
El fútbol argentino está viviendo su peor momento, entre el escándalo continuo y la decadencia de sus torneos, el deporte nacional está perdiendo interés y credibilidad.
La selección es campeona del mundo, produce los mejores futbolistas del planeta pero puertas adentro lo que sucede es todo lo contrario y a la vista de todos.
Reglamentos que cambian sobre la marcha, una Primera División con 30 equipos, 8 campeones al año, violencia, provocaciones y las denuncias cada fin de semana de falta de transparencia y “robos arbitrales”.
Este combo explosivo hace que la vidriera que significa el fútbol argentino quede deslucida.
El último lamentable y escandaloso capítulo y que se vio en el mundo entero fue la final de la Supercopa Internacional entre Rosario Central y Estudiantes de La Plata que ganó el Canalla por 3 a 1.
Pero el resultado quedó en segundo plano por el desastroso arbitraje de Darío Herrera que claramente perjudicó al equipo platense en varias ocasiones del partido. El penal dudoso cobrado a favor de Central que terminó en el 2 a 1 para el equipo fue el inicio de la catástrofe, luego hubo una tremenda patada que era para segunda tarjeta y expulsión para el jugador Ibarra del conjunto de Di María.

Pero esto no es todo, hubo dos claros penales a favor de Estudiantes de La Plata y que tanto Herrera como el VAR decidieron mirar para otro lado y no cobrarlo: el primero fue una mano clara del defensor centralista dentro del área que reclamó todo el equipo platense y que no fue ni siquiera puesta en consideración. El último fue un evidente foul a un jugador del Pincha dentro del área que tampoco fue tenido en cuenta por los árbitros.
Al final del encuentro y tras el 3 a 1 decretados los jugadores, enardecidos por lo que denunciaron como “robo” se agarraron a las trompadas en pleno campo de juego, con corridas patadas y piñas.
Pero no todo terminó allí, la reacción de la dirigencia de Estudiantes comandados por Juan Sebastián Verón ingresó a la cancha para insultar y amenazar a los árbitros a gritos de “son unos ladrones… los vamos a matar a todos”.

Y a la violencia, la respuesta es más violencia: Rosario Central festejó el título en el monumento a la bandera y los jugadores, en otro escándalo más, mostraron un ataúd con el nombre de Verón y de Estudiantes de La Plata. Una respuesta estremecedora abalada por los futbolistas y dirigentes rosarinos que parece estar buscando “muertos” dentro del fútbol.
Esta historia entre Estudiantes y Central se remonta a noviembre del 2025 cuando la AFA de manera unilateral e insólita decidió crear un título de “Campeón de Liga” para premiar al equipo de Di María en un escritorio.
Esta decisión generó una fuerte polémica que tomó como bandera contra la AFA, Juan Sebastián Verón y que se coronó con el pasillo de espaldas contra Rosario Central.

Esta historia promete nuevos capítulos y episodios de violencia.
Pero Estudiantes no es el único equipo que levanta su voz contra la AFA, cuestionando los “robos arbitrales” y también los desmanejos y desprolijidades que que se viven cada semana en el torneo local.
River y Rancing, entre otros tantos equipos rechazan duramente la dirección de “Chiqui” Tapia y su lugarteniente Pablo Toviggino.

La competencia del fútbol argentino es cada vez más triste y cuando los equipos locales “salen” fronteras afuera del país se nota que no están de igual a igual con los equipos brasileños por ejemplo; la clara señal es que los últimos siete campeones de la Copa Libertadores son de Brasil.
Pero no todo termina en lo estrictamente futbolístico, también están los problemas judiciales que afrontan los que manejan la AFA.
Tanto su Presidente Claudio “Chiqui” Tapia, como su hombre más cercano, Pablo Toviggino, están procesados por la Justicia. Algo que aún queda por resolverse.
El extraordinario nivel de la selección Argentina no puede ni debe tapar los escándalos de nuestro fútbol local, los “robos arbitrales”, los desmanejos y la violencia.
El mundo mira el torneo argentino y lo mira con espanto, por lo que pasa adentro y fuera del campo. Es necesario frenar con esta decadencia que está “matando” al fútbol. No se necesitan más campeones, se necesitan reglas claras y transparencia para recuperar la credibilidad perdida.















