
A pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires existe una localidad donde la inmigración vasca, el fútbol y la producción de jamón crudo forman parte de una misma historia. Se trata de Marcos Paz, la ciudad natal de Rodolfo “el Vasco” Arruabarrena y uno de los principales puntos de referencia gastronómica de la provincia.
Su identidad comenzó a transformarse durante el siglo XIX, cuando la llegada del ferrocarril facilitó el establecimiento de familias europeas dedicadas al trabajo rural. Con el paso del tiempo, aquellas raíces se mezclaron con el crecimiento de la ganadería, los tambos y la elaboración de alimentos.
El tren que cambió la historia de Marcos Paz
En sus comienzos, el territorio de Marcos Paz formaba parte del antiguo paraje arroyo La Paja, perteneciente al partido de Merlo. Era una zona de campos poco poblados, atravesada por huellas rurales y caminos utilizados por carros y jinetes.

El gran cambio ocurrió el 24 de diciembre de 1870, cuando llegó el primer tren. El ferrocarril permitió el arribo de inmigrantes vascos, españoles, portugueses, italianos, irlandeses y japoneses, quienes desarrollaron emprendimientos agrícolas, hortícolas y ganaderos.
Ocho años después, el 25 de octubre de 1878, Marcos Paz se constituyó como partido independiente. Su nombre homenajea a Marcos Paz, vicepresidente argentino fallecido durante la epidemia de cólera.
La inmigración vasca y el origen de un apodo famoso
La colectividad vasca dejó una marca profunda en la localidad. Uno de sus descendientes más conocidos es Rodolfo Martín Arruabarrena, exfutbolista y entrenador nacido en Marcos Paz, recordado por sus pasos por Boca Juniors y Villarreal.

Su apodo, “el Vasco”, surgió por el origen de su apellido y porque muchas personas tenían dificultades para pronunciarlo. Arruabarrena contó que la familia de su padre provenía de Guipúzcoa y que su bisabuelo emigró a la Argentina por razones laborales.
El vínculo también aparece por parte de su madre: su segundo apellido es Haristeguy, asociado con el País Vasco francés. La familia mantuvo una relación activa con Zuhaitzaren Herria, la Euskal Etxea local, cuyo nombre puede traducirse como “el pueblo del árbol”.

Esta denominación se relaciona con otro nombre representativo de Marcos Paz:“Pueblo del Árbol”, expresión atribuida al poeta local Mario J. Grand.
Cómo el jamón crudo se convirtió en un símbolo
El perfil rural de Marcos Paz favoreció el desarrollo de establecimientos ganaderos, tambos y emprendimientos vinculados con la producción porcina. Con el tiempo, la elaboración de jamón crudo y otros chacinados comenzó a ocupar un lugar central en la economía y la cultura local.

Desde 2010, la ciudad celebra la Fiesta Regional del Jamón, una propuesta que reúne gastronomía, productores, espectáculos y actividades familiares. En 2015, Marcos Paz fue declarada Capital Provincial del Jamón Crudo.
Durante 2022 también se presentó un proyecto en la Cámara de Diputados para reconocerla como Capital Nacional del Jamón Crudo Argentino. La iniciativa pretendía fortalecer el turismo gastronómico, incentivar la producción y agregar valor a la actividad rural.
Una ciudad con alma de pueblo
La identidad de Marcos Paz se construyó sobre una combinación particular: el tren acercó a los inmigrantes, las familias trabajaron la tierra y la producción rural dio origen a una tradición gastronómica propia.
En ese recorrido también aparece el “Vasco” Arruabarrena, heredero de una familia que conservó sus raíces europeas y llevó el nombre de su ciudad natal a importantes estadios del mundo.
Hoy, entre los recuerdos ferroviarios, la cultura vasca y el aroma del jamón crudo, Marcos Paz conserva su espíritu semirrural y una historia que todavía puede descubrirse a pocos kilómetros de la Capital Federal.



















