
Con la llegada del verano y las altas temperaturas, las playas de Europa empezaron a llenarse de residentes y turistas que buscan aliviar el calor en las aguas del mar. Sin embargo, las alertas se encendieron en los últimos días debido a que el cambio climático está favoreciendo la proliferación de diferentes microorganismos marinos, entre los cuales aparecen los del género Vibrio, conocidos como “bacterias carnívoras” o “come carne”.
Conocidas por las graves infecciones que pueden llegar a causar en determinados casos, estas bacterias son habituales en aguas costeras salobres (que mezclan agua dulce y salada), especialmente con elevadas temperaturas y baja salinidad, condiciones cada vez más frecuentes en algunas costas europeas.
Si bien el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) indica que es normal que el riesgo de infecciones por Vibrio aumente durante los meses de verano, advierte también que podría incrementarse en el futuro, debido al progresivo calentamiento de las aguas marinas.
Existen numerosas especies de Vibrio, aunque entre las más relevantes se destacan Vibrio vulnificus, Vibrio parahaemolyticus, Vibrio spp. y determinadas variantes de Vibrio cholerae, algunas de las cuales fueron identificadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) como peligros biológicos con potencial para convertirse en amenazas emergentes en los próximos años.
En ese contexto, la Agencia Europea de Medio Ambiente indicó que, durante las últimas décadas, la temperatura superficial del mar en el Viejo Continente aumentó entre cuatro y siete veces más rápido que la media global. Este fenómeno se relaciona -según señalaron- con un incremento de las infecciones humanas asociadas a este tipo de bacterias.
Los síntomas de las infecciones por Vibrio, la “bacteria carnívora” que aterra a Europa
El ECDC señala que las personas pueden infectarse principalmente de dos formas:
- Mediante el consumo de mariscos o pescados crudos o poco cocinados.
- A través del contacto de una herida abierta con agua contaminada.
En ese contexto, el ente explica que los síntomas varían en función de la vía de infección: si el contagio se produce mediante la ingesta de alimentos contaminados, suelen aparecer diarrea, dolor abdominal, náuseas, vómitos, fiebre y escalofríos.
Por otro lado, la exposición a aguas con presencia de estas bacterias provoca infecciones de oído y, si entran en contacto con heridas abiertas, causa enrojecimiento, hinchazón y dolor en la zona afectada.
Además, si la infección no es tratada de manera adecuada, se pueden producir complicaciones graves, debido a que estas bacterias liberan toxinas que destruyen la piel, la grasa y el tejido muscular circundante. Es de ahí su popular denominación de “carnívoras”.

Según explicó la revista científica JAMA, las personas con mayor riesgo de desarrollar infecciones graves por Vibrio vulnificus son quienes padecen enfermedades hepáticas, cáncer, infección por VIH, diabetes o tratamientos que impliquen inmunosupresión.
¿La “bacteria carnívora” podría llegar a la Argentina?
Este tipo de bacteria podría estar presente en la Argentina, aunque eso no significa que hoy exista un riesgo comparable al de las zonas más cálidas de Estados Unidos o del Golfo de México.
Informes pasados del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) reportaron la detección de V. vulnificus en muestras de agua de la costa de la provincia de Buenos Aires, lo que indica que la bacteria puede estar presente en ambientes marinos locales. Además, un trabajo clínico publicado en Medicina señaló que no se habían comunicado casos de infección humana adquirida en el país por esta especie, pero sí mencionó su identificación en muestras asociadas al estuario del Río Negro.
Por otro lado, existe un antecedente regional importante: en Uruguay se registran casos desde 2001 y la Asociación Argentina de Microbiología recordó que hubo infecciones graves vinculadas a la exposición de heridas al agua salada. Incluso se describió un caso diagnosticado cuya infección había sido adquirida en la costa uruguaya del Río de la Plata.
En definitiva, es biológicamente posible y hay señales ambientales que vuelven plausible la aparición de la “bacteria carnívora” en Argentina, sobre todo en meses cálidos y en aguas salobres; pero por el momento no hay evidencia de una circulación amplia ni de casos humanos autóctonos reportados.













