
Frente al océano Atlántico, entre el Boulevard Marítimo y el sector de Las Toscas, una construcción centenaria conserva parte de la memoria de Mar del Plata. Se trata de la Escalera Imperial, una obra proyectada a comienzos del siglo XX por el reconocido paisajista francés Carlos Thays.
La estructura formaba parte del antiguo Paseo General Paz, considerado el primer gran paseo costero marplatense. Aunque aquel espacio desapareció casi por completo durante las transformaciones urbanas de la década de 1930, la escalinata logró sobrevivir.
Ciento veintidós años después de su inauguración, fue restaurada y reinaugurada en octubre de 2025, recuperando numerosos elementos arquitectónicos y ornamentales de su diseño original.
El origen de la Escalera Imperial: el proyecto de Carlos Thays en 1903
La historia comenzó en 1903, cuando Carlos Thays diseñó un ambicioso paseo frente al mar. El proyecto buscaba acompañar el crecimiento de Mar del Plata como destino turístico y convertir su costa en un escenario monumental.
El Paseo General Paz se extendía aproximadamente desde la actual avenida Luro y el Boulevard Marítimo hasta el Torreón del Monje. Contaba con jardines de inspiración francesa, caminos sinuosos, lagos atravesados por puentes, esculturas de mármol de Carrara y mobiliario importado de Europa.

En ese paisaje, la Escalera Imperial cumplía una función práctica y estética: conectaba el paseo elevado con la playa. La estructura descendía desde el Boulevard hasta un descanso central y luego se abría en dos grandes brazos que se aproximaban a la arena.
La obra nació durante la denominada Belle Époque marplatense, cuando la ciudad comenzaba a consolidarse como el destino de veraneo preferido por las familias más adineradas del país.
El rescate del último vestigio del primer paseo costero
El paso del tiempo, la humedad, el viento y la exposición permanente al ambiente marítimo deterioraron seriamente la construcción. Habían desaparecido pasamanos, balaustres y copones, mientras que los escalones, pilares y descansos necesitaban una intervención profunda.
La recuperación demandó cerca de tres años de trabajo e incluyó una investigación basada en documentos, fotografías antiguas y bocetos originales de Thays.

A partir de esos registros, los especialistas pudieron reconstruir 90 metros de pasamanos, 275 balaustres y 24 copones. También se recuperaron peldaños, muretes, pilares, descansos y revestimientos de piedra.
Además, se instalaron 15 farolas ornamentales, 13 simples y dos con doble luminaria, para devolverle al conjunto parte de su apariencia original.
Uno de los elementos más valiosos es un copón de hierro fundido de la prestigiosa fundición francesa Val D’Osne. La pieza había llegado a Mar del Plata en 1909 por pedido del propio Thays y fue colocada nuevamente sobre un pedestal de piedra martelinada.
El valor histórico del primer paseo costero de Mar del Plata
La importancia de la Escalera Imperial radica en que es el último testimonio material del Paseo General Paz. El resto del complejo desapareció cuando la ciudad inició una nueva etapa de modernización.
En 1938, el paseo comenzó a ceder su espacio ante el proyecto de la Rambla Bristol, diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo. La construcción del Casino y de los nuevos edificios frente al mar modificó completamente la fisonomía de la costa.

Las esculturas, luminarias y piezas ornamentales fueron retiradas. Los jardines y la antigua rambla terminaron desmantelados, pero la Escalera Imperial permaneció en pie como una sobreviviente de aquella ciudad perdida.
Conservarla permite imaginar cómo era la costa antes de la aparición de las grandes torres, el tránsito intenso y los modernos complejos turísticos.
La huella de Carlos Thays en el diseño urbano marplatense
Carlos Thays dejó una marca profunda en los espacios verdes argentinos. En Mar del Plata consiguió integrar naturaleza, arquitectura y paisaje marítimo cuando la ciudad todavía estaba construyendo su identidad turística.
La Escalera Imperial era una pieza central de su proyecto: funcionaba como una transición entre los jardines y el mar, al mismo tiempo que ofrecía una vista privilegiada del horizonte.

Su restauración permitió recuperar mucho más que una construcción. Cada escalón, farola y balaustre reconstruido conecta a la Mar del Plata actual con aquella ciudad elegante y monumental de 1903.
Después de sobrevivir a demoliciones, cambios urbanísticos y más de un siglo frente al Atlántico, el último vestigio del primer paseo costero marplatense volvió a ocupar un lugar destacado en el paisaje de la ciudad.



















