
Ubicado a unos 180 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Ernestina es uno de los tantos pueblos del interior que reflejan el impacto del cierre de los ramales ferroviarios y la transformación del campo argentino. Lo que supo ser un núcleo activo con servicios, comercios y vida social intensa, hoy se presenta con calles silenciosas y estructuras detenidas en el tiempo.
En su época de auge, a comienzos del siglo XX, la localidad ubicada en el partido de 25 de Mayo creció alrededor de la estación de tren y llegó a contar con teatro, hotel, sastrería y comercios. Incluso fue escenario de un episodio singular: en 1925, el príncipe de Gales, Eduardo VIII, hizo una parada durante su recorrido hacia la estancia Huetel, uno de los establecimientos rurales más importantes del país.
Ese pasado de esplendor aún se percibe en su arquitectura. La avenida principal, el boulevard San Martín, conserva palmeras centenarias, edificios históricos y una iglesia neogótica inaugurada en 1912. Sin embargo, muchos de esos espacios están deteriorados o directamente abandonados.

Un pueblo marcado por el ferrocarril
Hoy, la población ronda los 150 habitantes, muy lejos de los cerca de 2.000 que registraba décadas atrás. La mayoría son personas mayores, mientras que los jóvenes migran hacia ciudades en busca de estudio y trabajo.
El declive de Ernestina responde a múltiples factores. Por un lado, el desmantelamiento del sistema ferroviario, que durante años fue el eje de la actividad económica y social. Por otro, la tecnificación del agro, que redujo significativamente la necesidad de mano de obra.
A esto se suma la falta de conectividad eficiente por rutas, lo que terminó aislando a muchas localidades rurales. En la actualidad, llegar a la capital implica un coste elevado y largos traslados, lo que limita nuevas oportunidades.
A pesar de este escenario, quienes permanecen en el pueblo rechazan la etiqueta de “fantasma”. Los vecinos destacan la tranquilidad, el arraigo y la identidad local como valores que sostienen la vida comunitaria.
En los últimos años surgieron iniciativas para revertir la situación. Autoridades locales y organizaciones impulsan proyectos para reutilizar edificios históricos, como el antiguo colegio religioso, pensado como centro cultural con ferias y actividades.

Qué ver en Ernestina y por qué atrae a turistas
Además, el turismo rural aparece como una alternativa concreta. Los visitantes encuentran en Ernestina un recorrido por la historia: desde la antigua estación de tren hasta el Teatro Argentino, pasando por el llamado “asfalto real”, vinculado a la visita del príncipe.
Este tipo de propuestas busca atraer a viajeros interesados en la arquitectura, la fotografía y las escapadas de fin de semana. En ese sentido, Ernestina intenta posicionarse como un destino diferente dentro de la provincia de Buenos Aires.
Lejos de resignarse al abandono, el pueblo apuesta por recuperar su identidad y transformar su pasado en una oportunidad. Entre ruinas cargadas de historia y nuevos proyectos, Ernestina busca volver a tener movimiento, aunque ahora con otro ritmo.
Cómo llegar a Ernestina desde CABA
Para llegar a Ernestina (partido de 25 de Mayo) desde CABA en auto, la ruta más directa es a través de la Autopista Ezeiza-Cañuelas y la Ruta Nacional 205. El viaje dura aproximadamente 2 horas y 36 minutos para recorrer una distancia de 161 kilómetros.

















