millones de años.
Qué significa el descubrimiento y por qué todavía genera debate científico
Aunque los resultados despertaron interés internacional, los científicos aclararon que no encontraron sangre líquida, ADN ni proteínas completas de dinosaurio. Se trata de estructuras mineralizadas y señales químicas que podrían conservar información sobre los tejidos originales.
La interpretación todavía genera diferencias entre especialistas. La paleontóloga Mary Schweitzer, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, consideró que la evidencia química resulta interesante, pero cuestionó que las estructuras observadas puedan identificarse definitivamente como glóbulos rojos.
Por su parte, los investigadores de la Universidad Curtin sostienen que el hallazgo abre nuevas posibilidades para estudiar cómo funcionaban los organismos de animales extinguidos y qué condiciones permiten conservar rastros de sus componentes biológicos durante períodos tan prolongados.
El próximo paso será analizar otros fósiles y comparar los resultados para determinar si este tipo de conservación es más frecuente de lo que se creía. También se desarrollan experimentos para comprender cómo determinadas condiciones microbianas pueden favorecer la mineralización de la sangre.




















