Plaza Serrano ya no se llama así: la historia del nombre que Palermo nunca dejó de usar

Su antiguo nombre sigue vivo en la memoria porteña y revela una historia que mezcla calles que cambiaron de identidad, homenajes literarios y el pasado bohemio de Palermo Soho.

Revela una historia que mezcla calles que cambiaron de identidad, homenajes literarios
Revela una historia que mezcla calles que cambiaron de identidad, homenajes literarios Foto: Turismo Buenos Aires
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Durante décadas, miles de porteños y turistas la llamaron, y la siguen llamando, Plaza Serrano. Es uno de los puntos más reconocidos de Palermo, epicentro de bares, ferias, diseño independiente, salidas nocturnas y postales urbanas. Sin embargo, hay un dato que muchos desconocen: oficialmente ya no se llama Plaza Serrano, sino Plaza o Plazoleta Julio Cortázar, en homenaje al autor de Rayuela. El Gobierno de la Ciudad la identifica como Plaza Julio Cortázar y la ubica en el cruce de Jorge Luis Borges y Honduras, en pleno Palermo Soho.

El nombre que sobrevivió al cambio oficial

La explicación más simple del origen de “Plaza Serrano” está en el mapa antiguo de Palermo: la plazoleta tomó ese nombre popular porque se encontraba junto a la calle Serrano, denominación que durante años identificó a una de las arterias clave del barrio. Con el tiempo, un tramo de esa calle cambió su nombre por Jorge Luis Borges, especialmente el sector que va desde Honduras hasta avenida Santa Fe, en homenaje al escritor que vivió su infancia en Palermo.

Así nació una curiosidad porteña: la plaza cambió de nombre, la calle también, pero el habla popular conservó “Serrano”. Por eso, aunque los carteles oficiales remiten a Cortázar y la esquina ya no tenga a Serrano como protagonista en ese tramo, la memoria colectiva siguió usando el nombre anterior. En Buenos Aires, a veces, el uso cotidiano pesa tanto como una ordenanza.

Quién fue Serrano y por qué una calle llevaba ese nombre

El apellido Serrano no apareció por casualidad en la Ciudad. La antigua calle recordaba a José Mariano Serrano, figura ligada a los procesos independentistas sudamericanos. Nacido en Chuquisaca en 1788, Serrano participó de la vida política del período revolucionario, fue diputado por Charcas en la Asamblea del Año XIII y también intervino en el Congreso de Tucumán de 1816. Incluso se lo vincula con la redacción del Acta de la Independencia en español, quechua y aymara.

Serrano, el hombre del 9 de Julio que le dio el nombre más famoso Foto: Wikipedia

Ese trasfondo histórico hace que el nombre “Plaza Serrano” tenga una raíz mucho más profunda que la simple referencia comercial o turística que hoy se asocia al lugar. Detrás del nombre hay independencia, política, literatura y transformación urbana.

De Palermo Viejo a Palermo Soho

Antes de convertirse en una de las zonas más buscadas por turistas, diseñadores y gastronómicos, el área formaba parte del viejo Palermo de casas bajas, talleres, comercios barriales y calles adoquinadas. A partir de la década de 1980, la zona empezó a transformarse con la llegada de artistas, artesanos, bares y espacios culturales. Ese proceso terminó consolidando lo que hoy se conoce como Palermo Soho, una denominación inspirada en el SoHo neoyorquino, asociada al diseño, la moda y la reconversión de antiguas casas en locales, galerías y restaurantes.

el pasado bohemio de Palermo Soho. Foto: Turismo Buenos Aires

La plazoleta se volvió el corazón de ese circuito. Los fines de semana, la feria artesanal y de diseño le dio identidad propia, mientras que por la noche los bares y restaurantes terminaron de convertirla en un punto de encuentro permanente. El sitio oficial de Turismo porteño la describe como el centro de las tiendas de diseño de vanguardia, rodeada de bares, restaurantes y galerías.

Por qué ahora se llama Julio Cortázar

En 1994, la antigua Plaza Serrano fue rebautizada como Plazoleta Julio Cortázar, en homenaje a uno de los escritores argentinos más influyentes del siglo XX. Cortázar, autor de Rayuela, Bestiario y Final del juego, quedó asociado simbólicamente a ese Palermo bohemio, literario y nocturno. Diversas reseñas históricas del barrio señalan que el cambio buscó reconocer su obra y su vínculo con los paisajes urbanos porteños.

Su antiguo nombre sigue vivo en la memoria porteña Foto: Turismo Buenos Aires

El homenaje también se ve en uno de los símbolos más fotografiados del lugar: la rayuela pintada en el piso, una referencia directa a la novela más famosa de Cortázar. El Gobierno porteño destaca esa curiosidad como parte del atractivo cultural de la plaza.

Borges, Cortázar y una esquina con dos gigantes de la literatura

Pocas esquinas porteñas concentran tantos guiños literarios. La plazoleta lleva el nombre de Julio Cortázar, mientras que una de sus calles principales recuerda a Jorge Luis Borges. Ese cruce no es menor: Borges vivió de chico en la antigua calle Serrano, cerca de la zona que hoy lleva su nombre, y Palermo fue un escenario fundamental en su imaginario literario.

De alguna manera, la vieja Plaza Serrano quedó atrapada entre dos nombres: el popular, que resiste desde la memoria barrial, y el oficial, que rinde tributo a Cortázar. Serrano, Borges y Cortázar conviven en una misma postal, como si la ciudad hubiera decidido guardar capas de historia en apenas unas cuadras.

La plaza que ya no se llama así, pero que nadie dejó de nombrar

Aunque los mapas oficiales digan Plaza Julio Cortázar, para buena parte de Buenos Aires sigue siendo Plaza Serrano. Ese fenómeno revela algo típico de la identidad porteña: los nombres institucionales pueden cambiar, pero los barrios conservan sus propias formas de nombrar.

Plaza Serrano Foto: Turismo Buenos Aires

Hoy, el lugar sigue siendo uno de los puntos más visitados de Palermo. En 2023, el Gobierno de la Ciudad realizó trabajos complementarios en la Plazoleta Julio Cortázar, con ampliación de aceras, nivelación de calzada, renovación del mobiliario urbano, mejoras en solados y un proyecto paisajístico con nueva superficie verde.

Por eso, la historia de Plaza Serrano no es solo la historia de un cambio de nombre. Es también la historia de cómo Palermo pasó de barrio bajo y bohemio a vidriera internacional; de cómo una calle homenajeó a un prócer independentista, luego a Borges, y de cómo una plazoleta terminó llevando el nombre de Cortázar sin perder su apodo original.