Buenos Aires suma un nuevo reconocimiento internacional gracias a “Chacagiales”, el nombre informal con el que se identifica al corredor que une sectores de Chacarita y Colegiales. La zona fue destacada por la publicación británica Time Out en su selección de los barrios más “cool” del mundo.
La elección puso el foco en un rincón porteño que durante los últimos años comenzó a competir con Palermo por su propuesta cultural y gastronómica. Sin embargo, su atractivo no depende solamente de los restaurantes, bares de vinos o cafeterías de especialidad.
Calles empedradas, casas bajas, talleres, murales, mercados y vecinos de toda la vida forman parte de una identidad que todavía conserva el ritmo de barrio. Ese equilibrio entre tradición y modernidad es una de las claves que explican su creciente popularidad.
“Chacagiales”: el barrio que no existe, pero todos quieren visitar
El nombre “Chacagiales” no corresponde a una división oficial de la Ciudad de Buenos Aires. Se trata de una denominación cultural y comercial surgida de la unión entre Chacarita y Colegiales.
Su centro se extiende alrededor de avenidas como Dorrego, Álvarez Thomas, Elcano y Federico Lacroze. Allí conviven antiguos galpones con restaurantes de autor, espacios culturales, tiendas de diseño y pequeños comercios independientes.

A diferencia de otras áreas turísticas, la transformación avanzó sin borrar completamente la identidad residencial. En una misma cuadra pueden encontrarse una vivienda centenaria, un taller mecánico, una cafetería moderna y un almacén tradicional.
Una historia que comenzó hace más de cuatro siglos
Aunque parezca una invención reciente, la unión entre ambos barrios tiene raíces históricas. Durante el siglo XVII, esas tierras formaban parte de una extensa zona rural vinculada con la Compañía de Jesús.
Los jesuitas utilizaban el lugar para actividades productivas y como sitio de descanso de los estudiantes del Colegio San Ignacio. Por ese motivo, el área comenzó a ser conocida como “la Chacarita de los Colegiales”.
La palabra “chacarita” deriva del diminutivo de “chácara” o “chacra”, término asociado con una quinta o granja. “Colegiales”, en cambio, hacía referencia a los alumnos que pasaban allí sus vacaciones.
Con el crecimiento de Buenos Aires, aquellas tierras terminaron divididas en barrios independientes. Más de 400 años después, “Chacagiales” vuelve a unir simbólicamente dos lugares que tuvieron un origen común.
El cementerio que cambió para siempre a Chacarita
La historia de Chacarita también quedó marcada por la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Ante el colapso de los cementerios porteños, las autoridades habilitaron tierras alejadas del centro para sepultar a las víctimas.

Ese antecedente dio origen al actual Cementerio de la Chacarita, el más grande de Buenos Aires. Su trazado fue proyectado por el ingeniero y arquitecto Juan Antonio Buschiazzo y contiene mausoleos, esculturas y panteones pertenecientes a diferentes colectividades.
Allí descansan figuras fundamentales de la cultura argentina, entre ellas Carlos Gardel, Aníbal Troilo, Benito Quinquela Martín y Alfonsina Storni.
Colegiales, el ferrocarril y un mercado lleno de secretos
En Colegiales, el ferrocarril desempeñó un papel decisivo. Las vías y los puentes modificaron el paisaje y favorecieron la aparición de depósitos, comercios y viviendas.
Uno de los principales símbolos de esa identidad es el Mercado de las Pulgas. El gran galpón funcionó originalmente como mercado de frutas y verduras, pero fue recuperado en 1988 como espacio dedicado a antigüedades, muebles, lámparas, obras de arte y objetos de colección.

Luego de cerrar temporalmente por problemas estructurales, fue remodelado y reabrió en 2011. Hoy sus más de 160 puestos conforman uno de los paseos más característicos de la zona.
Por qué “Chacagiales” cautivó a los ingleses
El reconocimiento internacional no responde a una única atracción. Su principal fortaleza está en la mezcla: historia colonial, arquitectura ferroviaria, gastronomía contemporánea, arte urbano y vida vecinal.
La zona permite tomar un café, recorrer un mercado de antigüedades, descubrir murales, comer en un restaurante moderno y terminar la jornada en un bar pequeño, todo sin abandonar la sensación de estar en un barrio tradicional.
“Chacagiales” demuestra que Buenos Aires todavía tiene lugares capaces de sorprender al mundo. No figura oficialmente en los mapas, pero concentra más de cuatro siglos de historia y una de las transformaciones urbanas más llamativas de la ciudad.

















