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Abandonó la taquigrafía para dedicarse a la pastelería: creó hace 54 años el dulce secreto que conquistó La Plata y que todavía elaboran sus nietos

Mabel Velasco dejó la taquigrafía para trabajar en una confitería familiar y terminó creando los Imperialitos del Plata, el dulce secreto que se convirtió en un símbolo platense.

Imperialitos
Mabel Velasco creó los Imperialitos del Plata en 1972 Foto: Instagram @imperialitosdelplata
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Mabel Velasco dejó su trabajo como taquígrafa, dactilógrafa y bilingüe en un frigorífico de Berisso para acompañar a su esposo, Héctor “El Negro” Velasco, en una confitería familiar. Aquella decisión terminó vinculándola para siempre con los Imperialitos del Plata, un dulce nacido en 1972 que se transformó en uno de los sabores más reconocibles de la capital bonaerense.

La historia volvió a cobrar relevancia luego de que Mabel Velasco falleciera el 28 de octubre de 2026. La noticia generó tristeza y sus clientes la recordaron como “la señora de los imperialitos”. Para su familia fue la abuela Mabel: la mujer que convirtió una prueba de pastelería en un símbolo platense. Aunque su muerte cerró un capítulo fundamental, su legado permanece vivo en una receta secreta que atravesó tres generaciones.

Del frigorífico de Berisso a una confitería tradicional

Antes de crear el pequeño bocado de merengue, Mabel tenía una formación poco habitual para la época: dominaba taquigrafía, dactilografía e idiomas. Héctor, nacido en Berisso, había ingresado al mundo del pan cuando apenas tenía 14 años, trabajando como peón en un despacho. Allí aprendió el oficio, emprendió con un primo y finalmente quedó al frente de su propia panadería.

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El dulce de merengue se convirtió en un símbolo platense Foto: Instagram @imperialitosdelplata

La pareja se casó durante la década de 1950 y abrió primero un pequeño despacho de pan en Berisso. Más tarde se instaló en La Plata, en la confitería Hispano-Argentina, ubicada en 44 y 15. Era un comercio tradicional: ofrecía panes, facturas, tortas y masas finas, mientras la producción se realizaba en una cuadra con un horno de seis metros.

El experimento de 1972 que cambió el negocio

En 1972, Mabel y Héctor buscaron producir una versión individual de la torta imperial, un clásico argentino. Una modificación en la cocción generó el rasgo decisivo: un merengue liviano, frágil y capaz de deshacerse en la boca. Así aparecieron los imperialitos, inicialmente exhibidos como una variedad más entre las masas finas.

La fórmula combina dos tapas de merengue, una crema con base de dulce de leche, praliné de maní y azúcar impalpable. Sin embargo, las proporciones, los tiempos y el procedimiento completo nunca fueron revelados. La delicadeza del producto también condicionó su venta: debido a su fragilidad, comenzó a comercializarse en bandejas para evitar roturas.

De una masa fina al único producto del mostrador

En noviembre de 1982, el matrimonio se trasladó a 47 entre 11 y 12 y fundó la Confitería del Plata. Allí la demanda creció. Según recordó su nieto Facundo Velasco, por cada kilo de masas vendido, aproximadamente medio kilo correspondía a imperialitos, una señal contundente del lugar que habían ganado entre los clientes.

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La receta secreta ya atravesó tres generaciones Foto: Instagram @imperialitosdelplata

Hugo Velasco, hijo de los fundadores, se incorporó a la elaboración, aumentó el tamaño de las piezas y perfeccionó la fórmula sin abandonar su esencia. A comienzos de los años 2000, aquel dulce ya desplazaba al resto del catálogo. La familia tomó entonces una decisión arriesgada: dejar las tortas, facturas y demás masas para apostar por un negocio dedicado a un único producto.

El secreto familiar llegó a la tercera generación

En 2008 abrió el local de avenida 13, entre 34 y 35, ya bajo el nombre Imperialitos del Plata. Con el tiempo, los nietos Facundo, Juan Manuel y Germán Velasco se sumaron junto con su padre Hugo. La tercera generación profesionalizó y expandió el proyecto, pero conservó la preparación artesanal y la identidad heredada.

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Sus hijos y nietos continúan con el legado familiar Foto: Instagram @imperialitosdelplata

La marca abrió nuevos puntos en City Bell, Los Hornos y Diagonal 78 y 5. Cada establecimiento produce sus propios imperialitos, mientras el histórico local de avenida 13 mantiene su fisonomía original y la presencia de Hugo. Así, el crecimiento no eliminó el vínculo de la familia con el producto ni alteró el secreto transmitido entre generaciones.

Mabel falleció, pero dejó mucho más que una receta. Su historia demuestra cómo una prueba realizada en una confitería de barrio pudo convertirse en patrimonio afectivo de una ciudad. Hoy, los imperialitos acompañan meriendas, reuniones y viajes de quienes desean llevarse un sabor platense. Más de 54 años después, aquel experimento continúa vivo: inconfundible y protegido por el mismo secreto familiar que Mabel ayudó a construir.

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