
En una esquina de Barracas se encuentra un bodegón capaz de transportar a sus visitantes hacia otra época. Se trata de El Puentecito, un establecimiento cuyos orígenes se remontan a 1750, cuando la zona estaba vinculada con el movimiento de carretas, mercaderías y viajeros.
Mucho antes de convertirse en un restaurante, el lugar funcionó como pulpería, posta de carretas, almacén, despacho de bebidas, fonda y posada. Su cercanía con el Riachuelo lo transformó en una parada estratégica para quienes entraban o salían de la antigua Buenos Aires.
De posta de viajeros a bodegón de Barracas
Durante el siglo XVIII, Barracas tenía una intensa actividad comercial relacionada con el puerto del Riachuelo. En ese escenario nació El Puentecito, llamado así por su proximidad a uno de los pasos que comunicaban la ciudad con la provincia de Buenos Aires.

Aunque el origen del establecimiento se ubica en 1750, su consolidación como restaurante se produjo alrededor de 1873. Una de sus principales particularidades es que nunca abandonó su ubicación original, algo poco frecuente entre los negocios gastronómicos más antiguos de la ciudad.
El edificio fue ampliándose con el paso del tiempo, pero aún conserva rastros de sus primeros años. Entre ellos aparece una antigua matera, espacio donde los gauchos descansaban y tomaban mate. También se encontró un pozo que habría sido utilizado para mantener frías las bebidas antes de la llegada de las heladeras.
Los secretos que conserva el restaurante
Las paredes de El Puentecito guardan fotografías, banderines y objetos que reconstruyen diferentes etapas de la historia porteña. Sus salones mantienen sillas estilo Thonet, manteles blancos, bandejas de metal y antiguos recipientes para almacenar bebidas.

La etapa moderna del bodegón comenzó en 1958, cuando Fernando Hermida, inmigrante español y exmarino, se incorporó al establecimiento. Desde entonces, el lugar mantuvo una propuesta influenciada por la cocina española, pero también por las recetas más clásicas de Buenos Aires.
Su valor no pasa únicamente por la gastronomía. En 2018, la Legislatura porteña lo declaró de Interés Cultural, en reconocimiento a su relevancia arquitectónica, culinaria e histórica.
Qué se puede comer en El Puentecito
La carta conserva el espíritu de los bodegones tradicionales: platos abundantes, recetas familiares y porciones pensadas para compartir. Entre las especialidades se destacan:
- Paella y pescados
- Rabas y mejillones a la provenzal
- Asado de tira
- Milanesas
- Costillitas de cerdo a la riojana
- Tortillas y calamaretti

Durante el invierno también se incorporan platos de olla, como lentejas españolas, mondongo y locro salteño. Para el postre aparecen clásicos como flan casero, tarantela, panqueques, copa Melba y Don Pedro.
Dónde queda este histórico bodegón de CABA
El Puentecito está ubicado en Luján 2101, en Barracas, cerca del Riachuelo y del límite con Avellaneda. El restaurante cuenta con varios salones y sectores que todavía conservan huellas de la antigua posta de viajeros.
Más de 270 años después de sus comienzos, ya no llegan carretas ni se utilizan pozos para enfriar las bebidas. Sin embargo, permanece intacto un ritual profundamente porteño: sentarse alrededor de una mesa, pedir un plato abundante y descubrir las historias que todavía viven entre sus paredes.




















