Cómo visitar el castillo que inspiró al autor de El Principito: la niña que tenía una serpiente y un zorro y encantó a Saint-Exupéry
El Castillo San Carlos está en Concordia, Entre Ríos. La historia del paso del aviador y escritor Antoine de Saint Exupery por esta ciudad y cómo lo marcó para siempre.

En la provincia de Entre Ríos, donde el río Uruguay serpentea entre cuchillas y selvas en galería, se alza una construcción que parece arrancada de un valle francés y depositada por error en el litoral argentino. Se trata del Castillo San Carlos, una imponente mansión en ruinas ubicada en la ciudad de Concordia que, más allá de su valor arquitectónico, guarda el secreto del nacimiento de una de las obras más universales de la literatura: El Principito.
La historia comienza con un aterrizaje forzoso. En 1929, Antoine de Saint-Exupéry no era aún un célebre escritor, sino un audaz piloto de una aerolínea postal, encargado de trazar las rutas aéreas hacia el sur del continente. Durante un vuelo de reconocimiento, una falla técnica o el agotamiento del combustible lo obligaron a descender en una zona de malezas y espinillos a orillas del río Uruguay. Y lo que pudo ser un trágico accidente se convirtió en un encuentro mágico.
Al bajar de su avioneta Late-25, fue avistado por dos niñas que se burlaron de él en francés. Eran Edda y Suzanne Fuchs Valon, las hijas de la familia que residía en el Castillo San Carlos. Las niñas invitaron al aviador a su casa, una propiedad de estilo Luis XV, que para entonces ya mostraba signos de una decadencia irreversible.

La mansión había sido construida a finales del siglo XIX por el empresario francés Eduard Demachy para su hijo, quien tras varios años de lujos y fiestas, huyó del lugar sin pagar sus deudas. La propiedad quedó entonces en manos del Banco Hipotecario, y luego fue adquirida por la familia -también francesa- Fuchs Valon.
Saint-Exupéry quedó fascinado no solo por la arquitectura fuera de lugar, sino por las singulares costumbres de la familia que lo hospedó por algunos días, mientras reparaba su avioneta.


Un oasis de naturaleza: el Castillo San Carlos
La edificación contrastaba fuertemente con el ambiente de naturaleza alrededor. Allí, las niñas vivían rodeadas de animales, leyendas y plantas que cubrían los muros del castillo. Tenían a una serpiente y un zorro como mascotas, y su madre cultivaba un jardín de rosas.
Todos estos personajes quedarían plasmados tiempo después en El Principito, la obra cumbre de Saint Exupéry. Al observar las fotos que hoy se conservan en el interior del Castillo, puesto en valor por el municipio de Concordia, el parecido de Edda Fuchs Valon, la menor de las niñas, con el dibujo del protagonista del libro, es asombroso.
En una de las vitrinas puede verse una foto del matrimonio Fuchs Valon con sus hijas junto a un joven Saint Exupéry con un cigarro en la boca y una cámara de fotos en sus manos.

En “Tierra de Hombres” (1939), otro de sus libros, Saint Exupéry describió a aquel lugar de Concordia como un “oasis” detenido en el tiempo. Sin dudas, su breve estadía en esta mágica mansión en ruinas junto a sus excéntricos y hospitalarios anfitriones, dejó una marca indeleble en el escritor.
Reserva de biodiversidad
Tras años de abandono, saqueos y un incendio que lo destruyó casi por completo, las ruinas del Castillo San Carlos fueron puestas en valor a partir de 2009 y en 2012 abrió al público como centro de interpretación.
El edificio se encuentra rodeado de un parque natural con vista al río, donde también se puede visitar una escultura de El Principito sobre su célebre asteroide, realizada por la escultora entrerriana Amanda Mayor.


El parque es hoy una reserva natural municipal de unas 80 hectáreas, que se destaca por su biodiversidad y por sus vistas al río Uruguay.
Lindero a él se encuentran la nueva Costanera Nebel de la ciudad de Concordia (reconstruída tras una reciente inundación), cuyas bicisendas y miradores invitan a pasear y a disfrutar de las playas de río.
Históricamente, la ciudad de Concordia ha sufrido periódicos desbordes del río Uruguay, cuya fisonomía y régimen de crecidas cambiaron sustancialmente a partir de la construcción de la represa binacional Salto Grande, a unos 20 kilómetros al Norte de la ciudad.
Esta megaobra de infraestructura es otro de los puntos de interés dignos de visitar en esta ciudad entrerriana, además de las termas, playas, viñedos y el colorido de su carnaval.


Cómo llegar, qué ver y dónde alojarse y comer en Concordia, Entre Ríos
Concordia se encuentra a unos 430 kilómetros de Buenos Aires. Se llega principalmente por la Ruta Nacional 14, en automóvil, micros de larga distancia (Flecha Bus, Nuevo Expreso) o avión. La ciudad cuenta con un aeropuerto internacional recientemente inaugurado, al que llegan dos vuelos semanales (martes y jueves), de la aerolínea Humming Airways.
El Castillo se puede visitar todos los días. Más información aquí.
La ciudad y sus alrededores cuentan con una variada oferta de alojamientos, como hoteles termales, apart hoteles y cabañas. Algunas propuestas son el Hotel Del Río, el Hotel Hathor y las eco-cabañas Campo Verde.
En cuanto a la gastronomía, especializada en pescados de río, se destacan el restaurante El Ciervo, en el centro de la ciudad, y el Ybiporá en las afueras. La Bodega Robinson, en tanto, ofrece catas, degustaciones y visitas al predio donde funcionó desde fines del siglo XIX y hasta la década del 30, uno de los establecimientos vitícolas más grandes de la provincia.
















