
En enero de 1817, miles de hombres comenzaron a internarse en la Cordillera de los Andes con una misión imposible. Debían avanzar entre desfiladeros, recorrer senderos estrechos y transportar armas, alimentos y animales a más de 4.000 metros. Al frente estaba José de San Martín, decidido a liberar Chile y continuar hacia Perú.
El grueso del Ejército de los Andes tomó el Paso de Los Patos, una ruta cordillerana situada en el departamento de Calingasta, San Juan. Del otro lado de la frontera, el camino conducía hacia Putaendo, en territorio chileno.
Doscientos nueve años después, el paisaje conserva su apariencia salvaje. Predominan montañas, ríos y faldeos pedregosos que pusieron a prueba a los soldados.
Por qué San Martín eligió el Paso de Los Patos
San Martín diseñó un plan para confundir a las autoridades realistas y obligarlas a dividir sus tropas. Dispuso el avance simultáneo de columnas por Los Patos, Uspallata, Come Caballos, Guana, Portillo y Planchón.
Las dos fuerzas principales marcharon por Los Patos y Uspallata. Mientras Juan Gregorio de Las Heras condujo hombres y artillería por la segunda ruta, San Martín encabezó el cuerpo principal por San Juan, acompañado por Bernardo O’Higgins, Miguel Estanislao Soler y Mariano Necochea.

El trayecto permitía alcanzar el valle chileno del Aconcagua y avanzar hacia Santiago. Sin embargo, la columna debía superar cordones montañosos. Uno de los sectores más exigentes fue el Portezuelo del Espinacito, situado a unos 4.476 metros sobre el nivel del mar.
Miles de mulas, caballos y provisiones en la montaña
Las cifras reflejan la dimensión de la hazaña. El Ejército de los Andes inició la campaña con alrededor de 3.778 soldados, 120 barreteros, 25 baqueanos, 47 integrantes del cuerpo sanitario y 16 piezas de artillería. También contaba con 1.600 caballos y 9.281 mulas.
En el recorrido se encontraba la Estancia Manantiales, utilizada por su disponibilidad de forraje. La zona de El Leoncito también aportaba agua, ganado y vías de comunicación. Cada jornada exigía calcular las raciones de los hombres y el alimento de miles de animales sin perder velocidad.
A la falta de oxígeno se sumaban el frío, los fuertes vientos y la amplitud térmica. Durante el día, la radiación solar era intensa; por la noche, la temperatura descendía bruscamente.
La estrategia secreta que desconcertó a los realistas
San Martín acompañó la maniobra con la llamada guerra de zapa, una operación de espionaje, propaganda y desinformación destinada a confundir al gobernador realista Casimiro Marcó del Pont. Los rumores y el movimiento de tropas dificultaron la identificación del ataque principal.

La columna de Los Patos comenzó a movilizarse el 19 de enero de 1817. Tras avanzar por Jagüel, Yalguaraz y el río de Los Patos, cruzó el Espinacito y alcanzó el Paso de las Llaretas. Antes de entrar en San Felipe, los patriotas consiguieron triunfos en Achupallas y Las Coimas.
El objetivo era mayor que atravesar una frontera. San Martín buscaba liberar Chile y abrir una ruta marítima hacia Perú, núcleo del poder español en Sudamérica. La expedición formó parte de un proyecto continental que transformó las guerras de independencia.
Cómo es el Paso de Los Patos 209 años después
Actualmente, el Paso de Los Patos es un Lugar Histórico Nacional y uno de los escenarios más representativos de la Ruta Sanmartiniana. Expedicionarios y jinetes vuelven a esos senderos para comprender las dificultades afrontadas por el ejército libertador.
La travesía no es una excursión convencional. Requiere preparación física, guías especializados, caballos entrenados y una planificación para permanecer varios días en plena cordillera.

Recorrer el paisaje permite entender algo que los números apenas sugieren. En 1817 no había vehículos para evacuar heridos, comunicaciones modernas ni pronósticos precisos. Había hombres, animales, mapas incompletos y una estrategia diseñada hasta el último detalle.
Más de dos siglos después, el Paso de Los Patos continúa allí, silencioso y monumental. El mismo camino que puso a prueba al ejército de San Martín hoy permanece como una puerta hacia una de las mayores hazañas de la historia argentina.



















