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El histórico café de Boedo que cautivó a Perón: tiene más de 120 años y sirve un sándwich que es leyenda

En una emblemática esquina porteña funciona Café Margot, un bar que atravesó gran parte de la historia de Buenos Aires. Por sus mesas pasaron escritores, boxeadores y figuras políticas, pero su mayor secreto continúa escondido entre dos panes.

Café Margot
Café Margot Foto: Instagram @rutadelastradiciones.arg
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En Boedo existen rincones capaces de contar la historia de Buenos Aires sin necesidad de abrir un libro. Uno de ellos se encuentra en la esquina de la avenida Boedo y el pasaje San Ignacio, donde funciona Café Margot, un establecimiento que mantiene vivo el espíritu de los antiguos bares porteños.

El lugar es conocido por su ambiente tradicional, sus vínculos con la cultura del barrio y una especialidad gastronómica que habría cautivado a Juan Domingo Perón: el famoso sándwich de pavita al escabeche.

Más de 120 años de historia en una esquina de Boedo

El edificio donde funciona Café Margot fue construido en 1904 por el inmigrante genovés Lorenzo Berisso. En aquel momento, el actual pasaje San Ignacio todavía era conocido como Camio y Boedo comenzaba a consolidarse como uno de los barrios más activos de la ciudad.

Antes de transformarse en café, el local pasó por distintas etapas. Allí funcionaron una despensa con despacho de bebidas, una bombonería con fábrica abierta al público y, durante la década de 1940, la recordada Confitería Trianón.

La esquina fue testigo del crecimiento de un barrio atravesado por el tango, la literatura, el teatro, la política y el fútbol. Su salón se convirtió progresivamente en un punto de encuentro para trabajadores, artistas, escritores e hinchas de San Lorenzo.

El sándwich de pavita que se convirtió en una leyenda porteña

Durante los años cuarenta, Gabino Torres y su esposa María, responsables de la Confitería Trianón, comenzaron a preparar un producto que cambiaría para siempre la historia del establecimiento: el sándwich de pavita al escabeche.

Bares
Sándwich de pavita Foto: Instagram @agustinacanaparo

La receta tradicional combina pan casero, pavita al escabeche, tomate y lechuga. Algunas versiones pueden incluir huevo y diferentes aderezos, aunque el procedimiento completo continúa siendo uno de los secretos mejor guardados del lugar.

El plato rápidamente ganó popularidad entre los vecinos y las personas que recorrían la avenida Boedo antes o después de asistir a los cines y teatros de la zona. Con el paso de los años, dejó de ser solamente una comida y se transformó en un símbolo gastronómico del barrio.

La inesperada visita de Juan Domingo Perón

La anécdota más popular del café está relacionada con Juan Domingo Perón. Según la historia transmitida por los vecinos y responsables del establecimiento, durante la década de 1950 el entonces presidente circulaba por la avenida Independencia cuando le habría pedido a su chofer que se desviara hasta Boedo.

Café Margot, en Boedo, CABA. Foto: Turismo Buenos Aires.
Café Margot, en Boedo, CABA. Foto: Turismo Buenos Aires.

El motivo no habría sido un compromiso político ni una reunión oficial. Perón quería probar el célebre sándwich de pavita cuya fama ya circulaba por distintos puntos de Buenos Aires.

No existe un registro oficial detallado que permita comprobar completamente el episodio. Por eso, la historia se mantiene como una leyenda de la tradición oral porteña. Sin embargo, el relato sobrevivió durante décadas y terminó convirtiéndose en una parte indispensable de la identidad de Café Margot.

Escritores, boxeadores y tangueros entre sus mesas

La riqueza histórica del bar no depende únicamente de aquella supuesta visita presidencial. Por sus mesas también habrían pasado reconocidas figuras de la cultura, el deporte y la política argentina.

Entre los nombres vinculados con el establecimiento aparecen Alfredo L. Palacios, Raúl González Tuñón, Gustavo Riccio, Isidoro Blaisten, José Sanfilippo y Oscar “Ringo” Bonavena.

También se recuerda la presencia del boxeador José María “Mono” Gatica, quien habría llegado al lugar en un llamativo Cadillac rojo. La esquina quedó relacionada, además, con referentes del tango como Julio De Caro y Homero Manzi.

Boedo fue históricamente un barrio de cafés, peñas, teatros y discusiones políticas. Las mesas de estos establecimientos funcionaban como verdaderos espacios de intercambio cultural. Café Margot consiguió preservar buena parte de esa identidad.

Un bar que conserva la esencia del antiguo Buenos Aires

El establecimiento adoptó el nombre Café Margot en 1994, aunque mantuvo el legado de los comercios que habían ocupado anteriormente la propiedad.

Su interior conserva mobiliario de madera, un mostrador de mármol, pisos en damero, ladrillos a la vista, botellas antiguas y publicidades de época. Estos elementos le otorgan una atmósfera particular, similar a la de los tradicionales bodegones porteños.

Café Margot, en Boedo, CABA. Foto: Turismo Buenos Aires.
Café Margot, en Boedo, CABA. Foto: Turismo Buenos Aires.

El valor cultural del café recibió distintos reconocimientos. Fue distinguido por la Junta de Estudios Históricos de Boedo, declarado Testimonio Vivo de la Memoria Ciudadana y reconocido como un espacio de interés cultural. También forma parte del circuito de Bares Notables de la Ciudad de Buenos Aires.

Qué comer en Café Margot

Aunque el sándwich de pavita continúa siendo su gran protagonista, la carta reúne otras preparaciones vinculadas con la cocina porteña. Entre sus opciones aparecen picadas, tortillas, pastas, guisos, lomitos, medialunas y postres tradicionales.

La propuesta busca sostener el espíritu de los antiguos bodegones, con sabores reconocibles y platos relacionados con la cocina familiar. Sin embargo, quienes visitan el lugar por primera vez suelen compartir un mismo objetivo: probar la especialidad que habría provocado el inesperado desvío de Perón.

Café Margot se encuentra en avenida Boedo 857, esquina con el pasaje San Ignacio. Visitarlo significa ingresar a una construcción centenaria y acercarse a una historia marcada por la política, la literatura, el tango y el deporte.

Entre las huellas de sus visitantes ilustres y el aroma de la pavita al escabeche, este café demuestra que una parte de la historia de Buenos Aires todavía puede servirse entre dos panes.

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