
En el sur porteño existe una avenida que concentra varios siglos de historia en apenas 23 cuadras. Se trata de la avenida Manuel Augusto Montes de Oca, una arteria que nace en la avenida Caseros, como continuación de Bernardo de Irigoyen, y termina junto al Riachuelo, en la avenida Don Pedro de Mendoza.
Su recorrido atraviesa de punta a punta el barrio de Barracas y conserva testimonios del período colonial, las Invasiones Inglesas, la epidemia de fiebre amarilla y el posterior desarrollo industrial de Buenos Aires.
De camino colonial a la Calle Larga de Barracas
Antes de recibir su nombre actual, la avenida formó parte del Camino a la Ensenada de Barragán y Pampas, una ruta que comunicaba el pequeño centro de Buenos Aires con los territorios ubicados al sur.
Con el crecimiento de la zona fue conocida como Santa Lucía, por la capilla situada en sus cercanías, y más tarde recibió su denominación más popular: Calle Larga de Barracas.

A sus costados se encontraban quintas de recreo pertenecientes a familias destacadas como los Álzaga, Cambaceres, Guerrero y Díaz Vélez. Eran grandes propiedades con jardines, árboles, caballerizas y residencias utilizadas para descansar lejos del centro porteño.
La actual Plaza Colombia, por ejemplo, ocupa parte de los terrenos que pertenecieron a Martín de Álzaga, protagonista de la resistencia durante las Invasiones Inglesas. En las inmediaciones también se encuentra la iglesia de Santa Felicitas, levantada en memoria de Felicitas Guerrero, asesinada en 1872.
La avenida por la que pasaron soldados y carros fúnebres
La Calle Larga también fue escenario de algunos de los momentos más dramáticos de la ciudad. Por allí marcharon soldados durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, además de circular carretas, comerciantes y jinetes que viajaban hacia el Riachuelo.

Décadas después, la avenida quedó asociada con la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Por sus cuadras avanzaron carros cargados con enfermos y cadáveres, mientras las familias adineradas abandonaban el sur para instalarse en sectores más alejados.
La epidemia provocó 13.614 muertes y aceleró la transformación social de Barracas. Muchas antiguas residencias fueron vendidas o subdivididas, mientras inmigrantes y trabajadores comenzaron a instalarse cerca de las nuevas fábricas.
Quién fue Manuel Augusto Montes de Oca
La avenida homenajea al médico Manuel Augusto Montes de Oca, nacido en Buenos Aires el 15 de diciembre de 1831. Después de estudiar medicina en Río de Janeiro, regresó al país y desarrolló una destacada carrera profesional.
En 1867 fue director del Lazareto de Coléricos y, durante la epidemia de 1871, redactó instrucciones para enfrentar la fiebre amarilla. En aquella época todavía se desconocía que la enfermedad era transmitida por el mosquito Aedes aegypti.
Montes de Oca también integró la Academia de Medicina, fue legislador y se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores. En 1883, la antigua Calle Larga recibió su nombre como reconocimiento a su trayectoria y a su intervención durante las emergencias sanitarias que afectaron a Buenos Aires.
Una avenida con peaje en el siglo XIX
Uno de los datos más curiosos de Montes de Oca es que tuvo un sistema similar al de una concesión vial moderna. En 1870 se firmó un contrato para adoquinar el camino entre Caseros y el Riachuelo.

A cambio de la obra, el concesionario podía cobrar peaje durante 20 años. La tarifa variaba según los carros fueran tirados por caballos o por bueyes. Sin embargo, el sistema fue suspendido en 1885 debido al deterioro de la calzada.
La columna vertebral de Barracas
A lo largo de la avenida todavía sobreviven edificios que revelan su pasado. Entre ellos aparecen el Hospital Pedro de Elizalde, el Palacio Díaz Vélez, la antigua residencia de Eugenio Cambaceres, la Plaza Colombia y el edificio donde funcionó la fábrica Bagley.
Con el paso del tiempo, Barracas dejó atrás su paisaje de quintas y se convirtió en uno de los principales centros industriales de Sudamérica. Allí se instalaron grandes fábricas textiles, alimenticias, automotrices y de calzado, acompañadas por la llegada masiva de trabajadores.
En la actualidad, Montes de Oca continúa siendo la columna vertebral del barrio. Bajo su tránsito cotidiano permanece la memoria de aquel camino colonial que vio pasar soldados, epidemias, carruajes e inmigrantes.
Más que una avenida, es una línea de tiempo de Buenos Aires: nació entre quintas aristocráticas, atravesó las grandes tragedias del siglo XIX y terminó llevando el nombre de uno de los médicos que enfrentaron la peor epidemia de la historia porteña.





















