
La figura de José de San Martín suele estar vinculada con el cruce de los Andes, las campañas militares y la independencia de varios territorios sudamericanos. Sin embargo, el prócer también estaba convencido de que la libertad debía sostenerse mediante la educación y el acceso al conocimiento.
Esa idea quedó reflejada en la creación de la Sociedad Biblioteca Mendocina, antecedente de la actual Biblioteca Pública General San Martín. El Libertador respaldó el proyecto y colaboró con libros pertenecientes a su colección personal, un gesto que marcó para siempre su relación con la institución.
La biblioteca abrió sus puertas el 9 de julio de 1822, exactamente seis años después de la Declaración de la Independencia. La coincidencia no fue menor: en un territorio que buscaba organizarse después de romper el dominio colonial, facilitar el acceso a los libros representaba otra forma de emancipación.
El proyecto cultural que apoyó San Martín
La biblioteca nació como resultado del impulso de ciudadanos mendocinos interesados en divulgar lo que su reglamento calificaba como “conocimientos útiles”.
Las normas de la Sociedad Biblioteca Mendocina fueron sancionadas el 11 de marzo de 1822. Posteriormente, 31 socios fundadores asumieron el compromiso de sostener el establecimiento mediante donaciones de libros, útiles y dinero.

Entre los impulsores se encontraban Tomás Godoy Cruz, Pedro Molina, Juan Crisóstomo Lafinur y Agustín Delgado, designado como primer secretario. José de San Martín fue reconocido como socio fundador por su tarea en favor de la cultura durante su período como gobernador intendente de Cuyo.
Los libros que envió desde Lima
Cuando se enteró de la creación de la biblioteca, San Martín se encontraba lejos de Mendoza. A pesar de la distancia, decidió respaldar la iniciativa con el envío desde Lima de una valiosa colección de libros personales.

El prócer consideraba que las bibliotecas cumplían una función esencial en la formación ciudadana. Su interés por la lectura revela una faceta menos conocida de su vida: entendía que una victoria militar podía terminar con un dominio político, pero que construir una sociedad verdaderamente libre requería educación y pensamiento crítico.
Los ejemplares enviados a Mendoza no fueron solamente una donación. Formaban parte de un proyecto destinado a evitar que el conocimiento quedara encerrado en colecciones privadas o reservado para una minoría.
Una biblioteca construida mediante donaciones
El patrimonio inicial de la institución se formó gracias al esfuerzo colectivo. Vecinos, integrantes de la sociedad y ciudadanos extranjeros entregaron libros y dinero para sostener el establecimiento. Durante los primeros años consiguieron reunir aproximadamente un millar de volúmenes.

En una época en la que los libros eran objetos costosos y difíciles de trasladar, la posibilidad de acceder gratuitamente a ellos significó una transformación cultural para Mendoza.
Con el paso del tiempo, la institución adoptó el nombre de Biblioteca Pública General San Martín, como reconocimiento al hombre que impulsó la educación y acompañó el proyecto desde sus comienzos.
El legado cultural del Libertador
Actualmente, la biblioteca funciona en la avenida San Martín 1843, junto a la histórica Alameda de la capital mendocina. Su patrimonio incluye decenas de miles de ejemplares, materiales para niños y jóvenes, publicaciones de autores locales, hemerotecas, obras en idiomas extranjeros y una colección bibliográfica con piezas de los siglos XVI al XIX.
Más de dos siglos después de su inauguración, sus salas continúan recibiendo lectores y desarrollando actividades educativas.
La historia demuestra que San Martín no solo organizó ejércitos y liberó territorios. También comprendió que una nación independiente necesitaba escuelas, lectores y bibliotecas capaces de custodiar las ideas del futuro.




















