
En Argentina, el fútbol nunca se juega solamente dentro de la cancha. También se juega en los bares, en las casas, en las sobremesas, en las promesas familiares y hasta en las cartas de los restaurantes. En plena fiebre mundialista, una histórica pizzería porteña volvió a demostrar que las cábalas forman parte de una identidad nacional tan fuerte como el grito de gol.
La protagonista es La Americana, una tradicional cadena de pizzerías de Buenos Aires que decidió retirar temporalmente de su menú la tarta gallega antes del partido de la Selección Argentina frente a España. La medida, lejos de ser una decisión gastronómica convencional, responde a una lógica profundamente argentina: si algo puede traer mala suerte, mejor evitarlo.
La historia no empezó ahora. Días antes del cruce con Inglaterra, el mismo local había quitado de la carta la sopa inglesa, uno de sus postres clásicos. Tras la victoria argentina, el plato volvió al mostrador. Ahora, con España en el horizonte, la elegida para salir de escena fue la tarta gallega, en una acción que rápidamente despertó comentarios, risas y complicidad entre los hinchas.
Una cábala con sabor porteño
La decisión de La Americana no puede entenderse sin mirar el vínculo entre la gastronomía y el fútbol argentino. En el país de las promesas, las camisetas repetidas, los sillones “de la suerte” y los rituales antes de cada partido, que una pizzería cambie su menú por la Selección no parece una excentricidad: parece casi una declaración cultural.

Según informó el local, la tarta gallega no se venderá hasta que termine el Mundial. La explicación fue simple y efectiva: “Las cábalas no se explican, se respetan”. La frase resume una parte esencial del ADN futbolero argentino, donde la superstición suele convivir con la pasión, la memoria y la esperanza colectiva.
El gesto también conecta con una tradición comercial muy porteña: los bares, cafés, pizzerías y bodegones no son solo lugares para comer. Son espacios donde se comentan partidos, se discuten formaciones, se celebran victorias y se lloran derrotas. En Buenos Aires, la mesa muchas veces funciona como una tribuna paralela.
La Americana, una pizzería con 90 años de historia
La Americana no es un local cualquiera. Su historia comenzó en 1935, cuando Buenos Aires todavía se movía al ritmo del tranvía, la iluminación eléctrica avanzaba por las calles y la inmigración transformaba la vida cotidiana de la ciudad. En sus orígenes, el comercio se presentaba como una casa de empanadas y con el tiempo incorporó pizzas, postres y otros platos que se volvieron parte de su identidad.
El local original está ubicado en Avenida Callao 83, a una cuadra del Congreso, una zona atravesada por oficinas, teatros, manifestaciones, estudiantes y turistas. Con los años, La Americana se convirtió en una parada clásica para quienes buscan pizza al molde, empanadas al horno y comida de mostrador con impronta porteña.
Además, fue reconocida como una de las Pizzerías Emblemáticas Porteñas, distinción impulsada por APYCE junto al Gobierno de la Ciudad para destacar locales con trayectoria, producción artesanal y uso de hornos tradicionales. La Americana integra la lista junto a nombres históricos como Güerrin, El Cuartito, Las Cuartetas, Banchero y La Mezzetta.
La pizza porteña, una historia de inmigrantes
La cábala de La Americana también permite volver sobre una historia mayor: la de la pizza en Buenos Aires. Este plato llegó de la mano de los inmigrantes italianos, especialmente genoveses, que se instalaron en barrios como La Boca a fines del siglo XIX. Allí, entre panaderías, conventillos y hornos comunitarios, la receta europea comenzó a transformarse en algo propio.
La pizza porteña se diferenció de la italiana por su masa más alta, su abundante muzzarella y su espíritu social. No era solo una comida rápida: era una excusa para reunirse. Con el tiempo, especialidades como la fugazzeta, la muzzarella al molde y la porción con fainá se convirtieron en símbolos de Buenos Aires.

En ese contexto, las pizzerías tradicionales fueron mucho más que comercios. Se transformaron en puntos de encuentro barrial, escenarios de citas, charlas políticas, salidas familiares y noches de teatro. Por eso, una decisión como sacar un plato de la carta por cábala no sorprende: forma parte de esa mezcla de humor, identidad y pertenencia que caracteriza a la cultura porteña.
La tarta gallega y la sopa inglesa: dos nombres con mucha historia
La elección de los platos no es casual. La sopa inglesa, aunque su nombre remite a Inglaterra, tiene una historia viajera. Se la vincula con la tradición italiana de la zuppa inglese, un postre de capas con bizcocho, crema y licores, inspirado en preparaciones británicas como el trifle. En Argentina, con el tiempo, se adaptó al gusto local y se volvió un clásico de bodegones y confiterías.
La tarta gallega, por su parte, remite a la tradición culinaria española y a la enorme influencia gallega en la Argentina. Durante décadas, la inmigración española dejó marcas profundas en la cocina local, desde empanadas y pescados hasta tartas saladas que se volvieron habituales en casas de comida y panaderías. En la versión argentina, suele asociarse a rellenos con atún, morrón, cebolla, huevo y una masa dorada.
Así, cada plato retirado funciona casi como un pequeño guiño histórico. No se trata solamente de no vender una comida: se trata de convertir el menú en una especie de tablero simbólico del Mundial.
Fútbol, comida y una Argentina que convierte todo en ritual
La movida de La Americana fue tomada con humor, pero también habla de algo más profundo. En Argentina, el fútbol tiene la capacidad de atravesar todos los espacios: la televisión, la calle, las escuelas, las oficinas y también las cocinas. Cada Mundial reactiva costumbres compartidas, frases repetidas y gestos que se heredan de generación en generación.
La cábala, en este caso, une tres elementos muy argentinos: la pasión por la Selección, la pizzería como institución porteña y la costumbre de creer que todo detalle puede influir en el resultado. Aunque nadie pueda probar que sacar una tarta de la carta ayude a ganar un partido, millones entienden perfectamente el sentido del gesto.
Y tal vez ahí esté la clave del fenómeno: no importa si la cábala funciona o no. Importa que se comparte. Importa que genera conversación. Importa que convierte una comida cotidiana en parte del clima mundialista.
Por ahora, los fanáticos de la tarta gallega deberán esperar. Si la historia se repite como ocurrió con la sopa inglesa, el plato volverá después del partido. Hasta entonces, en La Americana el menú también juega para la Argentina.











