
Tormentas devastadoras, ciudades inundadas y un descenso repentino de la temperatura convirtieron a “El día después de mañana” en una de las películas de catástrofes más recordadas. Más de dos décadas después de su estreno, científicos volvieron a analizar qué elementos de esa ficción podrían tener alguna base real y cuál sería el papel de El Niño.
La principal conclusión es que, si bien el planeta no podría congelarse de un día para otro como plantea la película, un cambio profundo en la circulación de las aguas del océano Atlántico sí podría provocar un enfriamiento regional prolongado, especialmente en sectores del hemisferio norte. El mecanismo estudiado se conoce como circulación meridional de retorno del Atlántico, o AMOC.
La corriente oceánica que inspiró una de las grandes catástrofes del cine
La AMOC es una extensa red de corrientes que transporta agua cálida desde los trópicos hacia el Atlántico Norte. En las profundidades, devuelve agua más fría y densa hacia el sur. Este movimiento influye en las temperaturas y en el régimen de lluvias de diferentes regiones.

Sybren Drijfhout, investigador vinculado con la Universidad de Southampton, analizó mediante modelos climáticos qué pasaría si ese sistema se detuviera abruptamente: las simulaciones muestran que algunas zonas del hemisferio norte podrían atravesar un enfriamiento capaz de compensar temporalmente parte del aumento de temperatura provocado por el calentamiento global.
El escenario, sin embargo, sería muy distinto al presentado en “El día después de mañana”. El cambio no ocurriría en unas pocas horas ni congelaría todo el planeta, sino que sus efectos podrían prolongarse entre 15 y 20 años y concentrarse principalmente alrededor del Atlántico Norte. Luego, el calentamiento global volvería a marcar la tendencia.
El Niño 2026-2027: por qué no provocaría un congelamiento global
El Niño es un fenómeno diferente. Se desarrolla cuando la superficie del Pacífico ecuatorial central y oriental alcanza temperaturas superiores a las habituales. Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica y puede alterar las lluvias, los vientos y las temperaturas en distintos continentes.
Si bien estos fenómenos forman parte del sistema climático, no son equivalentes. Un episodio intenso de El Niño puede favorecer inundaciones, profundizar sequías y aumentar la probabilidad de temperaturas extremas. No obstante, carece de capacidad para provocar por sí solo un enfriamiento global repentino.
La comparación con la película también reapareció después de registrarse una intensa actividad ciclónica en el hemisferio norte. El meteorólogo Matthew Cappucci encontró similitudes visuales con algunas escenas de la ficción, aunque aclaró que la formación de un supuesto “hiperhuracán” es extremadamente improbable.
El “hiperhuracán” que la ciencia considera casi imposible
Para que surgiera una tormenta de esa magnitud, el océano tendría que alcanzar temperaturas cercanas a los 50 °C. Ese valor se encuentra muy lejos de las condiciones actuales de las aguas tropicales, por lo que un fenómeno como el mostrado en la película resulta prácticamente imposible.
Esto no significa que El Niño no represente riesgos reales. El calentamiento del Pacífico puede intensificar las precipitaciones, favorecer crecidas e inundaciones o desplazar las lluvias, agravando sequías e incendios en otras regiones.
Cómo podría afectar El Niño a la Argentina
En la Argentina, el fenómeno suele asociarse con una mayor probabilidad de lluvias por encima de lo normal en el Litoral y el centro-este del país. Cuando las precipitaciones se repiten sobre suelos saturados, aumenta el riesgo de anegamientos, crecidas y daños en la infraestructura y la producción agropecuaria.
Los pronósticos estacionales, de todos modos, indican tendencias generales. No permiten anticipar tormentas específicas ni aseguran que todas las localidades sufran los mismos efectos. La ficción exagera la velocidad de estos procesos, pero los riesgos climáticos que estudia la ciencia son reales y requieren seguimiento.
















