
La historia de una de las chocolateras más reconocidas de la Argentina comenzó con una piedra para moler cacao, una pequeña inversión y el sueño de un adolescente que trabajaba en una sastrería. Lo que parecía un emprendimiento imposible terminó convirtiéndose en una empresa familiar que atravesó más de un siglo de historia.
A comienzos del siglo XX, cuando la industria alimenticia argentina todavía estaba en pleno desarrollo, un niño de apenas 12 años decidió fabricar chocolate utilizando una piedra y una bolsa de cacao. No tenía maquinaria industrial, empleados ni una fábrica propia, pero aquella iniciativa sería el punto de partida de una de las marcas más reconocidas del país.
Su nombre era Felipe Fort, fundador de Felfort y abuelo del recordado empresario y mediático Ricardo Fort. Su historia comenzó en 1912, cuando encontró una oportunidad inesperada que cambiaría el destino económico de su familia.

Más de un siglo después, productos como los chocolatines Jack, Marroc y Dos Corazones forman parte de la memoria de generaciones de argentinos. Sin embargo, pocos conocen el origen artesanal de este imperio chocolatero.
En 1912, Felipe Fort tenía 12 años y compró una piedra para fabricar chocolate
Felipe Fort provenía de una familia vinculada a la inmigración catalana. En aquellos años, trabajaba como dependiente en una sastrería, una ocupación que le permitía obtener ingresos desde muy joven.
Según una reconstrucción del historiador Daniel Balmaceda, publicada por iProfesional, un conocido le ofreció comprar lo que describía como una pequeña fábrica de chocolate.

La propuesta escondía una sorpresa: la supuesta fábrica consistía únicamente en una piedra inclinada, un rodillo y una cantidad de cacao. Lejos de desanimarse, Fort aceptó la oportunidad y comenzó a experimentar con la elaboración artesanal.
Durante las noches, después de cumplir con sus obligaciones laborales, preparaba chocolate para taza. A la mañana siguiente, salía a venderlo antes de regresar a la sastrería. Su producción inicial rondaba los 5 kilogramos diarios, una cantidad modesta que marcaría el nacimiento de Felfort.
De 5 kilos de chocolate por noche a una fábrica: el sorprendente crecimiento de Felfort
El pequeño emprendimiento comenzó a crecer y Felipe comprendió que necesitaba mejorar sus conocimientos y herramientas. Para aprender el oficio, trabajó en una chocolatería de Buenos Aires, donde observó las técnicas de producción y perfeccionó sus habilidades.

Con los ahorros obtenidos, decidió invertir en maquinaria. La historia oficial de Felfort señala que, a los 18 años, adquirió su primera refinadora mecánica, lo que permitió aumentar considerablemente la fabricación. Con el paso del tiempo, incorporó nuevos productos, entre ellos bombones, caramelos y turrones.
En 1926, la empresa inició una nueva etapa con el desarrollo de su establecimiento industrial en el barrio porteño de Almagro, que se convertiría en un lugar emblemático para la marca. Aquella piedra utilizada durante su infancia había quedado atrás: el negocio comenzaba a transformarse en una verdadera industria.
Huevos de Pascua y chocolatines Jack: las golosinas que hicieron famosa a Felfort
Una de las innovaciones más importantes de la compañía fue la fabricación de huevos de Pascua nacionales, en una época en la que estos productos llegaban principalmente desde Europa. Con los años, la empresa amplió su catálogo y consolidó su presencia en los kioscos argentinos.
El gran salto comercial llegó bajo la conducción de Carlos Augusto Fort, hijo del fundador, quien asumió la presidencia en 1963. Durante su gestión, Felfort desarrolló y popularizó productos que se convirtieron en clásicos, como los chocolatines Jack, famosos por incluir pequeñas figuras coleccionables.

También ganaron protagonismo los bocaditos Marroc y Dos Corazones, que lograron permanecer en el mercado durante décadas. La empresa había dejado de ser un pequeño emprendimiento artesanal para convertirse en una marca reconocida por consumidores de distintas generaciones.
El legado de Felipe Fort: cómo una piedra dio origen a más de 100 años de historia
La historia de Felfort también es la de una familia que mantuvo su vínculo con la industria chocolatera durante varias generaciones. Tras la etapa de Felipe Fort y la expansión encabezada por Carlos Augusto, sus descendientes continuaron vinculados con la conducción de la compañía.
Entre ellos estuvo Ricardo Fort, quien alcanzó notoriedad pública por su participación en la televisión argentina, aunque su apellido ya tenía una larga trayectoria empresarial. En 2012, Felfort celebró su centenario y recordó especialmente aquel comienzo protagonizado por un niño y una piedra para refinar cacao.
Hoy, su origen representa uno de los capítulos más curiosos de la historia de las golosinas argentinas: una empresa que comenzó fabricando apenas 5 kilos de chocolate por noche y terminó convirtiéndose en un símbolo de la industria nacional.
















