
Jorge Messi falleció a los 68 años en Rosario, la ciudad donde nació, trabajó, formó una familia y acompañó desde las sombras el camino de Lionel Messi, el chico de barrio que terminó convertido en una leyenda mundial. Su muerte reavivó la memoria de los lugares que fueron clave en la historia familiar: La Bajada, Grandoli, Newell’s, la Escuela Las Heras y cada rincón rosarino donde empezó el sueño del 10 argentino.
Rosario despide a Jorge Messi, el hombre que protegió el sueño de Lionel
Rosario volvió a quedar en el centro de la historia de Lionel Messi, pero esta vez por una noticia cargada de dolor. Jorge Messi, padre y representante del capitán argentino, falleció a los 68 años en un sanatorio de la ciudad, luego de atravesar una dura enfermedad. Su figura fue mucho más que la de un padre famoso: fue el hombre que acompañó, cuidó y sostuvo desde las sombras el camino de un chico rosarino que terminó convertido en leyenda mundial.
Casado con Celia Cuccittini y padre de Rodrigo, Matías, Lionel y María Sol, Jorge fue durante décadas el sostén familiar y deportivo de Leo. Se recibió de técnico químico, trabajó en la metalúrgica Acindar y, cuando la carrera de su hijo empezó a exigir decisiones enormes, se transformó en su guía más firme. También fue quien empujó la búsqueda de una solución para el tratamiento hormonal que necesitaba Lionel cuando era chico, una situación que terminaría siendo decisiva para su llegada a Barcelona.
La Bajada, el barrio donde empezó todo para los Messi
Antes de los Balones de Oro, las finales imposibles y la Copa del Mundo, existió La Bajada, el barrio rosarino donde Lionel Messi creció junto a su familia. Allí estaban las calles, los vecinos, las tardes de pelota y ese mundo cotidiano que formó la identidad más profunda del 10. En esa zona sur de Rosario se encuentra la casa familiar donde Leo pasó buena parte de su infancia, un punto que con los años se convirtió en parada obligada para fanáticos de todo el mundo.

La Bajada hoy funciona como una especie de museo a cielo abierto. Sus paredes están cubiertas por murales, pintadas y homenajes que recuerdan al niño que salió de esas cuadras para conquistar el fútbol. Uno de los datos más impactantes es que el barrio llegó a reunir decenas de obras dedicadas a Messi, entre ellas intervenciones sobre la casa familiar y murales que retratan su vínculo con la Selección Argentina, Newell’s y Rosario.
La casa familiar, el primer refugio del sueño
La casa de la familia Messi no es solo una dirección dentro del mapa turístico rosarino. Es el primer refugio de una historia que empezó lejos de los flashes. Allí Jorge y Celia criaron a sus hijos, allí Lionel jugaba con sus hermanos y allí se fue moldeando una personalidad marcada por el bajo perfil, la familia y la pertenencia. Ese hogar representa una parte esencial del relato: el Messi futbolista nació en las canchas, pero el Messi persona se construyó en esas calles.

Con el paso del tiempo, el frente de la vivienda y sus alrededores fueron intervenidos con murales que transformaron el barrio en un santuario popular. Para los vecinos, no se trata únicamente de turismo: es memoria viva. Es el orgullo de haber visto crecer a “Leo”, el chico que, según recuerdan en la zona, pasaba horas pegándole a la pelota en portones, veredas y pasillos.
Grandoli, el club donde Lionel Messi jugó por primera vez
Si hay un lugar que explica el nacimiento futbolístico de Lionel Messi, ese sitio es el Club Abanderado Grandoli. Allí, siendo apenas un niño, Leo empezó a mostrar una habilidad fuera de lo común. La historia más repetida tiene como protagonista a su abuela Celia, quien habría insistido para que lo dejaran entrar a jugar un partido cuando faltaba un jugador. Ese gesto familiar, simple y decisivo, terminó formando parte del mito.

Grandoli también forma parte del mapa emocional de Jorge Messi. Como padre, fue testigo de esos primeros movimientos de Lionel con la pelota, mucho antes de que el mundo conociera su nombre. Allí no había contratos millonarios ni cámaras internacionales: había potrero, familia, barrio y una intuición cada vez más fuerte de que ese chico tenía algo distinto.
Newell’s, la camiseta que marcó la infancia de Leo
Después de Grandoli llegó Newell’s Old Boys, otro de los lugares fundamentales en la vida de Lionel y Jorge Messi. En las infantiles del club rosarino, Leo integró la recordada generación de la “Máquina del 87”, donde su talento empezó a llamar la atención de entrenadores, dirigentes y familias que veían en él a un jugador diferente. Según registros citados por medios nacionales, Messi fue inscripto en Newell’s el 30 de marzo de 1994 y en su etapa infantil acumuló cifras impactantes.
Para Jorge, Newell’s fue mucho más que un club. Fue el lugar donde comenzó una pelea silenciosa por el futuro de su hijo. Allí empezó también la búsqueda de respuestas para afrontar el tratamiento que Lionel necesitaba. Cuando las soluciones en Argentina no alcanzaron, Jorge tomó una de las decisiones más difíciles de su vida: mirar hacia Europa y apostar por Barcelona.
La Escuela Las Heras, el otro Messi
La Escuela N° 66 General Las Heras también ocupa un lugar importante en el recorrido por la infancia de Lionel Messi. Fue allí donde cursó parte de sus estudios primarios, a pocas cuadras de la casa familiar. Sus maestras lo recordaron como un chico tímido y tranquilo, aunque en los recreos aparecía esa transformación que todos después conocerían: con una pelota en los pies, Lionel dejaba de ser reservado y empezaba a destacarse.

Años más tarde, la Fundación Leo Messi impulsó un mural en el patio de la escuela, una obra que convirtió ese espacio cotidiano en otro punto de homenaje. La escuela no solo guarda recuerdos académicos: conserva la imagen de un niño que todavía no sabía hasta dónde iba a llegar, pero que ya encontraba en el fútbol su idioma más natural.
El Monumento, el Paraná y la ciudad que hizo eterno a su hijo
Rosario también homenajeó a Messi lejos del barrio, en espacios centrales como la zona del Monumento Nacional a la Bandera y la costanera sobre el río Paraná. Allí se levantaron murales de gran escala, entre ellos obras que retratan a Lionel con la camiseta argentina y que convirtieron su imagen en parte del paisaje urbano rosarino. Uno de los más reconocidos fue realizado a gran altura y se transformó en una postal para quienes llegan a la ciudad.
Ese contraste resume la historia: de las calles de La Bajada a los edificios gigantes frente al río. De Grandoli al mundo. De las decisiones silenciosas de Jorge a la consagración de Lionel. Rosario fue el punto de partida, pero también siguió siendo el lugar al que la familia Messi volvió una y otra vez para encontrarse con sus raíces.















