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El último capítulo de House of the Dragon no da respiro y confirma que la guerra recién empieza

Una función especial en Buenos Aires permitió vivir el cierre de la tercera temporada de House of the Dragon de una manera distinta: en pantalla grande y sonido envolvente.

House of the Dragon.
House of the Dragon. Foto: HBO Max.
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Hay finales de series que se miran en casa, entre pausas, celulares y distracciones. Y hay otros que piden otra escala. El cierre de la tercera temporada de House of the Dragon fue uno de esos capítulos que, al menos por un rato, se sintió pensado para una pantalla enorme.

La posibilidad de ver el episodio en una sala premium de Cinemark, por invitación de HBO Max, sin duda potencia la experiencia: no solo por el tamaño de la pantalla o la calidad del sonido, sino por la sensación de compartir uno de los momentos más esperados de la temporada con otros espectadores.

Una serie que vuelve a pedir atención

Después de una segunda temporada que había dejado a buena parte de los espectadores esperando respuestas y con una sensación de pausa demasiado prolongada, la tercera entrega llegó con otra energía. La crítica también recibió mejor al nuevo capítulo de la historia de los Targaryen, destacando especialmente su escala, sus actuaciones y el mayor peso de la acción.

Pero hay algo que House of the Dragon sigue haciendo especialmente bien: obligar al espectador a mirar más allá de lo que sucede en pantalla. Cada gesto, cada silencio y cada conversación parecen tener un peso propio. Y eso se potencia cuando no existe la posibilidad de distraerse con otra cosa.

En una sala de cine, además, los dragones, la música y la fotografía adquieren otra dimensión. La banda sonora de Ramin Djawadi, uno de los elementos que mejor acompaña la tensión de la serie, gana una presencia completamente distinta cuando el sonido envuelve toda la sala.

El último capítulo funciona mejor sin saber demasiado

Hablar del episodio final sin spoilers es complicado, pero también permite hacer una valoración más interesante: House of the Dragon entiende que el impacto de una escena no depende únicamente de la sorpresa.

La tercera temporada fue construyendo durante sus ocho episodios un escenario cada vez más tenso y el cierre recoge buena parte de esa sensación. Hay momentos que buscan el espectáculo, otros que apuestan por los personajes y varios que dejan claro que la historia todavía tiene mucho camino por recorrer.

Personalmente, lo más interesante no fue solamente aquello que ocurre durante el capítulo, sino la sensación que deja cuando aparecen los créditos. Es uno de esos finales que no necesariamente buscan cerrar todas las puertas. Algunas, de hecho, parecen quedar abiertas deliberadamente.

Y ahí aparece una de las grandes virtudes de la serie: conseguir que el espectador termine pensando más en lo que viene que en lo que acaba de ver.

Una experiencia que gana en pantalla grande

Ver House of the Dragon en una sala premium cambia inevitablemente la percepción. Las batallas, los dragones y los grandes escenarios tienen una escala que difícilmente puede reproducirse de la misma manera en un televisor, incluso con un buen equipo.

Pero el verdadero diferencial estuvo en la reacción colectiva. Un silencio antes de una escena importante, alguna risa inesperada y esa atención absoluta que aparece cuando todos saben que están viendo el último capítulo de una temporada.

Sin revelar absolutamente nada de la trama, el balance es positivo. La tercera temporada consiguió recuperar parte de la espectacularidad que muchos espectadores esperaban del universo de Game of Thrones, aunque también mantuvo algunas de las discusiones que acompañaron a la serie desde sus primeras temporadas.

El final no busca simplemente decir “esto terminó”. Más bien funciona como una señal de que la historia entra en otra etapa. Y quizás esa sea la mejor manera de despedir una temporada: dejando ganas de volver a Poniente, pero sin necesidad de explicar demasiado.

Después de verlo en pantalla grande, queda una conclusión sencilla: House of the Dragon sigue siendo una serie que merece ser vista con tiempo, atención y, cuando sea posible, con el volumen lo suficientemente alto.

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