
¿Qué tienen en común Rafael Nadal, Frank Sinatra, Queen, Bon Jovi, Kiss, Chayanne, Bryan Adams, Shakira, Aerosmith y Justin Bieber con Juan Manuel Fangio, Diego Armando Maradona y los reyes de España Juan Carlos y Sofía? Pues todos ellos y muchos más durmieron en el Sheraton Buenos Aires Hotel & Convention Center a lo largo de los años. Un oasis urbano que nació hace 54 años.
Pionero en la hotelería de lujo en el país, se transformó en un símbolo de la escena urbana porteña con su edificio racionalista de 91 m de altura que dio inicio al conjunto Catalinas Norte en el barrio de Retiro. Su construcción comenzó en 1969, a cargo de los arquitectos Santiago Sánchez Elía, Federico Peralta Ramos y Alfredo Agostini, consagrándose como una de las obras más deslumbrantes de aquella época. Fue el primer rascacielos en levantarse en el complejo, anticipándose a las torres corporativas de la zona.

Como primer hotel de cadena internacional de lujo en llegar al país, hace gala de unas vistas impresionantes: desde sus ventanales se ve la Torre Monumental, las estaciones de ferrocarril Mitre y San Martín, y el Río de la Plata.
El edificio se compone de 24 pisos que albergan 740 habitaciones, incluyendo 33 suites, y sus instalaciones suman hoy dos piletas, un club de pádel con cuatro canchas, modernas oficinas de coworking, restaurante y bar con barra de tragos.
Los gloriosos 54 años de Sheraton Buenos Aires
Convertido en una referencia inevitable de la ciudad, el Sheraton se inauguró un 24 de agosto de 1972, y por sus puertas y sus habitaciones pasaron los personajes más entrañables e importantes de la historia argentina en esas décadas. Yendo hacia atrás, los memoriosos recuerdan que el primer huésped fue un alto ejecutivo de Ford Motor Company.

El edificio se levantó sobre los terrenos del antiguo Parque Japonés y originalmente lo llamaron Hostal Santa María de los Buenos Aires pero como el proyecto fue impulsado para captar el turismo de élite internacional, se concretó un acuerdo de operaciones con el holding internacional ITT Sheraton, que buscaba expandir su presencia en las capitales más importantes de Sudamérica.
Al comienzo tuvo una galería comercial en la planta baja y locales adyacentes, kioscos, una confitería, espacios de paseo peatonal con jardines y un auditorio con capacidad para 230 personas.

En el primer piso se ubicaron instalaciones de uso público: salón de convenciones, sala de proyecciones, restaurantes, bares, terraza y una pileta de natación al aire libre, montada sobre el basamento del edificio. En el segundo, salones de usos múltiples, salas de reuniones, de deportes y peluquería. En la azotea se proyectó un restaurante con una vista privilegiada del Río de la Plata, que terminó siendo el característico salón Atalaya. En total, sumaba 62.000 m² de superficie cubierta.
Con el paso del tiempo se le sumó al lado la torre del Park Tower, a Luxury Collection Hotel. Hoy es un establecimiento pet friendly, con un espacio de césped en la entrada para que los perritos hagan sus necesidades y áreas delimitadas en las que pueden estar.

La noche de bodas de Maradona y Frank Sinatra
Las anécdotas del personal sobre las celebridades que se alojaron en el Sheraton durante más de 50 años quedaron en los anales de su historia. Desde Frank Sinatra, quien estuvo allí en agosto de 1981 cuando vino a cantar al Luna Park contratado por Palito Ortega. Se alojó en la Suite Presidencial y Barbara Sinatra, la esposa, comentó sorprendida que la acústica del cuarto era tan perfecta que la voz de Frank se escuchaba de una manera única y celestial desde los pasillos mientras él ensayaba.
En este hotel pasaron su noche de bodas Diego Maradona y Claudia Villafañe luego de su multitudinario casamiento (en el Luna Park en 1989). Diego no realizó ninguna exigencia extravagante, simplemente, en la intimidad de la habitación pidió sándwiches de lomito y champagne para compartir junto a su flamante esposa y sus familiares más cercanos.

Quizás la más llamativa anécdota, y también muy mencionada por el personal del hotel, fue el pedido de Luciano Pavarotti. El célebre tenor italiano era un apasionado de la alta cocina de su tierra natal. Para garantizar su comodidad absoluta y cumplir con sus estrictas costumbres gastronómicas, el hotel mandó a construir una cocina completa dentro de la suite para que él pudiera preparar platos de pasta sin necesidad de depender del room service.
En el lado opuesto, cuando Bill Clinton estuvo en visita oficial en el país en 1997, las exigencias de seguridad de la Casa Blanca fueron extremas: el servicio secreto ordenó desarmar por completo dos habitaciones contiguas a la que ocupó el mandatario, para montar allí una central de comunicaciones blindada y ultra secreta que conectaba de forma directa y encriptada el despacho del mandatario en Washington con el teléfono de su suite en Retiro.

Y nadie va a olvidar a las fans de Ricky Martin, que requirieron de la instalación de barricadas porque ellas rodearon por completo el edificio. Para ordenar el caos y evitar que la multitud invadiera las áreas privadas, el histórico mayordomo del hotel, Roberto Otálora, organizó un operativo especial. Colocaron vallas de contención en los pasillos y el artista pasó largas horas firmando autógrafos individualmente a 954 personas en una fila perfectamente ordenada.


















