Mar de las Pampas: la historia del pueblo bonaerense que nació de la arena y hoy busca estar entre los mejores del mundo

El pueblo bonaerense que nació entre médanos y hoy combina bosque, playa y calma, fue elegido para representar a la Argentina en Best Tourism Villages 2026, la iniciativa de ONU Turismo que distingue destinos con identidad, naturaleza y desarrollo sostenible.

Mar de las Pampas combina bosque, playa y calma
Mar de las Pampas combina bosque, playa y calma Foto: Instagram @mardelaspampas
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Mar de las Pampas fue seleccionada como una de las localidades argentinas que representarán al país en la edición 2026 de Best Tourism Villages, la iniciativa de ONU Turismo que distingue a pequeños destinos por su identidad, patrimonio natural, sostenibilidad y participación comunitaria. La Secretaría de Turismo y Ambiente de la Nación eligió ocho pueblos entre 56 postulaciones de 19 provincias, y entre ellos aparece este rincón del partido de Villa Gesell, reconocido por su bosque, sus médanos, sus calles de arena y una filosofía que parece simple, pero encierra décadas de historia: “vivir sin prisa”.

De un paisaje de médanos a un bosque junto al mar

Antes de convertirse en uno de los destinos más buscados de la costa bonaerense, Mar de las Pampas era un territorio dominado por dunas móviles, viento y arena. Su historia moderna comenzó en abril de 1957, cuando se remataron tierras ubicadas frente al mar, entre Mar del Plata y Pinamar. Los lotes fueron adquiridos por Antonio Vázquez, Manuel Rico y Jacobo Zceltman, quienes imaginaron un balneario diferente al modelo tradicional de la costa atlántica.

Mar de las Pampas, el pueblo bonaerense que nació entre médanos Foto: Instagram @mardelaspampas

El desafío no era menor: había que fijar los médanos antes de pensar en calles, casas o visitantes. Para eso se recurrió a experiencias cercanas como las de Villa Gesell, Cariló y Pinamar, localidades que también habían enfrentado el avance permanente de la arena. Bajo la dirección de los ingenieros agrónomos Moretti y Takacs, comenzó un trabajo paciente de forestación con semillas, arbustos, pastos y plantines.

La batalla silenciosa contra la arena

La postal actual de Mar de las Pampas, pinos, álamos, acacias, eucaliptos, cipreses y senderos en sombra, esconde una verdadera epopeya ambiental. Durante años, los primeros trabajadores del lugar debieron recomenzar una y otra vez las tareas de fijación porque los vientos y las tormentas podían destruir en pocas horas lo realizado durante semanas.

Esa lucha silenciosa moldeó el carácter del pueblo. El bosque no fue un accidente ni una decoración turística: fue la condición necesaria para que Mar de las Pampas pudiera existir. La elección de forestar no solo buscaba embellecer el paisaje, sino también estabilizar el suelo, proteger el futuro trazado urbano y crear un refugio natural donde antes predominaban la arena suelta y el clima áspero del litoral atlántico.

El diseño urbano que decidió respetar la naturaleza

En un principio, la urbanización fue pensada con manzanas cuadradas, como tantos otros loteos bonaerenses. Sin embargo, hacia 1969 se comprendió que ese esquema rígido no se adaptaba al relieve original de cordones de dunas y pequeños valles boscosos. El proyecto fue rediseñado y, en 1971, la Provincia de Buenos Aires aprobó el plano actual, con calles sinuosas que acompañan el terreno en lugar de modificarlo por completo.

La iniciativa de ONU Turismo que distingue destinos con identidad, naturaleza y desarrollo sostenible Foto: Instagram @mardelaspampas

Esa decisión explica buena parte de la identidad que hoy diferencia al destino. Las calles de arena, la ausencia de grandes avenidas costeras y la integración de la arquitectura con el bosque no son gestos casuales: forman parte de una idea fundacional. Mar de las Pampas creció con una lógica distinta, donde la urbanización debía adaptarse al paisaje y no al revés.

“Vivir sin prisa”: una marca que nació antes del marketing

La frase “vivir sin prisa” se convirtió en una síntesis perfecta del espíritu local. Pero lejos de ser solo un slogan turístico, expresa una forma de habitar que se fue construyendo desde los primeros años: calles sin semáforos, caminatas entre árboles, playas amplias, construcciones bajas y una comunidad que defiende el equilibrio entre turismo y tranquilidad.

Elegido para representar a la Argentina en Best Tourism Villages 2026 Foto: Instagram @mardelaspampas

La postulación a Best Tourism Villages llega, justamente, porque ONU Turismo busca reconocer pueblos de pequeña escala que preserven sus valores culturales y naturales, impulsen el desarrollo local y mantengan una relación responsable con su entorno. En el caso argentino, la selección nacional incluyó a Mar de las Pampas junto con Cachi, El Trapiche, Puerto Pirámides, Tafí del Valle, Villa General Belgrano, Villa Sanagasta y Zenón Pereyra.

La Reserva Faro Querandí, otro tesoro natural cercano

Uno de los grandes valores ambientales de la zona es su cercanía con la Reserva Natural Municipal Faro Querandí, ubicada al sur del partido de Villa Gesell. Este espacio protege más de 5.700 hectáreas de dunas, pastizales, bañados y playas, con unos 21 kilómetros de litoral marítimo.

La reserva cumple funciones clave: conserva ambientes costeros, protege la línea de costa, favorece la recarga de arena después de tormentas y resguarda especies como la monjita dominica y la lagartija de las dunas. En ese marco, Mar de las Pampas no solo se posiciona como un destino de descanso, sino también como puerta de entrada a uno de los ecosistemas dunícolas más valiosos de la provincia de Buenos Aires.

Un pueblo joven con memoria larga

Aunque la localidad es relativamente joven en comparación con otros destinos históricos del país, su identidad se apoya en una memoria muy concreta: la transformación de un territorio casi inhabitable en un pueblo turístico de baja escala, con fuerte impronta comunitaria y ambiental. La comercialización de parcelas comenzó hacia 1979, después de más de dos décadas de trabajos de forestación, fijación de médanos y planificación urbana.

Hoy, Mar de las Pampas combina alojamientos integrados al bosque, paseos comerciales de estética rústica, gastronomía, caminatas, bicicleta, playa y silencio. Pero su mayor atractivo sigue siendo aquello que no se puede construir de un día para otro: una atmósfera propia, reconocible, protegida por vecinos y visitantes que entienden que el valor del lugar está en no parecerse a ningún otro.

Por qué Mar de las Pampas puede conquistar al mundo

La nominación internacional no premia únicamente la belleza del paisaje. También pone bajo la lupa una pregunta central para el turismo actual: ¿cómo crecer sin destruir lo que hace único a un destino? Mar de las Pampas parece tener una respuesta posible: crecer con límites, cuidar el bosque, preservar los médanos, evitar la masificación y sostener una experiencia donde el tiempo se desacelera.

Por eso, este pueblo bonaerense que nació de la arena hoy mira al mundo con una historia singular. Lo que alguna vez fue un terreno de dunas salvajes se convirtió en un símbolo de turismo sostenible, identidad costera y memoria colectiva. Y quizás ahí esté la clave de su encanto: Mar de las Pampas no invita solo a visitar un lugar, sino a entrar en otro ritmo.