
Antes de convertirse en uno de los grandes polos culturales y gastronómicos porteños, Chacarita fue una extensa zona de chacras, cultivos y casas de descanso. Su historia comenzó a tomar forma hace más de cuatro siglos y todavía permanece escondida detrás de sus calles, pasajes y construcciones.
Ahora, 418 años después de la delimitación de aquellas tierras, vecinos, artistas, comerciantes y espacios independientes se preparan para abrir nuevamente el barrio al público. El sábado 14 de noviembre se realizará la segunda edición de “Te Conozco Chacarita”, un festival autogestivo e histórico que propone descubrir la identidad local mediante visitas guiadas, propuestas culturales, diseño, recreación, música y gastronomía.
En 1608 comenzó a escribirse la historia de Chacarita
El nombre del barrio proviene del diminutivo de “chácara” o “chacra”, una palabra de origen quechua asociada con una granja, quinta o tierra destinada al cultivo.
Un momento decisivo ocurrió en diciembre de 1608, cuando, durante el gobierno de Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, se completó una mensura de la ciudad y se delimitaron terrenos que serían entregados a la Compañía de Jesús.

Esas tierras recibieron primero el nombre de “Chacarita de los Padres” y luego fueron conocidas como la “Chacarita de los Colegiales”, porque allí pasaban sus vacaciones los estudiantes del Colegio San Ignacio.
De las antiguas quintas a un barrio marcado por la fiebre amarilla
La historia del lugar cambió dramáticamente en 1871, cuando la epidemia de fiebre amarilla golpeó Buenos Aires. La enorme cantidad de víctimas desbordó los cementerios existentes y obligó a las autoridades a buscar un nuevo espacio para las inhumaciones.
El primer enterratorio de Chacarita fue instalado en terrenos donde actualmente se encuentra el Parque Los Andes. Para trasladar los ataúdes se utilizó incluso un servicio conocido como tranvía fúnebre, que conectaba distintos puntos de la ciudad con el cementerio.

Con el tiempo se creó el cementerio definitivo. Actualmente, el Cementerio de la Chacarita ocupa alrededor de 95 hectáreas y es el más grande de la ciudad. Allí descansan figuras centrales de la cultura popular argentina, como Carlos Gardel, Osvaldo Pugliese y Aníbal Troilo.
Sin embargo, reducir la identidad de Chacarita únicamente a su cementerio sería ignorar buena parte de su transformación. La llegada del ferrocarril, el desarrollo de talleres, las viviendas obreras y la apertura de comercios construyeron un barrio con personalidad propia.
Un festival para mirar Chacarita con otros ojos
En los últimos años, antiguas casas, depósitos y talleres se convirtieron en galerías, estudios de diseño, espacios teatrales, restaurantes y centros culturales. Esa convivencia entre memoria y renovación constituye uno de los ejes centrales de “Te Conozco Chacarita”.
La segunda edición del festival propone que el público organice su propio itinerario mediante un mapa de actividades. La programación contempla historia, arte, cultura, diseño, decoración, recreación, música y gastronomía, distribuidas en diferentes horarios y ubicaciones. Algunas propuestas requieren inscripción previa.

La modalidad descentralizada permite recorrer el barrio sin seguir un único camino. Cada visitante puede construir su propia experiencia, detenerse en una visita histórica, conocer un proyecto artístico, asistir a una presentación musical o descubrir un rincón gastronómico.
Chacarita vuelve a convertir sus calles en un punto de encuentro
La propuesta recupera otra forma de vivir Buenos Aires: caminar sin apuro, conversar con quienes habitan el barrio y observar edificios que suelen pasar inadvertidos.

Detrás de cada fachada puede esconderse una historia. Algunas remiten a las quintas de los jesuitas; otras, al crecimiento ferroviario y obrero. También están aquellas que reflejan la renovación cultural que transformó a Chacarita en uno de los centros creativos más dinámicos de la ciudad.
Más de cuatro siglos después de aquella mensura de 1608, el barrio vuelve a abrir sus puertas. Esta vez no como una chacra alejada de Buenos Aires, sino como un territorio donde el pasado, la cultura independiente y la vida cotidiana conviven en las mismas calles.




















