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Cerró en 1983 y recién 34 años después volvió a abrir: hoy es un bodegón histórico de CABA que frecuentó Federico García Lorca

Sobrevivió a dos mudanzas, al derrumbe de un edificio y a un cierre que parecía definitivo. El Tropezón, uno de los restaurantes más antiguos de Buenos Aires, recuperó su tradicional local de la avenida Callao y mantiene viva una historia atravesada por la cultura, el tango y la visita de Federico García Lorca.

El Tropezón
El puchero de gallina es la especialidad histórica de la casa Foto: Instagram @eltropezonrestaurant
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Buenos Aires conserva numerosos restaurantes que permiten viajar hacia otras épocas. Sin embargo, pocos atravesaron tantas transformaciones como El Tropezón, un histórico bodegón que permaneció cerrado durante 34 años antes de volver a recibir al público.

Ubicado en avenida Callao 248, a pocas cuadras del Congreso de la Nación, el restaurante fue durante décadas un punto de encuentro de escritores, músicos, actores, dirigentes políticos y trabajadores del centro porteño.

Su salón funcionaba las 24 horas y recibía tanto a las familias que llegaban para el almuerzo del domingo como a los artistas que buscaban un plato caliente después de una función teatral.

Por sus mesas pasaron Federico García Lorca, Aníbal Troilo, Lola Membrives, Libertad Lamarque, Azucena Maizani, Ricardo Balbín, Alfredo Palacios e Hipólito Yrigoyen, entre otras personalidades.

La historia del bodegón fundado por dos inmigrantes españoles

El Tropezón fue fundado en 1896 por dos inmigrantes españoles: el asturiano Manuel Fernández y el gallego Ramiro Castaño. Su primer local funcionó en la esquina de Callao y Bartolomé Mitre, en una ciudad que crecía aceleradamente con la llegada de miles de europeos.

El nombre del restaurante tiene una explicación gastronómica. La palabra “tropezón” se utiliza para identificar los pequeños pedazos de jamón, legumbres, carne o verduras que aparecen dentro de una sopa, un caldo o un guiso.

El Tropezón
El salón conserva el espíritu de los antiguos bodegones porteños Foto: Instagram @eltropezonrestaurant

En 1901, el negocio se mudó a la esquina de Callao y Cangallo, actualmente denominada Presidente Juan Domingo Perón. Allí funcionó hasta que el derrumbe del hotel ubicado sobre el restaurante dañó el salón y obligó a sus propietarios a buscar otro espacio.

Lejos de desaparecer, el bodegón volvió a levantarse. El 10 de febrero de 1926 inauguró el local de Callao 248, dirección con la que quedaría definitivamente asociado en la memoria de los porteños.

El bodegón de CABA que recibió a Federico García Lorca

El paso de Federico García Lorca por el restaurante permite reconstruir una etapa de enorme actividad cultural en Buenos Aires. El poeta y dramaturgo español permaneció en la Argentina entre 1933 y 1934, período durante el cual alcanzó una notable popularidad y se relacionó con numerosas personalidades del ambiente artístico local.

En aquellos años, los cafés y restaurantes porteños funcionaban como espacios de intercambio cultural. Allí se comentaban libros, se discutían estrenos y se organizaban reuniones que podían extenderse hasta la madrugada.

El Tropezón
El restaurante volvió a abrir después de 34 años Foto: Instagram @eltropezonrestaurant

La cercanía de El Tropezón con los teatros del centro y el Congreso de la Nación lo convirtió en una parada habitual para artistas, escritores y representantes de la política.

La visita de García Lorca quedó incorporada a la extensa lista de historias del establecimiento y reforzó su relación con la cultura hispanoamericana.

El plato tradicional que terminó convertido en tango

La gran especialidad de El Tropezón fue el puchero de gallina, una preparación de origen español que adquirió características propias en las cocinas porteñas.

El plato alcanzó tanta popularidad que fue inmortalizado en “Pucherito de gallina”, el tango escrito por Roberto Medina. De esa manera, el restaurante, su comida y el antiguo vino Carlón quedaron vinculados para siempre con el imaginario de Buenos Aires.

El Tropezón
El Tropezón, un bodegón histórico de la avenida Callao Foto: Turismo Buenos Aires

El puchero era una elección ideal para un establecimiento abierto durante toda la noche. Su cocción prolongada y sus ingredientes abundantes lo convertían en una comida reconfortante para quienes llegaban después del teatro o de una extensa jornada de trabajo.

El cierre que duró más de tres décadas

En 1983, el desplome de la marquesina provocó el cierre del restaurante. Durante los años siguientes, el espacio fue ocupado por una sucursal del Correo Argentino y una aseguradora de riesgos del trabajo.

La vajilla fue regalada y los derechos de la marca pasaron a otras manos. Con el avance del tiempo, la posibilidad de recuperar el bodegón parecía cada vez más lejana.

La historia cambió cuando Raquel Rodrigo y su familia adquirieron la propiedad. Tras descubrir en la fachada una mayólica que recordaba al antiguo restaurante, comenzaron a investigar su pasado y decidieron recuperarlo.

El Tropezón
Federico García Lorca fue uno de sus visitantes ilustres Foto: Instagram @eltropezonrestaurant

Finalmente, El Tropezón reabrió el 12 de septiembre de 2017, exactamente 34 años después de su cierre.

Cómo es El Tropezón en la actualidad

El bodegón conserva su histórica dirección de avenida Callao 248 y funciona nuevamente como punto de encuentro para almuerzos, cenas, aperitivos y reuniones después del teatro.

Su carta reúne platos tradicionales de bodegón, carnes, preparaciones españolas y clásicos porteños. En 2019, además, fue declarado Sitio de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

Hoy, entrar a El Tropezón significa acercarse a una época en la que los restaurantes permanecían abiertos toda la noche y las mesas reunían a escritores, músicos, políticos y actores.

Después de derrumbes, mudanzas y más de tres décadas de silencio, el bodegón volvió a encender sus luces. El recuerdo de Federico García Lorca continúa formando parte de un salón porteño que atravesó tres siglos y que, a pesar de todo, se negó a desaparecer.

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