
Pese a que hace casi seis años abandonó el plano terrenal, Diego Armando Maradona sigue sorprendiendo. Fotos nunca antes vistas, anécdotas jamás contadas y otros tantos detalles siguen dándole vida al ídolo popular. Uno de los encargados de ampliar ese “archivo maradoneano” fue Fernando Signorini, quien recientemente publicó una serie de imágenes en las que se puede ver al Diez haciendo jueguitos nada menos que en la cubierta de un buque de guerra de la OTAN.
“La pelota iba con Diego a todas partes”, escribió el el histórico preparador físico y amigo de Maradona en su cuenta de Instagram, donde sacó a la luz material inédito del exfutbolista.
Las fotos inéditas de Maradona en un buque de la OTAN
Según explicó el “profe”, las fotografías fueron sacadas el 15 de noviembre de 1989. El relato explica que aquel día, Diego había sido “invitado por la jefatura de la OTAN, con sede en Nápoles, a visitar el acorazado USS Iowa, y tuve la suerte de acompañarlo”.
“Tuvo una recepción digna de un jefe de Estado”, comentó el preparador físico, quien contó que en un momento, le acercaron una pelota, y Maradona “no tuvo otra ocurrencia que hacer lo que hacía desde muy chiquito, en los entretiempos de los partidos de Argentinos Juniors: ponerse a hacer jueguitos”.

“En esa visita también estaba Angelo Rossi, un querido amigo periodista, por entonces de Il Mattino, el principal diario de Nápoles y del sur de Italia, a quien Diego había invitado. Eso le permitió a Angelo hacer una nota de color sobre aquella visita”, cierra el posteo de Signorini.
El vínculo entre Fernando Signorini y Diego Maradona
El vínculo entre Fernando Signorini y Diego Maradona fue mucho más profundo que una relación convencional entre preparador físico y futbolista. Se conocieron en Barcelona en 1983, cuando el jugador atravesaba una difícil etapa marcada primero por una hepatitis y luego por una grave lesión de tobillo. A partir de su recuperación, el “profe” se convirtió en su entrenador personal, una función prácticamente inédita en el fútbol de aquella época.
Signorini acompañó a Maradona durante momentos decisivos de su carrera, entre ellos los Mundiales de México 1986, Italia 1990 y Estados Unidos 1994, además de su extraordinaria etapa en Napoli.

Su trabajo no se limitaba a mejorar el rendimiento físico: también procuraba ayudarlo a controlar la ansiedad, soportar las presiones y conservar la libertad necesaria para desplegar su talento.
Para explicar esa convivencia, Signorini suele distinguir entre “Diego” y “Maradona”. Según su mirada, Diego era el muchacho sensible, intuitivo, afectuoso y espontáneo surgido de Villa Fiorito. Maradona, en cambio, representaba el personaje público, rodeado de fama, lujo, exigencias y una atención permanente que podía volverse destructiva.
Décadas después, sus recuerdos muestran cariño, admiración y dolor. Más que su preparador físico, fue un testigo privilegiado de las conquistas y fragilidades del ídolo argentino. Hoy, su testimonio permite comprender que detrás del atleta excepcional existía una persona que necesitaba compañía, límites y lealtad en los momentos más difíciles.

















