
La Fuerza Aérea Argentina reforzó su estrategia de vigilancia del espacio aéreo con un sistema de radares, protocolos de interceptación y la incorporación de los nuevos aviones de combate F-16, en el marco del proceso de modernización impulsado por el Ministerio de Defensa. El brigadier general Gustavo Valverde, jefe de la fuerza, explicó cómo funciona el control de los cielos argentinos, el trabajo coordinado con otras áreas del Estado y los desafíos que implica combatir el ingreso de aeronaves irregulares.

En una entrevista con Infobae, Valverde aclaró que la misión principal de la Fuerza Aérea no es perseguir el narcotráfico, sino garantizar la defensa del espacio aéreo nacional. En ese sentido, señaló que toda aeronave que ingresa al país sin cumplir con las normas establecidas es detectada e intervenida mediante un protocolo específico.
Cómo actúa la Fuerza Aérea ante vuelos no autorizados
El brigadier general explicó que el Comando Conjunto Aeroespacial, dependiente del Estado Mayor Conjunto, coordina las operaciones para identificar aeronaves sospechosas, interceptarlas y obligarlas a aterrizar o abandonar el espacio aéreo argentino.
Sin embargo, aclaró que no todos los vuelos interceptados están vinculados con actividades ilícitas. En muchos casos se trata de aeronaves civiles, como aviones fumigadores, o pilotos que presentaron fuera de término su plan de vuelo. Por eso, el análisis de inteligencia y el monitoreo permanente permiten diferenciar cada situación antes de actuar.
Una vez que la aeronave aterriza, la intervención queda en manos del Ministerio de Seguridad y de las fuerzas federales, responsables de realizar inspecciones, detenciones o secuestro de cargas cuando corresponde.
El sistema de radares que protege el espacio aéreo
La vigilancia aérea se apoya en una red de radares secundarios, utilizados para controlar el tránsito comercial, y radares primarios, destinados a la detección militar. Estos últimos están desplegados principalmente en el norte y el sur del país, zonas consideradas estratégicas.
Valverde destacó que el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial (SINVICA) ya completó una primera etapa y avanza con una segunda fase que contempla nuevas instalaciones en la provincia de Buenos Aires y la costa atlántica.
Además, explicó que la red fue diseñada con redundancia, de modo que si un radar entra en mantenimiento, otro puede cubrir la misma área. A esto se suma el despliegue de radares móviles para reforzar sectores considerados vulnerables y evitar que organizaciones criminales aprovechen eventuales puntos ciegos.
Los F-16, pieza clave de la modernización
La incorporación de los F-16 representa uno de los proyectos más importantes para la modernización de la Fuerza Aérea Argentina. Los primeros seis cazas llegaron a fines del año pasado y está previsto que otras seis unidades se incorporen próximamente.
Según Valverde, estas aeronaves mejoran significativamente la capacidad para interceptar tanto vuelos de baja velocidad como aviones de altas prestaciones. También remarcó que el programa cuenta con financiamiento para garantizar su operación y mantenimiento.

La preparación de los pilotos demanda un proceso de varios años. Además de acumular experiencia de vuelo, deben superar exigentes evaluaciones físicas, incluida la prueba en cámara centrífuga que simula aceleraciones de hasta nueve veces la fuerza de gravedad, requisito indispensable para operar el F-16.
El entrenamiento combina instrucción en Argentina y en el exterior, mientras la Fuerza Aérea continúa fortaleciendo sus capacidades tecnológicas y operativas para garantizar la vigilancia permanente del espacio aéreo y responder con mayor eficacia a los desafíos de la seguridad nacional.



















